De la mar y los barcos


Un vapor llamado “Almirante Díaz”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En 1886, la Compañía de Vapores de las Islas Canarias, que era una filial de la poderosa naviera británica Elder & Dempster,  inauguró el primer servicio interinsular regular de pasajeros y mercancías que existió en Canarias con tres vapores llamados “Formoso”, “Forcados” y “Mersey”. La legislación permitía entonces que los barcos de pabellón extranjero pudieran navegar sin restricciones en el cabotaje interinsular y su presencia era un claro ejemplo de la introducción del capital extranjero en el ámbito del cabotaje.

El primero de los barcos citados se encontraba en el puerto tinerfeño el 25 de abril del citado año, fecha en la que inauguró el servicio con un viaje a Las Palmas. Los barcos tenían acomodación para ocho pasajeros en primera clase, no concretándose cuántos podía llevar en los entrepuentes y la cubierta.

De esta fecha data también el primer servicio regular entre Tenerife y La Palma, con un viaje semanal de ida y vuelta, con salida del puerto de La Orotava cada jueves, a las 20 horas, y el retorno de la capital palmera, al día siguiente a la misma hora.

Fernando de León y Castillo, ministro de la Gobernación desde octubre de 1886 y conocedor de la situación del transporte marítimo en las islas, promovió la convocatoria de un concurso que pretendía establecer un servicio de línea regular atendida por buques de vapor con una subvención anual de 125.000 pesetas.

El 22 de septiembre de 1887, la reina María Cristina firmó en San Sebastián un real decreto en el que “en vista de las consideraciones expuestas por el ministro de la Gobernación y de lo dispuesto en el real decreto de 1 de mayo de 1883, de acuerdo con el Consejo de Ministros: en nombre de mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino, Vengo en decretar lo siguiente:

Artículo único.- Se autoriza al ministro de la Gobernación para contratar por término de diez años, con las formalidades de subastar, el servicio de conducción del correo por buques de vapor entre las Islas Canarias, bajo el tipo anual de 125.000 pesetas, cuyo gasto será consignado en el presupuesto vigente”.

Para optar a este concurso, de acuerdo con los requisitos establecidos, el 24 de septiembre de 1888 se fundó en Las Palmas de Gran Canaria la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, que era, en realidad,  sucesora directa de la anterior.

La prensa regional celebró el acontecimiento y dijo que el nuevo servicio constituía “una de las piedras fundamentales del grandioso edificio de la unión y prosperidad de la provincia”. Aunque las condiciones del contrato apenas dejaba margen de beneficio,  por lo exiguo de la subvención asignada, sin embargo la fuerte penetración de Elder & Dempster en el mercado canario aconsejaba hacer este tipo de esfuerzos para evitar sorpresas y en espera de tiempos mejores.

Sede de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios en Las Palmas. Al fondo, el muelle de Santa Catalina

Los servicios comenzaron inmediatamente, fletando la Compañía de Vapores Correos Interinsulares dos buques, que serían sustituidos, de acuerdo con los términos del acuerdo postal y el pliego de condiciones, por dos nuevas unidades construidas expresamente para los servicios marítimos del archipiélago.

Mientras tanto se contrató en astilleros británicos la construcción de los dos nuevos barcos, que fueron entregados en julio y agosto de 1888 con los nombres de “León y Castillo” y “Viera y Clavijo”. El primero de ellos inauguró el servicio el 6 de septiembre del citado año, fecha en la que zarpó del puerto de La Luz y arribó en su primera escala a Santa Cruz de Tenerife.

Las condiciones y comodidades que ofrecían los dos nuevos buques, tanto para el pasaje como para el comercio de las islas, resultó sin duda muy satisfactoria, aún cuando la falta de un desarrollo del tráfico interinsular, todavía en una fase embrionaria, provocó el cierre de la primera etapa con pérdidas cuantiosas “que los accionistas iniciadores sobrellevaron con la natural contrariedad”, aunque conscientes de que cumplían con el desempeño de los servicios contratados y contaban con el reconocimiento de las autoridades, así como del comercio y de otros sectores sociales del archipiélago.

