De la mar y los barcos


La blanca estela del velero “Galatea”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Muchas fueron las escalas del velero Galatea en el puerto palmero a lo largo de sus cuarenta años de servicio en la Armada española. Y desde el principio su relación fue de afecto y de amistad, de ahí que su memoria sea todavía recuerdo vivo en la historia de la ciudad marinera de Santa Cruz de La Palma.

Cuando la fragata Nautilus fue retirada del servicio, la Armada estudió con detalle el problema que planteaba la sustitución de un velero en funciones de buque-escuela. En 1921 fueron adquiridos, con cargo a la ley Miranda, los buques Clarastella y Augustella, dos antiguos veleros ingleses, por entonces italianos, que estaban en venta y se encontraban en aceptables condiciones de casco y aparejo.

Por R.O. de 8 de mayo de 1922 adoptaron los nombres de Galatea y Minerva. El primero fue dedicado a buque-escuela de marinería, aunque en algunos viajes llevó alumnos de la Escuela Naval, mientras que el segundo se destinó para las prácticas de los futuros oficiales, de acuerdo con lo dispuesto en una R.O. de 2 de junio de 1924, para lo que viajó a Cádiz, donde se procedió a su reacondicionamiento. Entre tanto, el buque-escuela Galatea fue recorrido en los astilleros de Monfalcone y zarpó rumbo a España, con escalas en Brindisi y Palermo, arribando a Cartagena el 14 de diciembre del citado año.

Decidida su continuidad como buque-escuela, primero tuvo el casco pintado de negro y más tarde de blanco esmalte. Entre las novedades de entonces hay que citar la instalación de una estación de TSH. Sólo el puente alto, a popa, deformaba su estampa marinera, un tanto maciza, de barco hecho para navegar en el duro tráfico del trigo australiano y del salitre chileno, en los que siempre tenía que doblar el temido Cabo de Hornos.

A popa, sobre los pescantes, llevaba dos bidones de gasolina -que conservó durante muchos años- dispuestos para arrojarlos al agua en caso de emergencia. Un publicista naval inglés, al referirse al velero transformado, los confundió con cargas de profundidad, pues en su descripción del buque le asignaba este tipo de defensa antisubmarina para el adiestramiento de los aprendices marineros.

En contra de otras opiniones que asignan su transformación en buque-escuela en los astilleros de Monfalcone y, otros en Ferrol, lo cierto fue que los trabajos se realizaron en la factoría de Echevarrieta y Larrínaga, en Cádiz, según contrato firmado el 30 de abril de 1923 y en ese mismo año pasó a tercera situación, siendo su primer comandante el capitán de fragata Ramón Martínez y del Moral, nombrado para dicho destino el 19 de octubre de 1922.

La puesta en servicio del Galatea permitió devolver a su condición netamente militar a los cruceros Cataluña y Reina Regente, que intervinieron en la guerra de Marruecos.

El 8 de julio de 1931, el Galatea se encontraba en el puerto de Santa Cruz de La Palma y su tripulación participó activamente en las labores de extinción del incendio de la sede de la sociedad La Investigadora, que por entonces estaba ubicada en el solar que después ocupó el Parador Nacional de Turismo.    

El 18 de julio de 1936, el Galatea -comandante, capitán de fragata Fausto Escrigas Cruz- se encontraba en alta mar rumbo a Santa Cruz de La Palma. Había salido de Ferrol el 10 de julio con 24 guardiamarinas y 150 cabos y marineros aprendices de la Escuela de Maniobra. “Tanto unos como otros -explica Ricardo Cerezo- constituyen lotes de hombres profesionales que significan un apetecible refuerzo humano para cualquiera de los dos bandos enfrentados desde el 17 de julio. Es por ello que desde el primer momento los jefes y oficiales afectos al Gobierno -en el Ministerio de Marina- y sus adversarios -en la base naval de Cádiz, donde el Juan Sebastián de Elcano actúa de estación de radio de los marinos sublevados- se esfuerzan, a través de la radio, en atraer a sus respectivas causas al Galatea”.

El personal de radio del Galatea conoció las vicisitudes del alzamiento militar a través de las emisiones de la Ciudad Lineal y de las otras unidades amotinadas contra sus mandos. Sin embargo, en este buque, lo mismo que en el caso del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano, la selección del personal, necesaria a causa de las condiciones impuestas por las características y la función docente, sirvió de tamiz para eliminar elementos extremistas y muy pocos profesaban ideas marxistas.

