De la mar y los barcos


En tiempos del primer “Benchijigua”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Existe un antes y un después en la historia de las comunicaciones marítimas de La Gomera, aspecto que, unos años después se haría extensivo al conjunto del Archipiélago Canario. En el caso que nos ocupa, sin embargo, el punto de partida constituye un hito relevante y está asociado a un nombre, Fred. Olsen; una compañía, Ferry Gomera; un barco, el primer Benchijigua y una fecha, el 8 de julio de 1974 –hoy se cumplen 37 años-, cuatro referentes y una misma identidad para el desarrollo sin precedentes de una isla que, aislada y en medio de penurias de todo tipo, había provocado, entre otras consecuencias, una constante sangría emigratoria desde hacía algo más de dos décadas.

A mediados de 1973 ya se conocía en La Gomera el proyecto con el que Fred. Olsen Sr. había respondido a los planteamientos de las autoridades insulares de la época, entre ellas el presidente del Cabildo, Jaime Vega, quien anteriormente había planteado al almirante Leopoldo Boado, por entonces subsecretario de la Marina Mercante, la posibilidad de mejorar las comunicaciones de la isla con un buque tipo ferry. La respuesta de Boado fue determinante: “Vayan a ver a Fred. Olsen. Seguro que le interesa, pues él es un gomero más”.

En la Semana Santa de aquel año, aprovechando que el armador noruego se encontraba de vacaciones en su casa de Tecina, una comisión de gomeros notables fueron a verle y le plantearon la cuestión. Testigos presenciales cuentan que Fred. Olsen les escuchó con la máxima atención y apenas hizo comentarios. Pero unos días después, desde Oslo, llegó la confirmación de que sus peticiones habían sido atendidas y ya existía, sobre el papel, el proyecto de un barco de menos de mil toneladas de registro bruto, condición expresa impuesta por el Régimen Económico y Fiscal de Canarias vigente, para que el Consejo de Ministros –todavía en época de Franco– autorizase la importación de un buque de construcción extranjera, habida cuenta de las restricciones que entonces imponía la legislación española en ese sentido.

El ferry “Benchijigua” arriba, por primera vez, a Santa Cruz de Tenerife

El departamento técnico de Fred. Olsen trabajó con celeridad y las especificaciones del nuevo buque estaban totalmente definidas antes del comienzo del verano, firmándose el contrato de construcción en junio de 1973 con los astilleros Trondhjems M/V, propiedad de la sociedad Aker Trondelag A/S, con sede en Trondheim (Noruega), por un importe, al cambio de entonces, de unos 170 millones de pesetas. Cifra respetable, si tenemos en cuenta que Ferry Gomera, la recién constituida sociedad armadora del buque, era una empresa totalmente privada y afrontaba en solitario semejante desafío, sin ayudas oficiales de ninguna clase, frente al trato privilegiado que entonces recibía la compañía naviera de soberanía nacional.

El buque, construido en Noruega, fue importado al amparo del REF

Se discutió lo suyo para decidir el nombre del nuevo barco, con la condición previa de que tendría que empezar por la consonante B, siguiendo la tradición de la flota de Fred. Olsen. Esa misión, en parte, se encomendó al denominado Grupo Gomero –compuesto, principalmente, por el “almirante” Adolfo Trujillo, Domingo León, Lorenzo Cabeza y José Manuel Noda-, entusiastas defensores de su tierra y del nuevo proyecto. Se buscó y rebuscó en la toponimia insular –se apuntó la posibilidad de que fuera Bejira- y finalmente se propuso el nombre de Benchijigua. Al principio, dada su pronunciación para la gente de fuera, no parecía tan fácil, pero acabó imponiéndose y se convirtió en un referente tan familiar como entrañable.

Quizás sea un dato poco conocido el hecho de que, debido a la latitud en la que se encuentra el astillero, la construcción del Benchijigua se realizó, en su mayor parte, en espacio cerrado, en una nave industrial de grandes dimensiones, situación que habría de repetirse, casi treinta años después, con los modernos “fast-ferries” de factura australiana que hoy cruzan las aguas de Canarias.

El ferry “Benchijigua”, atracado en el puerto de Los Cristianos

Construcción número 712 del citado astillero (IMO 7382938), se trata de un buque de 887 toneladas de registro bruto, 360 netas y 321 de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 68 metros de eslora total –60 entre perpendiculares-, 11,51 de manga, 4,50 de puntal y 3,29 de calado. Está propulsado por dos motores Nohab & Polar, con una potencia de 2.310 caballos acoplados a sendos ejes con hélices de paso variable del sistema Kamewa, que le permitía mantener una velocidad de crucero de 14,5 nudos.