En 1894 la Compañía adquirió al armador Macías el vapor “Pérez Galdós”, para reforzar la línea que atendía las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, con lo que se consiguió mejorar considerablemente la calidad del servicio en el sector occidental del archipiélago.

En octubre de 1889, después de una prórroga de un año, la Compañía renovó el contrato con el Estado, iniciándose así la segunda etapa del servicio. El concurso extendió el servicio a Río de Oro con una expedición mensual.

“Almirante Díaz”

En diciembre de 1901 se incorporó al servicio interinsular el vapor “Almirante Díaz”, bautizado con este nombre en honor del ilustre marino nacido en La Palma en el siglo XVI y que vivió sus mayores glorias en la primera mitad del siglo XVII.

Construcción número 169 de los astilleros Harland & Wolf, en Belfast (Irlanda del Norte), se botó el 14 de junio de 1884 y entró en servicio en diciembre de ese mismo año con el nombre de “Benin”, enarbolando la contraseña de la naviera African Steamship Co., con sede en Londres. Era un buque de 2.223 toneladas brutas, siendo sus principales dimensiones 109,13 metros de eslora total, 12,11 de manga, 9,20 de puntal y 7,16 de calado. Estaba propulsado por una máquina alternativa de triple expansión, de 200 caballos y 9,5 nudos de velocidad.

Sus primeros años de vida marinera transcurrieron en el servicio de la costa africana del Atlántico. En 1889 se le instaló la primera cámara frigorífica que tuvo un barco de esta compañía y en agosto de 1891 zarpó de Santa Cruz de Tenerife rumbo a Nigeria, llevando a bordo el cadáver del rey Ja Ja de Opobo, que había fallecido en el exilio.

Matriculado en Las Palmas, navegó en el servicio interinsular por espacio de un año, hasta diciembre de 1902, en que fue devuelto a la citada African Steamship y recuperó su nombre original.

Estampa marinera del vapor "Almirante Díaz"

La primera escala del “Almirante Díaz” en el puerto de Santa Cruz de La Palma fue un acontecimiento histórico. Arribó el 22 de diciembre de 1901 y según dice la crónica de Diario de Avisos, lo hizo “majestuosamente engalanado; infinidad de cohetes, repique de campanas, las colgaduras en las casas y los acordes de las dos bandas de música, el numeroso público que había en el muelle, todo anunciaba que acababa de fondear en nuestro puerto el grande, cómodo y lujoso vapor”.

En aquella ocasión el barco llegó al mando del capitán Fernando Chirinos, que invitó a bordo a una amplia representación social de La Palma y “en embarcaciones sucesivas fueron muchas personas más y entre ellas simpáticas y distinguidas señoritas”.

La iniciativa de bautizar a este barco con el nombre del ilustre marino nacido en Tazacorte partió del director del periódico “Heraldo de La Palma”, Wenceslao Abreu. Hubo brindis por el barco, por la compañía, por el capitán y por La Palma “y después de recorrer el magnífico buque, nos retiramos dejando en la toldilla bailando a las simpáticas señoritas que llegaron a bordo, al son de alegres bailables de la Charanga del Batallón, que en el buque ejecutaba notables piezas de su repertorio”.

No asistió, sin embargo, el alcalde de la ciudad, cuya ausencia fue duramente criticada por Diario de Avisos en los siguientes términos: “En cuanto al proceder antipatriótico y tal vez ingrato del señor alcalde, lo mejor es recordar que para el primero de enero sólo faltan ocho días, que aunque al pueblo le parezcan siglos, ya pasarán”.

En septiembre de 1905 el vapor “Benin” fue vendido a la compañía Commercial Navigation, de El Pireo, siendo rebautizado “Maraslis”. A partir de entonces navegó bajo la gerencia de Stamatiades y Riginos, destacados operadores de la época. En 1910 lo compró el armador Lourenbzos Conbanis. No cambió de nombre y en mayo de 1911 fue vendido para desguace y desmantelado en Barcelona.

 

Otros barcos

En octubre de 1904 arribó el vapor “Congo”, que fue destinado al servicio de las islas occidentales, excepto El Hierro, con escalas en Santa Cruz de Tenerife, La Orotava, Icod, Garachico, Abona, Guía de Isora, Hermigua, Vallehermoso, Valle Gran Rey, Playa Santiago, San Sebastián, Tazacorte y Los Sauces.

