De la mar y los barcos


Presencia de la Armada española en las fiestas de la Patrona de La Palma, en el día de su Bajada lustral

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Como viene siendo tradición desde hace muchos lustros, la Armada Española estuvo presente en las Fiestas Lustrales de Nuestra Señora de las Nieves en el día de su entrada triunfal en la ciudad de Santa Cruz de La Palma. En esta ocasión, el pueblo palmero se vio honrado, además, con la presencia del patrullero de altura Cazadora (P-78) en la desembocadura del barranco de Las Nieves durante todo el tiempo que duró el recorrido procesional de la venerada imagen desde la iglesia de la Encarnación hasta su llegada a la Alameda, donde se celebró el tradicional Diálogo entre el Castillo y la Nave, uno de los actos de mayor raigambre y emotividad de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen.

Nuestra Señora de las Nieves comienza el camino de su entrada triunfal en Santa Cruz de La Palma

En la mañana del 18 de julio, correspondiente al domingo de la Semana Grande, el Diálogo entre el Castillo y la Nave volvió a representarse en la presencia de la Señora de La Palma, evocando así la larga tradición marinera de la ciudad de Santa Cruz de La Palma y su condición de Juzgado de Indias en el siglo XVI, tercer puerto del Imperio después de Amberes y Sevilla y paso obligado del tráfico marítimo hacia las Indias occidentales.

Existen varios “diálogos” correspondientes a otros tantos autores, pero el que se escenifica en la actualidad es obra del insigne poeta palmero Antonio Rodríguez López (1836-1901), estrenado en el año lustral de 1875. El Diálogo es un intercambio de réplicas dramatizadas entre el severo Castillo, situado en lo alto del risco como defensor de la isla ante la amenaza de los piratas, y la pacífica Nave de María, anclada en el margen derecho del barranco, que simula acercarse a la orilla palmesana llevando en su interior un singular misterio.

El Castillo y su artillería vigilan las costas de la palmesana orilla

Desde que el Castillo advierte su presencia, ordena riguroso, a la muchedumbre, “silencio… silencio… silencio… / El mar y el viento / suspendan a mi voz / su eterno acento…”.

Y comienza el Diálogo con la voz trémula del Castillo: “Velera nave, que el mar surcando / a este fuerte te vienes acercando: / no prosigas tu rápido camino / sin decirme tu nombre y tu destino”. La Nave trata de apaciguar la amenaza: “Castillo altivo: detener no quiera / mi rumbo hacia el Oriente, tu voz fiera. / A ella, mi marcha sin parar, respondo: / que altos misterios en mi viaje escondo / y que a mi bordo una Doncella Pura / conduzco de simpática hermosura, / en cuyo corazón sacro y divino / de la raza de Adán nació el destino”.

Pero el Castillo no se arredra e inquiere de nuevo sin bajar su tono amenazante: “No con palabras sin sentido y vagas, / mi intimidación severa satisfagas. / Tu nombre di, bajel desconocido. / Y sea tu derrotero comprendido. / O te hundirá en la mar junto a ese cayo, / de mis cañones el certero rayo”.

El barco de la Virgen actual data de 1940 y está hecho en mampostería

Nuestra Señora de las Nieves, el barco de la Virgen y, al fondo, el patrullero "Cazadora"

La Nave se ve obligada a descubrir su preciado tesoro: “Tu furia enfrena, y de tus bronces rudos / conviértanse los rayos en saludos, / y porque el rumbo de mi viaje ampares, / yo me llamo la Estrella de los Mares. / Vengo de aquellos sacros litorales / donde reinan las nieves inmortales, / cuya helada región alumbra y dora / nueva celeste y boreal aurora. / Traigo a mi bordo al pueblo palmesano / un tesoro sagrado y soberano. / Traigo de Jericó la pura rosa, / de Palestina la Azucena hermosa; / traigo el Cedro en el Líbano arraigado / y el olivo pacífico y sagrado. / Traigo el alto Ciprés, la Vid pomposa / de la región de Engadi Deliciosa; / la oriental perla, el arabesco aroma / y de Sión la cándida Paloma; cuyo tesoro el cielo me confía, / pues soy la sacra Nave de María”.