Matriculado en el puerto de San Sebastián de La Gomera y con el escudo de la Isla estampado en la proa, el barco tenía capacidad para 399 pasajeros y 67 coches. Estos datos hoy pueden parecer irrisorios, pero entonces constituía una oferta suficiente para la demanda que generaba la isla. De elegante línea marinera, enmarcada en un casco de ajustadas proporciones, proa lanzada y dos chimeneas paralelas a cada banda, en la cubierta principal tenía un gran salón y otro muy coqueto situado debajo de la cubierta del garaje, así como un solarium que hacía las delicias de los turistas.

El ferry “Benchijigua”, en San Sebastián de La Gomera, su puerto de matrícula

El armamento del ferry Benchijigua se hizo a flote en los primeros meses de 1974, cuando ya se encontraba en Noruega la primera tripulación del barco, al mando del capitán Miguel Ángel Sánchez Conejo y del jefe de máquinas José García Oliva, quien ocuparía, durante varios años de su intensa vida profesional en Fred. Olsen, el puesto número uno en el escalafón del personal de Flota.

Al mismo tiempo, en Tenerife y en Madrid, se desarrollaba una carrera contrarreloj para lograr que toda la documentación y las diversas gestiones administrativas y portuarias estuvieran a punto. El peso de esa responsabilidad estuvo, en gran medida, a cargo del presidente del consejo de administración, Leopoldo Boado Endeiza; y de su vicepresidente, Cándido García Sanjuán y la inestimable ayuda, entre otras personas destacadas, de Thor O. Lindberg; Per Tonsager, primer gerente de Ferry Gomera; Julio Mosquera Valeiras, capitán inspector y delegado en Los Cristianos; y Tomás Cerdeña Brito, delegado y consignatario en La Gomera. Y también de Laly Hernando –todo un referente de buen y bien hacer–, primera trabajadora del personal de tierra de Ferry Gomera, que afrontó la responsabilidad de preparar la oficina de ventas y de atención al público, situada entonces en la calle Goya.

Maniobra, levantando el yelmo, en el puerto de Los Cristianos

La prensa tinerfeña siguió con especial atención todas las noticias relacionadas con la llegada del ferry Benchijigua, que arribó al puerto tinerfeño aleteando al viento la multicolor empavesada, ese conjunto tan bonito de banderas que forman parte del Código Internacional de Señales. No había tiempo que perder. Mientras se organizaba la presentación oficial a las autoridades y los medios marítimos tanto en Santa Cruz de Tenerife como en San Sebastián de La Gomera, el barco realizó diversas pruebas en los puertos de Los Cristianos y San Sebastián, teniendo en cuenta la peculiaridad de la maniobra y las condiciones técnicas ajustadas a unas rampas  hidráulicas, especialmente diseñadas, que fueron las primeras de su tipo que se instalaron en Canarias.

El 8 de julio de 1974, a las siete de la mañana, comenzaron las singladuras de Ferry Gomera y del primer Benchijigua desde el puerto de San Sebastián. Hoy nos puede parecer anecdótico, pero aquel día se había producido un nuevo episodio en la historia de La Gomera. Cada día, en 80 minutos de viaje, la Isla Colombina viajaba a bordo de un barco moderno, y con un trato preferente y distinguido, hasta el puerto de Los Cristianos, en el Sur de Tenerife, que era tanto como decir, con el resto del mundo, pues además de disponer de un servicio muy estimable y confortable, permitía el traslado de todo tipo de vehículos, por sus propios conductores, que entraban directamente al garaje por la popa y salían por la proa del barco, y que los gomeros pudieran comunicarse en cuestión de horas con las restantes islas, la Península, Europa y Venezuela.

Atracado en Los Cristianos, a poco del comienzo de la línea

Permitía algo tan vital como que una ambulancia pudiera evacuar a un enfermo grave, en muchas ocasiones en viajes extraordinarios sólo con ese fin y sin coste alguno, para que se pudiera salvar una vida, lo que en muchas ocasiones se consiguió. Existen suficientes testimonios. Por eso las vitrinas de este barco, y de los que habrían de sucederle, están llenas de numerosas menciones y distinciones a tan loable labor.

El cambio fue radical en muy poco tiempo. De pronto supimos que La Gomera estaba a un paso y que la isla tenía muchos alicientes por descubrir. Las excursiones de un día se convirtieron en un nuevo atractivo y ello permitió que miles de canarios y visitantes tuvieran la oportunidad de descubrir el hermoso paisaje y la calidez afectiva del pueblo gomero.