Los espacios publicitarios de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios que aparecen en la prensa regional se refieren a “un servicio regular y fijo por magníficos buques de rápido andar, lujosas cámaras, luz eléctrica y todas las comodidades” y “restauran a bordo con servicio a todas horas”. Los billetes adquiridos por un plazo de seis meses eran valederos para visitar todas las islas.

En 1906 el servicio constaba de cuatro expediciones mensuales con escalas en los principales puertos de todas las islas y un viaje mensual desde Tenerife y Gran Canaria a la colonia de Río de Oro.

En el citado año, el periódico “Las Canarias”, con motivo de la visita a las islas del rey Alfonso XIII, llamó la atención de los políticos que formaban parte de la comitiva real, unos días antes de la salida de viaje y señala que “en una de las cosas que debieran fijarse nuestros representantes a Cortes, cuando lleguen a Canarias, es en los vapores correos interinsulares… pero estos buques, reuniendo todas las condiciones del contrato, nos parecen pequeños; la causa de esto es el desarrollo de la agricultura, el comercio y el movimiento de pasajeros entre las islas”.

Escala inaugural del vapor "La Palma" en Arrecife de Lanzarote

En la misma crónica hace alusión “respondiendo a los deseos de la opinión pública, que convendría emplear en el servicio vapores de casi el doble tonelaje que los actuales, esto es, con un minimun de 700 toneladas y que el andar no sea menor de 12 millas. Nosotros creemos que debiera estudiarse el modo de conseguir esto en plazo relativamente breve. No se nos oculta que la reforma pudiera exigir un aumento de subvención, que es hoy de 171.500 pesetas anuales, pero no se perdería nada por intentar la citada mejora, con la base de igual subvención”.

Otros tres buques fletados a la Compañía Trasatlántica –“Joaquín del Piélago”, “Mogador” y “Rabat”-, así como el “Teneriffe”, de la flota de Elder, mantuvieron el servicio hasta que llegó la renovación del concurso convocado por real decreto de 24 de febrero de 1911.

En el pliego de condiciones se exigía que el adjudicatario estuviera en posesión de tres buques de 1.100 toneladas de desplazamiento cada uno y otros tres de 550 toneladas. Constaría de seis expediciones mensuales a los puertos del itinerario principal e igual número a los puertos de segundo orden, así como una expedición mensual a la colonia de Río de Oro.

Para cumplir con las condiciones del contrato, la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios contrató la construcción de los seis buques en astilleros británicos, siendo bautizados con los nombres de “Viera y Clavijo”, “León y Castillo”, “La Palma”, “Fuerteventura”, “Lanzarote” y “Gomera-Hierro”, respectivamente.

En enero de 1912 comenzó la prestación del servicio con dos barcos fletados, siendo, siendo sustituidos a medida que los nuevos fueron llegando. La nueva flota estaba operativa en abril del citado año, celebrándose grandes fastos y celebraciones con dicho motivo.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo y FEDAC

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. 100 años de vapores interinsulares canarios. Santa Cruz de Tenerife, 1989.

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Al resguardo de Anaga. Dos volúmenes. De los correíllos al fast-ferry (vol. I) y De la mar y los barcos (vol. II). Santa Cruz de Tenerife, 2004.

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3 comentarios so far
Deja un comentario

Interesantísimo, voy leyendo a ratitos, porque tu obra es muy extensa. Me gusta mucho este apartado y el de arte.
Saludiños,

Comentario por Teresa

[…] Las Palmas, tomando la contraseña nacional. A su llegada a Tenerife, en 1905, sustituye al vapor CONGO en las labores de servicio en las islas Occidentales. En 1907 pasa a propiedad de Vicente Díaz […]

Pingback por SEAGULL O GAVIOTA; DE AFRICA AL CANTABRICO | Vida Marítima

Señor mío con los debidos respetos, pero es imposible que un barco llegue a La Orotava -, a Guia de Isora y a Garachico, se lo dice un tinerfeño.c

Comentario por salvador mora




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