El día 22 de julio, el Galatea fondeó en el puerto de Santa Cruz de La Palma, aún no conquistada por los sublevados, negándose el comandante del buque a desembarcar una sección armada de marinería, solicitada por el subdelegado marítimo para afianzar la isla a favor del Gobierno. Poco después, el comandante Fausto Escrigas dio la orden de zarpar y el día 23 arribó a Santa Cruz de Tenerife, siendo recibido en el muelle por un despliegue de fuerzas del Ejército con su dotación de armas de campaña en previsión, por parte de los mandos militares de la Isla, de que el Galatea, como la mayor parte de los buques de la Armada, pudiera estar en manos de personal adverso al Alzamiento. Poco después de su arribada y en la misma línea de desconfianza, se retiraron del buque los cerrojos de fusil Máuser, los cierres de las ametralladoras y los cuatro cierres de los cañones instalados a bordo para rendir honores.

El buque-escuela "Galatea", fondeado en el puerto de Santa Cruz de La Palma

El buque-escuela Galatea permaneció en Santa Cruz de Tenerife hasta el 16 de agosto, cuando ya se deslindaron -política y geográficamente- los escenarios del conflicto. Entonces recibió orden de proceder a Ferrol, arrumbando al Noroeste, a donde llegó después de doce días de navegación a motor y burlando el bloqueo de que era objeto por parte del destructor Churruca, con base en Málaga, que tenía órdenes de su captura o hundimiento.

La derrota seguida por el Galatea fue bastante alejada de las costas portuguesas y españolas -navegó unas 700 millas a poniente- y recaló sobre la Estaca de Vares y desde aquí, navegando con toda clase de precauciones y en medio de una intensa niebla “que le vino como regalo de Dios”, arribó a Ferrol, en donde fue recibido con un gran entusiasmo y repique de campanas.

 Terminada la guerra civil española, el Galatea volvió a navegar, aunque en viajes cortos y en zonas muy restringidas, pues en septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial y a poco que se navegara al N o NW, corría el peligro de entrar en zona de guerra. El casco del buque pintó en sus amuras la bandera de España, símbolo de la neutralidad de nuestro país.

El 16 de mayo de 1943, Santa Cruz de La Palma hizo entrega de la medalla de oro de la ciudad al Galatea y su alcalde, Rafael de la Barreda Díaz, manifestó en aquella ocasión que “queremos, pues, honrarnos –dice la crónica de Diario de Avisos-, vinculándonos así en vosotros a la gloriosa Marina de Guerra española, con toda la admiración y todo el devoto cariño con que La Palma, diminuta peña del Atlántico, vive gozando como suyas vuestras grandezas y sintiendo vuestros reveses, queremos que nuestra medalla de oro sea a bordo de vuestro buque el vocero constante que nos recuerde, llevando siempre nuestros mejores saludos y hablándoles a viva voz de nuestros debidos afectos”.

A partir de 1946 aumentó el número de alumnos y los cruceros de instrucción se extendieron a las Islas Canarias, Azores, Madeira, Cabo Verde y Guinea Ecuatorial. Más tarde, su presencia se hizo internacional y visitó los puertos de Bremen, Amberes, Santa Marta, San Juan de Puerto Rico, Savannah, Nueva York, Bahía de Todos los Santos, Dakar, Liverpool, Dundalk, etcétera. El velero, además, participó en el rodaje de tres películas: Raza -en la que lo disfrazaron como el crucero Vizcaya, con un puente falso; Cruzada en la mar y Un día a bordo del Galatea.

Su último viaje lo rindió en Ferrol el 15 de diciembre de 1959, al mando del capitán de fragata Luis Arévalo Pelluz. Primero quedó amarrado en el Arsenal Militar y en 1961, causó baja en las Listas de la Armada y sesteó en las tranquilas aguas de Ferrol como pontón-escuela a flote amarrado en el muelle de la Estación Naval de La Graña.

Luego se suscitaron varios proyectos, como uno muy singular, de cortarlo en trozos y ensamblarlo en la Casa de Campo, en Madrid. En 1985 permanecía fondeado en La Graña y completamente desarbolado. Diversas ciudades españolas intentaron obtenerlo y sólo Barcelona logró una parte del mobiliario de la cámara. La realidad fue que, por iniciativa de la Liga Naval Española y, en especial, del almirante Ignacio Martel Viniegra, fue remolcado a Sevilla con la intención de rehabilitarlo como un aliciente más de la EXPO 92.