El Castillo, impresionado, doblega su furia y se convierte en protector: “Salve, Nave feliz, surque tu quilla / el mar que baña la palmesana orilla, / y mensajera de sin par ventura / el áncora en sus playas asegura… / mientras mi pabellón rinde homenaje (la bandera se baja a media asta) / a tu grandeza y deseado viaje, / y el eco de mi fuerte artillería / hace salvas a la Nave de María”.

A continuación, la voz recia del Castillo ordena contundente: “Artillero, salvas de amor y pleitesía… / Artillero, saca la plomada al cañón: ¡¡fuego!!”. Y así transcurren doce salvas, que luego son contestadas en igual número desde el Barco de la Virgen, provocando los aplausos de la muchedumbre de miles de personas agolpadas en torno a la venerada imagen de Nuestra Señora de las Nieves, que siguió su camino de entrada triunfal a la ciudad por la emblemática e histórica Calle Real.

El patrullero de altura "Cazadora" aguarda frente a la desembocadura del barranco de Las Nieves

En la procesión hasta el templo matriz de El Salvador se encontraban las primeras autoridades civiles, militares y eclesiásticas de Canarias, representadas por el presidente del Gobierno autónomo, Paulino Rivero Baute y el presidente del Parlamento, Antonio Castro Cordobez; los consejeros José Manuel Soria (vicepresidente), Juan Ramón Hernández y Rita Martín; otros destacados miembros de la Cámara regional y del Gobierno de Canarias, diputados nacionales y regionales, así como la primera corporación insular, los 14 municipios de la isla encabezados por el alcalde de Santa Cruz de La Palma, Juan Ramón Felipe, Cuerpo Consular acreditado y otras representaciones.

Autoridades civiles y eclesiásticas acompañan en la procesión de entrada de la Patrona palmera

La representación eclesiástica estuvo formada por el cardenal Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla; el arzobispo emérito de Zaragoza, Elías Yanes y el obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, estos dos últimos naturales de La Palma, así como una amplia representación del clero, tanto de sacerdotes como de otros vinculados con la isla.

La representación militar estuvo encabezada por el general-jefe del Mando de Canarias, José Ignacio Medina Cebrián; Francisco Javier Franco Suanzes, almirante comandante del Mando Naval de Canarias; José Ramón Colás Campo, general-jefe de la Subinspección del Mando de Canarias; y Carlos de Salas Murillo, general-jefe de Estado Mayor del Mando de Canarias.

Autoridades militares y, a continuación, presidente del Parlamento y consejeros del Gobierno de Canarias

Las autoridades militares de Canarias asistieron al Día Grande de la Bajada

Presentes, asimismo, entre otros, el comandante naval de Tenerife, capitán de navío Jose María Mora y Cayetano; el director del Centro de Formación de Tropas de Canarias, coronel José Maria Pardo de Santayana y Gómez de Olea; teniente coronel de la Guardia Civil, Ricardo Arranz Vicario; comandante de la Ayudantía Naval de La Palma, capitán de corbeta Francisco Sequeiro Leira; jefe de la Sección de Apoyo al Reclutamiento de la O.A.P. de Las Palmas, comandante (IM) Valeriano Rey Martinez y el inspector del Cuerpo Nacional de Policía en Santa Cruz de La Palma, Jesús Godoy Ballesteros.

A la llegada de la Virgen al templo de El Salvador, se cantó la Loa en su honor

Nuestra Señora de las Nieves, presente en el altar mayor de la iglesia de El Salvador

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1 comentario so far
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Precioso el artículo, Juan Carlos. Gracias por ofrecernos estas emotivas e interesantes historias palmeras. Saludos, Laureano.

Comentario por Laureano




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