Comenzaron a llegar los primeros grupos de turistas. Para ello fue necesario contratar un servicio de guaguas acorde a los nuevos tiempos, del mismo modo que se había hecho con Tenerife Bus para el servicio terrestre entre Santa Cruz y Los Cristianos. Como entonces no había espacio suficiente para comer en grupos grandes, Ferry Gomera acondicionó un restaurante en Las Rosas, que pronto se convirtió en todo un referente de la gastronomía insular.

Los propios gomeros –importante colonia establecida en Tenerife- tuvieron la oportunidad de reencontrarse con su tierra con una asiduidad hasta entonces impensable y a unos precios muy asequibles. De modo que, en poco tiempo, el garaje del barco se quedó pequeño y en más de una ocasión había que comprar el billete con bastante antelación para conseguir plaza para el coche, y eso que el barco hacía tres viajes diarios y, en determinadas ocasiones, incluso se hicieron cuatro viajes redondos en un solo día, tratando de dar respuesta a la creciente demanda.

Varado en las instalaciones de NUVASA, en Santa Cruz de Tenerife

A bordo del barco se vivieron muchas y muy emotivas vivencias. Memoria que nos hace evocar a quienes fueron sus capitanes: Miguel Ángel Sánchez Conejo, Servando Peraza García, Tomás González Sánchez-Araña, Fernando Salvador Sánchez-Caro, Francisco Rodríguez Aguiar y José Ramón León Herrera.

Este cronista recuerda, especialmente, el viaje que hiciera a La Gomera el ex presidente de la República de Venezuela, Rafael Caldera Rodríguez. Y también algunas situaciones muy críticas, como el temporal registrado en enero de 1979, que destruyó parcialmente el muelle de Los Cristianos y en el que el capitán Francisco Rodríguez Aguiar, con indudable riesgo, logró salvar el barco de lo que se presentía una tragedia segura.

En apenas cinco años, el proyecto de Ferry Gomera se había consolidado plenamente. Hasta el extremo de que en 1980 llegó el momento de su necesario relevo, por un barco más grande en todos los sentidos, que lo sustituyó en octubre del citado año. Pero esa es otra historia que espero poder contarles en una próxima ocasión.

Relevo en San Sebastián de La Gomera. Octubre de 1980

La sustitución del primer Benchijigua permitió la apertura en agosto de 1981 de una nueva línea entre Playa Blanca y Corralejo, en la que se emplazó este barco, que fue rebautizado con el nombre de Betancuria. A pesar de las prometedoras perspectivas, una serie de circunstancias, entre las que influyeron considerablemente las limitaciones que entonces tenían los mencionados puertos, determinó la decisión, en febrero del año siguiente, de aplazar su continuidad a la espera de mejores tiempos.

Rebautizado “Akraborg” y abanderado en Islandia

Ello justificó que el barco se pusiera en venta y después de una temporada varado en NUVASA –donde se hicieron diversos trabajos de puesta a punto-, en junio de 1982 lo compró la compañía islandesa H/F Skallagrimur, con sede en Akranes, siendo abanderado en la matrícula naval del citado país y rebautizado en el nombre de Akraborg, cubriendo una línea regular entre el citado puerto de su matrícula y la capital del país, Reykjavik.

El buque, rebautizado “Saeborg”, opera en aguas de Islandia

El aspecto externo del barco no ha sufrido modificaciones

En 1998 pasó a la titularidad de la entidad Slysavarnafelag, siendo asignado como buque de entrenamiento del Centro Nacional de Seguridad Marítima y Salvamento del citado país –homónimo de la SASEMAR española, que tan noble labor realiza- y rebautizado con el nuevo nombre de Saebjorg, condición en la que permanece desde entonces. Estéticamente, en la estampa marinera del primer Benchijigua no se han producido alteraciones significativas, por lo que es fácilmente reconocible y en ella encontramos el barco que hizo posible un nuevo amanecer en la historia de La Gomera.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz LorenzoSlysavarnafelag


2 comentarios so far
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ke pasada la verdad es ke yo tengo 22 años solo y me encanta ver y disfrutar de tan maravillosas fotos

Comentario por oliver

[…] Su nombre está asociado a los comienzos de Ferry Gomera, pues fue el primer capitán del primer “Benchijigua”, buque de nueva construcción bajo cuyo mando vino en viaje inaugural en junio de 1974 desde […]

Pingback por Falleció Miguel Ángel Sánchez Conejo, primer capitán del ferry “Benchijigua” | Del acontecer portuario




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