A remolque de los remolcadores Montgó y Punta Roca llegó hasta la capital del Guadalquivir y quedó amarrado frente a la factoría de Astilleros Españoles. Pasó el tiempo y el barco se convirtió en un estorbo para el puerto sevillano. En agosto de 1992 estaba medio hundido y con los signos de un incendio provocado por vagabundos que lo convirtieron en su precario hogar. Para apagar el fuego, los bomberos tuvieron que inundarlo de agua, y nadie se preocupó de que fuera achicada.

Después de dos subastas que fueron declaradas desiertas, el 31 de marzo de 1992 lo adquirió una institución marítima británica llamada Clyde Maritime Trust en ocho millones de pesetas. En junio de 1993 fue remolcado a Greenock (Escocia), donde comenzó una cuidada restauración y desde agosto de 1999 se encuentra expuesto en el muelle de Yorkhill Quay, en Glasgow, con su primitivo nombre de Glenlee, convertido en un importante atractivo histórico y turístico para las gentes amantes de la mar y los barcos. Sus cuadernas soportan más de cien años de historia marinera, así como un denso historial, en el que figuran, en sus primeros años de mar, cuatro vueltas al mundo y 15 navegaciones por el temido Cabo de Hornos.

Foto: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo


24 comentarios so far
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Preciosa la historia del “Galatea” y afortunadísimo el final que ha tenido. Una verdadera pena el ver cómo nos deshacemos de los barcos históricos y no saber aprovechar esa bonita lección de amor a la mar y a los barcos que nos dan los ingleses. Laureano.

Comentario por Laureano

Cierto, muy cierto, querido amigo. Confío en que cuando llegue el momento del embajador navegante “Juan Sebastián de Elcano” nos hayamos aprendido bien la lección y seamos capaces -Cádiz, Barcelona y Santa Cruz de Tenerife, que lo pidió oficialmente en tiempos del presidente del Caildo y hoy diputado, José Segura Clavell- para que no ocurra lo mismo que con el “Galatea”. Un abrazo,

Comentario por jcdl

Comparto plenamamente tus deseos sobre el final del Juan Sebastián Elcano pero, como tanto el buque como yo somos gaditanos, apuesto por que Cádiz sepa luchar por conseguirlo. La verdad es que los tres emplazamientos que has nombrado son merecedores de ese premio.

Un abrazo.

Comentario por Laureano

Yo estuve a bordo durante los años 1956 y 1957. Si alguien quiere me puede escribir a juan_perez52@yahoo.es.

Comentario por juan perez villares

Gran buque nuestro querido “Galatea”. Pasé parte de mi juventud en él como contramaestre. Me siento orgulloso y creo que fue un fracaso que lo perdiéramos, ya que este brickbarca le pega en línea marinera mil vueltas al “Juan Sebastián de Elcano”. Un saludo, Ángel (Cartagena).

Comentario por angel

Hola, embárcate con nosotros. Soy Arminio y he dejado un comentario al final

Comentario por Arminio

Es obligado dejar constancia de los esfuerzos que hizo el Almirante Martel para “salvar…” al Galatea. Varias visitas a la Moncloa no sirvieron de nada. Estimo que DESDE YA debería crearse una “Fundación de amigos del Elcano” para que llegado el triste momento de su retiro no se improvisaran soluciones.

Comentario por benito chereguini de tapia

Estoy totalmente de acuerdo. Conocí personalmente al almirante Ignacio Martel Viniegra y sus desvelos por conservar el “Galatea” -abandonado a la entrada del puerto de Sevilla- y no sirivieron de nada. Hemos de confiar, y actuar, para que con el “Juan Sebastián de Elcano” no pase lo mismo.

Comentario por jcdl

Hola a todos: Yo también estuve en el Galatea, pero no navegué en él; cuando entré en la Marina ya no navegaba y no puedo opinar qué tal marinero era, pero sí he navegado y bastante en el Juan Sebastián de Elcano de contramaestre y no creo que el Galatea fuese más marinero que él. Un saludo a todos, y especialmente a los contramaestres

Comentario por Duarry

De qué promoción eres. Un saludo de Arminio y embárcate con nosotros.

