De la mar y los barcos


Un barco poco conocido: “Hierro”, último eslabón de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A comienzos de 1929, Emilio Ley Arata, jefe de la Casa Elder en Canarias y director de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, y Juan March, siguiendo las indicaciones del Gobierno, negociaron el traspaso de la concesión de los servicios marítimos adjudicados a ésta a favor de Compañía Trasmediterránea.

En el mes de junio del citado año se resolvió definitivamente la absorción de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, pasando a manos de Trasmediterránea todas las posesiones e instalaciones que tenía la citada compañía en cada uno de los puertos canarios y en la vecina costa africana, así como la flota y el personal.

En aquel momento, la flota estaba compuesta por siete “correíllos negros”, tres grandes y cuatro pequeños o “playeros”, que navegaban con los nombres de La Palma, León y Castillo y Viera y Clavijo; y Lanzarote, Fuerteventura, Gomera e Hierro. Precisamente, la adquisición de éste último había hecho posible que el vapor Gomera-Hierro pasara a llamarse sólo Gomera.

El vapor "Hierro", en Las Palmas, su puerto de matrícula

El vapor "Hierro", visto de proa, en el puerto de La Luz

Construcción número 22 de los astilleros Danziger Werft, en la histórica “ciudad libre” de Danzig, cuando pertenecía a la recién reconstruida nación de Polonia, fue construido por encargo de la compañía naviera yugoslava Boka Brod Co., con sede en Kotor. Resbaló por la grada mayo de 1922 bautizado con el nombre de Vojvodina y entró en servicio en el mes de julio de ese mismo año.

Era un buque de casco de acero y dos cubiertas, con un registro de 573 toneladas brutas y 322 netas y medía 46,97 metros de eslora entre perpendiculares, 7,38 de manga, 5,30 de puntal y 3,30 de calado máximo. Estaba propulsado por una máquina de vapor de triple expansión, de 50 caballos nominales, fabricada en el mismo astillero constructor y alcanzaba, con buen tiempo, 10 nudos de velocidad. Disponía de alojamiento para 60 pasajeros, repartidos en las tres clases tradicionales.

Por espacio de poco más de seis años, el vapor Vojvodina navegó en las líneas asignadas en el Adriático y el 15 de junio de 1929 fue adquirido por la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios en 360.000 pesetas, siendo abanderado y matriculado en Las Palmas con el nombre de Hierro y señal distintiva EARO. A poco de su incorporación, el citado buque pasó a la contraseña de Compañía Trasmediterránea y el valor de tasación se fijó en 509.770,38 pesetas.

Sin embargo, poco tiempo estuvo este barco en las líneas interinsulares, de ahí que sea poco conocido. La profunda crisis de fletes de los primeros años de la década de los treinta obligó a las navieras españolas a paralizar una parte de sus flotas, razón por la cual el vapor Hierro quedó inmovilizado en el puerto de Mahón junto a sus compañeros de flota Atlante, Aragón, Generalife, Sagunto y Torras y Bages, situación en la que se encontraba cuando comenzó la guerra civil española.

Cuando acabó la guerra, el vapor Hierro se encontraba en estado lamentable, pues había sido alcanzado por los bombardeos de la aviación nacional y todo apuntaba a su desguace. Sin embargo, la falta de barcos que sufría España hizo que se reconsiderara la decisión tomada con el vapor Hierro y se procedió a remolcarlo hasta el puerto de Valencia, donde fue reparado provisionalmente.

El 28 de junio de 1941 fue vendido en 550.000 pesetas, en el estado en que se encontraba, a la naviera valenciana Sucesor Viuda de Enrique Illueca, siendo reconstruido y transformado en carguero y, con su nueva contraseña, de nuevo salió a navegar rebautizado con el nombre de José Illueca.

Bonita imagen del vapor "José Illueca", pintado con los colores de la neutralidad española durante la II Guerra Mundial

Aquellos eran tiempos difíciles, inmersos en la Segunda Guerra Mundial. El 25 de abril de 1944, el buque José Illueca fue atacado y hundido por la aviación aliada en aguas de Port-Vendrés, cuando transportaba un cargamento de naranjas procedentes de Valencia, con destino al citado puerto francés. De ese modo trágico llegó, para siempre, el final de este buque poco conocido en la historia de la Marina Mercante española.

Fotografías: Dr. José Miguel Juan Togores (archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo) y J.J. López Illueca (publicada en www.buques.org y www.trasmeships.es).

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