De la mar y los barcos


Cuaderno de bitácora (y X). Regreso a Casablanca y reflexiones finales

El trasatlántico "Marqués de Comillas", coprotagonista de esta historia

Eduardo García Osés (*)

El viaje hasta Casablanca es casi una repetición del de ida, aunque hay que destacar dos diferencias: se lamenta la falta de los 80 que murieron en la peregrinación.

Y así como en el viaje de ida les embargaba un sentimiento de ansiedad por ir a cumplir la recomendación del profeta de visitar La Meca, al menos una vez en la vida, el sentimiento del regreso es de alegría serena, de calma, pues habiendo aceptado  la inevitabilidad de un fin próximo, por la edad, la visita al lugar santo, les refuerza la fe, les consuela. Las conversaciones, refugiados en la jaima, alternadas con la música dulce y  melancólica árabe, están llenas de otra alegría.

Son más creyentes que los cristianos europeos, pues viven la fe, la practican más y uno no es lo que dice, sino lo que hace.

En cuanto a los que regresan, cabe destacar la alegría, la emoción que también sentían  a la ida, pero entonces era un sentimiento de ansiedad el que les embargaba por ir a cumplir la recomendación del Profeta de visitar La Meca, al menos una vez en la vida. Ahora, al regreso les embarga la emoción del precepto cumplido.

Fin de lo que está en el libro “Mar de arena”.

En este momento (1959), lo dicho anteriormente sirve para España, con las limitaciones que impone la geografía: no es lo mismo tener una ventana a Francia, por la que nos entraba un aire de progresismo, a pesar del “bajito de Ferrol”, que con  Irán, país con una cronología muy diferente a la de Francia. Pero salvando distancias somos lo mismo. El rey Saud ha estado en España y se le ha recibido con honores de Jefe de Estado, se le ha agasajado, honrado, glorificado por la prensa, radio, televisión. Y nosotros viendo la realidad de Arabia Saudita, aunque sea por una rendija, ¿qué podemos pensar de quienes honran el crimen? Pues simplemente que son cómplices.

Una vez en Jeddah, el puerto de La Meca, se van a la peregrinación, la cual dura un mes lunar, 28 días; el regreso lo hacen eufóricos, gritan, vociferan y con emoción y gran locuacidad cuentan sus experiencias: la Kaaba, la piedra sagrada del Islam, que habiendo sido blanca en tiempos de Abraham, se volvió negra al ir absorbiendo los pecados de los hombres. Vuelven purificados, y con un poco cuidado que tengan, se han hecho merecedores de ese Paraíso de grandes jardines y fuentes de agua cristalina, con bellísimas huríes para disfrute en la vida en el más allá. Lo de un paraíso lleno de aguas cristalinas y flores, es deseo, ansia  normal, en un país como Arabia, que es un desierto calcinado por el Sol.

Y en cuanto a las mujeres, también el deseo y ansia por ellas, es normal, dado que en demasiadas ocasiones hay quien no puede tener una mujer, porque hay quien tiene cuatro.

No hay vida plena sin amor.

(*) Capitán de la Marina Mercante


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