Comentario por Arminio

Hola a todos los cabos de maniobra y contramaestres, os invito a navegar en el Galatea, ya que actualmente navega de nuevo. Os doy la bienvenida en este enlace que añado al final del texto, agradeciendo de antemano al dueño de este blog, que tiene la sensibilidad de acordarse del viejo velero y dedicarle esta bonita página.
http://bitacora12.soy.es/

Comentario por Arminio

Creo que entre los comentaristas hay alguien de mi promoción en el Galatea (1 de septiembre de 1974). Afortunadamente hemos rescatado el Galatea de su amarre en Escocia y hemos hecho que navegue de nuevo. La dotación actual está compuesta por contramaestres que navegaron en los años 1955 y 1957 y los que no navegaron son del año 1974 y 1982.Hasta la fecha hemos confeccionado un libro de 200 páginas y 150 fotografías que está en período de publicación. Actualmente se está escribiendo una novela del buque. Os doy mi correo bitacora@ya.com

Comentario por Arminio

Era una tarde de primeros de septiembre de los setenta cuando procedentes de varios puntos de la geografía española, los aprendices y futuros contramaestres, pisamos tierra gallega. Nuestros comienzos en el cuartel de marinería de San Fernando (Cádiz), nos adentró en la férrea disciplina militar, para una vez asignada la especialidad ser destinados a las diferentes escuelas de especialistas, tras un merecido mes de descanso.

A pesar de los años transcurridos, me queda aún grabada la imborrable y nítida imagen tan entrañable, de un mítico Buque Escuela Galatea mecido por las verdes aguas del Atlántico.
En aquella tarde plomiza, oscura y lluviosa, nos daba la bienvenida tres mástiles cruzados y un bauprés, que a ras del espigón, enfilaba hacia la rampa de Mugardos. La bajamar obligaba a bajar el portalón, dado que el barco estaba más bajo que el pantalán del muelle.

Una sensación de cansancio e incertidumbre invadió lentamente todo mi cuerpo y por primera vez, bajo la incesante lluvia y el trinar de los silbatos gorgorear, adiviné el significado de esa mezcla de nostalgia que conduce a ese otro estadio más profundo que es la morriña.

A pesar de descansar en coyes de lona, picoteados por una fauna y envueltos en una manta de lana hasta las orejas, no pegamos ojo por culpa del repique que provenía de la sala de calderas y morada del fantasma. Por la mañana la sensación de desesperanza seguía rumiando en el interior de nuestras apesadumbradas mentes, o al menos de la mía.

Al alba, desayunamos chocolate con leche en polvo servido en gaveta, tres naranjas y galletas de la Factoría de Subsistencias… y tras formar para la revista de cubierta, bajamos al aula para la presentación del profesorado y resumen del contenido académico: Maniobra, Navegación, Meteorología, Nomenclatura del buque, Seguridad Interior,Señales por Scott, semáforo, banderas y gallardetes, Salvamento y Supervivencia, Reglamento para prevenir abordajes en la mar, Aprovisionamiento, Estiva de la Carga, Velamen , Nociones de construcción naval.

En la meridiana solar de la doce, el bricbarca Galatea estaba en todo su esplendor, hacía un sol radiante que iluminaba la Ría de Ferrol y la línea de flotación coincidiendo con la pleamar, emergía sobre el firme del muelle.

El espectáculo de ver dar el aparejo del trinquete, desplegando sus velas a los vientos de poniente, era tan grandioso e impactante, que para una persona que hasta entonces no conocía el mar, a excepción de lo bogado en las balleneras gaditanas de la isla de San Fernando, fue todo un flechazo.
La blancura radiante del casco y su esbelta y sinuosa figura, casi coqueta, la Nereida Galatea del mascarón de proa, traslucía reverberando sobre las aguas.

Y por aura, una arboladura de cruces alzadas a un cielo reflejado, me hizo sentir orgulloso de haber llegado a la base naval de La Graña y ser un miembro más de la tripulación de un viejo velero del siglo diecinueve.

En este entorno naval, se desarrolla un aprendizaje marinero a cuya vida se debe un poema, pues aún conservo el chiflo de maniobra y talismán que me hizo contramaestre y navegar por siete mares.
Conviví a bordo con “Largo” que había navegado en Elcano, con un hueso que daba Maniobra Teórica, con el contramaestre de cargo y su ayudante que enseñaba nudos, cajetas, piñas, gazas y costuras, revisando de uno en uno, lo que siempre mandaba hacer con las manos detrás.

Deseo hacer mención especial a los compañeros de promoción del Buque Escuela Galatea y no quiero extenderme más en la Leyenda del Galatea y una Colisión en el Mar sin Nombre,( obra publicada por Alberto Vera Meizoso ) sin antes agradecer al autor su inestimable colaboración que sirvió de germen a esta obra.

