De la mar y los barcos


Antonio Churruca, en el recuerdo

Tomás González Sánchez-Araña (*)

Por el blog de Juan Carlos Díaz Lorenzo me enteré del fallecimiento de mi amigo y compañero el inefable Antonio Churruca Martínez, marino mercante de los clásicos de antes, de los que ya no existen. El artículo del colega Francisco Noguerol describe perfectamente la personalidad y el carácter alegre de Antonio Churruca, como marino y como persona, que siempre estará en nuestro recuerdo.

Como bien dice éramos marinos típicos, especie desaparecida en los tiempos actuales. España disponía de muchos y diversos tipos de barcos que hacían viajes internacionales por todos los puertos del globo. Había buques españoles de todo tipo: trasatlánticos, cargueros, mixtos de carga y pasaje, petroleros, buques “tramp” y un largo etcétera, que visitaban puertos de los cinco continentes. Fue una época privilegiada para los que elegimos la profesión de marino mercante por vocación, pues teníamos facilidad para elegir navieras y la vida abordo era distinta a lo que se lleva ahora.

En las grandes compañías españolas se comía bien, con vino en las comidas –como establecía la Ordenanza de Trabajo de la Marina Mercante, norma acaso heredada de las antiguas Ordenanzas de Carlos III–, desde luego se podía fumar, los oficiales tenían servicio de camareros, había respeto a bordo… en estos aspectos fuimos unos privilegiados. Como bien dice Paco Noguerol, no existía el GPS, ni el móvil, ni la navegación por satélite. No existían oficiales femeninos, porque la carrera de Náutica, por ley, no la podían ejercer las mujeres, algo absurdo que se corrigió en los años setenta.

Durante la navegación las comunicaciones se hacían vía TSH por morse y con mucha dificultad por telefonía, a través de las estaciones costeras por onda corta. Para comunicarse con las familias, los tripulantes teníamos que esperar a llegar a puerto.

En las escalas y siempre que lo permitieran las obligaciones a bordo, los marinos saltábamos a tierra a la primera oportunidad, para conocer gentes de otros países, su gastronomía, idiosincrasia y cómo no, confraternizar con las nativas, además de llamar por teléfono a casa.

Antonio Churruca, marino por vocación, buen profesional, vivió esa época y la ejerció “a tope” y dejó una estela imborrable entre sus amigos y quienes le conocieron. Son muchos mis recuerdos y vivencias con este personaje, recuerdos alegres e inolvidables. Desde que en los años sesenta coincidimos en la antigua Escuela de Náutica de Tenerife, aquella  que estaba detrás de la placita de San Telmo, nuestra amistad surgió de forma espontánea, quizás por afinidad de caracteres y de “aficiones”.

El puerto de Santa Cruz de La Palma, en la época en la que llegó el práctico Antonio Churruca Martínez

Navegamos juntos, aunque en distintos buques de la desaparecida Naviera Aznar, en los  viajes con fruta y pasajeros entre Canarias-Reino Unido y cuando coincidíamos en tierra lo celebrábamos por todo lo alto, ya fuese en Londres o en Bilbao, sede de la naviera.

Cuando Antonio regresó de El Aaiún donde fue práctico del cargadero de Fos Bucráa, le avisé que el ayudante de Marina de La Palma, el comandante “Sabatacha”, me había me había ofrecido ir de práctico interino en principio, del puerto de Santa Cruz de La Palma, para sustituir al práctico José Amaro Carrillo, que se encontraba enfermo y pronto se jubilaba.

El comandante “Sabatacha”, como así le conocíamos porque su familia era propietaria de las bodegas de este nombre en Jumilla, era en aquella época el responsable de las Ayudantías de Marina de El Hierro y de La Gomera, puerto que visitaba periódicamente y viajaba a bordo del ferry “Benchijigua”.

Yo rechacé la oferta porque me encontraba bien de capitán en Ferry Gomera, pero le di el nombre de Antonio Churruca, que había cesado en Fos Bucráa después de la retirada española del Sahara y ya tenía experiencia como práctico.

A principios de los años ochenta, en mis escalas en el puerto de Santa Cruz de La Palma con los petroleros de CEPSA, allí siempre me esperaba Antonio, ya como práctico titular, para después de la maniobra de atraque celebrar el encuentro con una buena comida, bien regada con caldos palmeros en la parrilla de Las Nieves y recordar viejos tiempos.

Hasta el año 2005, mientras fui responsable de Salvamento Marítimo de Tenerife, el práctico Antonio Churruca colaboró siempre con su embarcación, de manera desinteresada, en el salvamento de vidas, en las emergencias marítimas que se producían en el puerto de Santa Cruz de La Palma y cercanías, donde entonces carecíamos de los medios necesarios.

Descansa en paz, querido amigo.

(*) Capitán de la Marina Mercante


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Nos ha dejado muchos recuerdos, historias , hazañas y peculiaridades, propias de su personalidad. Soy una gran admiradora, ahijada e incluso hermana de sangre (que ya es mucho).

Comentario por Hermana pequeña




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