De la mar y los barcos


La vida marinera de la motonave “Barreras Puente”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La construcción de este buque comenzó en 1956 y el casco tomó forma y fue terminado en la factoría de El Musel, en Gijón, en la que fue botado el 19 de septiembre del citado año con el nombre de “Francisco Barreras”. Después fue remolcado a Vigo, donde se procedió a la instalación del equipo propulsor y su armamento a flote en los astilleros Hijos de J. Barreras. En el momento de su puesta en servicio, el 15 de enero de 1959, el buque fue valorado en 12 millones de pesetas. En las pruebas de mar alcanzó una velocidad de 11 nudos y tenía un radio de acción de 6.470 millas.

La Dirección General de Industrias Navales había autorizado su construcción el 22 de mayo de 1956 y el 15 de abril de 1959 fue aprobada, por la misma entidad, el cambio de nombre por el de “Barreras Puente”, en homenaje al industrial José Barreras Puente, con el que habría de navegar hasta el final de su dilatada vida marinera. El Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional –más tarde Banco de Crédito a la Construcción- concedió a la compañía contratante un préstamo por importe de 9.960.900 pesetas.

La motonave "Barreras Puente", en aguas de Santander

El 4 de agosto de 1959 se otorgó la escritura de propiedad del nuevo buque a favor de la S. A. Pesquera Industrial Gallega ante el notario Luis Solano Aza, con residencia en Vigo, en presencia de Fernando Barreras Massó, presidente del consejo de administración  de Hijos de J. Barreras y José Barreras Puente, respectivamente.

Construcción número 21 del citado astillero gijonés, era un buque de 373 toneladas brutas, 198 toneladas netas y 470 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 49,26 m de eslora total -44,40 m entre perpendiculares-, 8,68 m de manga, 5,26 m de puntal y 4,74 m de calado. Estaba propulsado por un motor diesel MTM-Krupp M829-R, de 520 caballos de potencia y 10 nudos de velocidad.

Las necesidades de ampliación de la flota de Antonio Armas Curbelo –que por entonces ya había ampliado sus líneas nacionales- justificaron las negociaciones que cristalizaron el 30 de noviembre  de 1963, en Vigo, al lograrse un acuerdo con los armadores del “Barreras Puente” para proceder a la compra-venta del citado buque  en un precio de 15 millones de pesetas y, al día siguiente, Antonio Armas Curbelo tomó posesión oficial del mismo.

Dificultades para regularizar la situación contable de la citada S.A. Pesquera Industrial Gallega motivaron la negativa del Banco de Crédito a la Construcción a autorizar al armador lanzaroteño a inscribir a su nombre el citado buque, pese a sus reiterados intentos. En 1972 se procedió al cambio del puerto de matrícula, que pasó de Vigo a Las Palmas.

La vida marinera de este buque fue intensa. Siendo propiedad de sus primeros armadores hizo un viaje de vuelta completa al continente africano, vía canal de Suez y con Antonio Armas Curbelo atendió la línea de exportación de tomates y cebollas a los puertos de Sevilla, Málaga y Valencia y también hizo un viaje a Terranova. Y como corresponde a un buque de tal dilatada trayectoria, también registró algunos incidentes de cierta importancia.

El 11 de septiembre de 1974, cuando el buque “Barreras Puente” zarpaba del puerto de Barcelona, abordó a la motonave “Ernesto Anastasio”, de Compañía Trasmediterránea. El abordaje se produjo por un fallo en la máquina y rasgó varios metros de plancha por la banda de estribor, aunque los daños fueron menores. La maniobra, según los peritos, fue la correcta pero el posterior fallo en la máquina impidió frenar la arrancada del buque. La reparación del “Ernesto Anastasio”, realizada en los Talleres Nuevo Vulcano, importó poco más de 25.000 pesetas.

Un año después, el 25 de septiembre de 1975 y como consecuencia de un fallo en la máquina, el buque “Federico Ferrer” lo abordó en el puerto de Las Palmas, causándole diversos daños que fueron reparados.

El incidente más serio, sin embargo, se produjo en noviembre de 1975 en el puerto de Málaga, cuando una rotura de las válvulas de fondo estuvo a punto de hundirlo. La avería fue subsanada y asumió el mando el capitán Manuel Garrocho Martín, quien recibió instrucciones de su armador de proceder al puerto de Tarragona, donde cargó completo de cal para Zwara (Libia). Allí pasaron las Navidades y después de varios días de fondeo regresaron a Palma de Mallorca en los primeros días de enero de 1976. Luego procedió a Santa Pola donde cargó completo de granito y continuó viaje a Santa Cruz de Tenerife, donde quedó inmovilizado.

Su vida marinera acabó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

En septiembre de 1981, el armador solicitó autorización para el desguace o hundimiento del buque “Barreras Puente” que, debido al mal estado en que se encontraba el casco, corría el peligro de hundirse en su atraque de la Dársena Pesquera del puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde se encontraba inactivo desde hacía más de cinco años.

Como quiera que en el registro debía figurar como propietario la citada S.A. Pesquera e Industrial Gallega, se solicitó al comandante militar de Marina de Tenerife la autorización correspondiente para proceder a su desguace, lo que finalmente fue autorizado el 26 de mayo de 1982, siendo desguazado a flote atracado al muelle de ribera de la Dársena de Los Llanos a cargo del chatarrero Sanahuja, en una operación en la que también fueron desguazados los pesqueros “Puente Viesgo” y “Puente Nansa”.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Naviera Armas. Una nueva generación”. Pp. 181-182. Santa Cruz de Tenerife, 2004.

Fotos: José M. Blánquez y archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo


2 comentarios so far
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Tu articulo me ha hecho recordar muchas cosas durante el tiempo que lo mandé, todas ellas buenas. Era un buen barco y siempre le tuve un cariño especial. Todavía conservo los diarios de navegación de esa época.
Una anécdota: Como bien dices, pasamos la Navidad del 75, en el puerto libio de Zwara. Allí nos precintaron todas las bebidas alcohólicas, incluido el vino de la comida, a la llegada. El 24 por la noche sólo teníamos agua, así que se me ocurrió fabricar champán con alcohol del botiquín, zumo de naranjas y unas pastillas de redoxon, para que hiciera las burbujas. Con eso brindamos y te puedo asegurar no estaba nada mal.
Un abrazo

Comentario por Manuel Garrocho Martín

Muchas gracias, estimado Manolo, por tu comentario, pues fuiste protagonista de algunos de los hechos aquí narrados.

Comentario por jcdl




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