Comentario por Arminio

A principios del año 2010, y a través de Internet, quizás motivados por los recuerdos que quedaban ya muy atrás en el tiempo, un grupo de viejos marinos que buscaban sus orígenes como tales, se conocieron y emprendieron un constante intercambio de información sobre algo que los unía a todos.

Era algo que latía en lo más profundo de nuestros corazones lo que hizo que el punto de encuentro fuese el olvidado Galatea, aquel buque de tres palos que creo se dio a conocer a todos casi de la misma forma.

Para unos, los inicios a bordo fueron muy difíciles ya que el Galatea aún navegaba, como debe ser, como debería ser para cualquier buque, puesto que su destino es la mar y los viajes. Para otros, entre los que me incluyo, el primer contacto, aunque también desafiante y duro, fue algo más suave ya que el Galatea allá por los años setenta ya no navegaba y servía como pontón flotante allá en La Graña, donde se instruía a los futuros contramaestres.

De una manera u otra la vida vivida en el Galatea será contada en los siguientes capítulos por quienes la vivieron, a través de diversas anécdotas concernientes a la formación de los aprendices especialistas de maniobra de la Armada y sus pormenores; en las clases, en las navegaciones, en puerto y en muchas más variopintas situaciones que cada uno recuerda.

Para no dejar que el paso del tiempo se las lleve para siempre, acordamos realizar un blog al que pusimos el nombre de “Buque Escuela de Maniobra Galatea. El Galatea navega de nuevo”. En sus comentarios se van vertiendo como agua fresca y a raudales una gran cantidad de hechos vividos a bordo del buque.

Comentario por Arminio

Solamente una vez abordé el Galatea. No era grumete ni cadete, simplemente, les digo, que era un tierno visitante de 9 años de edad. Atracado en los muelles de la ciudad caribeña de Santa Marta, pero que por destimos absurdos depende de una fría capital de las montañas andinas, el Galatea llegó en el año 1957. De ese día tengo un recuerdo inolvidable.
Resulta que el capitán de la nave, por cortesía y buena voluntad, permitió entrada libre, o abordaje, al público en general. La gente subía y bajaba por su escala, como si fuesen hormigas, pues el entusiamo era muy grande, barcos de esos, como decía el común de la gente, no llegaban todos los días a una ciudad que tuvo el título de la bahía más bella de América.
Hoy, convertida en la cloaca marina, gracias a la corrupción imperante de sus gobernantes que no dan puntada sin billete de por medio. Bueno, ya se pueden imaginar esos entonces: bahía hermosa y nave con su velamen en azañosería imponente, sea orgullo de altura. Su tripulación de blanco vestida desde los remotos días de Alejandría y Bubastis, estaba muy cordial recibiendo a la multitud de visitantes.
Entré al pañol de los nudos. Allí estaban cuatro o cinco cadetes sentados como en unos baúles color caoba. En las cuadernas colgaban unas tablitas con su respectivo nudo. Para mi, era todo eso maravilla en dulce de leche y miel con chocolate derramado; pero, lo que más me quedó en la mente apenas en formación, fue que uno de los cadetes me dijo que saludara con respeto al futuro rey de España. Me lo señaló y quien, algo disgustado, pedía que dejaran la broma. Recuerdo su rostro y su expresión.
Años después, leyendo el periódico, ¡cuál fue mi sorpresa! entrevistaba un periodista colombiano al actual rey de España, éste le dijo que había visitado a la ciudad que fundara en 1525 don Rodrigo Galvan de la Bastidas a Santa Marta en 1957, cuando era un cadete de la Armada de España. Diez años despúes, ingresaba yo a la Escuela de Cadetes de Cartagena de Indias.

Comentario por David Escobar

Como autor de los blogs http://www.buquegalatea.blogspot.com y http://www.dejesuitaamilitar.blogspot.com, me adhiero a los compañeros que durante el curso inicial de cabo de maniobra y posteriormente de cabos primeros pisamos la cubierta del Galatea, y hoy lamentamos su ausencia.

Comentario por Jaume Matamala

El Galatea fue un buque emblemático, de la Armada de antaño, somos muchos los que la nostalgia la llevamos muy arraigada, ya que fue donde dimos nuestros primeros pasos navales, tenía una disciplina férrea, capeamos muchos temporales, pero a pesar de todo nos lo pasamos muy bien, y tenemos muy buenos recuerdos de aquel viejo velero, y de los compañeros de turno.

Comentario por Miguel Gómez

Hola a todos, hoy tenía el día nostálgico y andaba acordándome de mi abuelo, el tan querido (sobre todo por su familia!) Almirante Martel cuando he terminado leyendo este articulo. Le recuerdo siempre preocupadisimo con el Galatea e indignado con el mundo entero por dejar tan bello e importante velero destruirse arrrumbado y su rabia posterior cuando lo compraron los escoceses. Mi padre (también Ignacio Marte) intentó ayudarle en el último intento de rescate en Sevilla, pero desafortunadamente nada se logró. Como último consuelo llamamos a mi casa Galatea para que nunca nos olvidemos! Gracias por recordar!

Comentario por Teresa Martel

A LA ATENCION DEL SR. JAUME MATAMALA BLANCH.-

Buenas tardes. Leo hoy con suma atención, su artículo aparecido en el periódico gratuito “20 minutos” sobre su experiencia en el “Galatea”. He de decirle que yo también serví como Especialista en dicho buque (cuando ya era “buque-pontón”, amarrado frente al Arsenal de Ferrol), desde el verano de 1.965 hasta el verano de 1.966, habiendo llegado a ser Cabo Alumno de “Maniobra”. Obviamente, no fue tan desagradable la experiencia como en su época de navegación. Eso sí, bastante duro, al menos para una persona como yo que tenía entonces 17-18 años (ahora ya tengo 64) y viniendo como venía de simple estudiante en un colegio religioso de Barcelona, estando además en un ambiente radicalmente distinto. Al no haber superado el exámen para Cabo Especialista, me pasaron a la tripulación y finalmente, a Cartagena y después por fin, a la Comandancia Militar de Marina de Barcelona, donde finalicé mis tres años de compromiso con la Armada… (pero éso es ya otra historia).Unicamente, que guardo recuerdos agridulces de aquella etapa de mi adolescencia.

¡ Un fuerte abrazo, ex-compañero de armas !

Comentario por Salvador Llach Saliquet

Hola amigo y ex tripulante del Galatea como yo que estuve a bordo los años 56 y 57, los primeros 8 meses como marinero destinado en la cocina del comandante y el año 57 pasé a la escuela de maniobra saliendo cabo 2º y fuí destinado al crucero Méndez Núñez destinado en Mahon pero que realizaba muchas salidas entre ellas Barcelona, Valencia, Palma, Coruña, Santander, Bilbao, Malaga, Cartagena, Cadiz.
En el Galatea di 3 viajes, ya que uno no se dió porestar en dique reparando, visitando Puerto Rico, islas Azores, Funchal, Santa Isabel de Fernando Poo, Tenerife, Las Palmas, Palma de Mallorca, Dakar y por supuesto Ferrol.
Espero poder seguir en contacto contigo, me puedes escribir a juan_perez52@yahoo.es o a villares_asturias@msn.com un abrazo con afecto.
Figueras, 17-7-2012

Comentario por Juan Perez Villares

¡Que pequeño es el mundo! Salvador, te saluda el cabo 2º de Marinería, José Antonio Godina, compañero en la Comandancia y otras yerbas.

Comentario por José Antonio

Que bien que vaya apareciendo gente que ha pasado por el emblematico buque escuela Galatea cmo es mi caso que pasé en él los años 56 y 57 saliendo destinado como cabo 2º de maniobra al crucero Méndez Núñez, estoy con deseos de saludar y conocer a los
que como yo han pasado por este buque. Un abrazo grande, Juan
villares_asturias@msn.com

Comentario por Juan Pérez Villares

Gracias, Juan Carlos Díaz Lorenzo, por haber creado este maravilloso blog, que su contenido me transporta a aquellos jóvenes años, que viví a bordo de aquel viejo velero llamado Galatea, son vivencias que aunque pasen muchos años jamás se borran de nuestras mentes, es una nostalgia que la llevamos hasta la tumba, una vez mas gracias por lo que has ideado en pro de nuestro jamás olvidado Galatea, fui navegante de aquel velero durante dos años, lo llevo en lo mas profundo de mi corazón.
Un fuerte abrazo.

Comentario por Miguel Gómez Ruiz

Estuve en el Galatea en el año 70 efectuando el curso para cabo verde de maniobra. Fui obligado a ser cabo por la fuerza a pesar de que en los exámenes puse la F de forzado. Mi estancia en el Galatea la recuerdo como la etapa mas dura de mi servicio militar, el cual acabé en el crucero Canarias.
comentario por Gaspar Guardiola Triadú, 22 agosto 2013

Comentario por Gaspar Guardiola




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