De la mar y los barcos


Recuerdos del pasado (III). “Los cambulloneros” (I)

Manuel Marrero Álvarez (*)

Los estragos de la Segunda Guerra Mundial y la cruenta guerra civil arrastraron a España a la miseria y al paro, llevándose consigo a la región canaria que añadían a las penurias, subdesarrollo y miseria política de los peninsulares, el aislamiento y abandono en que se hallaban las Islas. Fue una etapa extremadamente dura y se  tendría que remontar a muchos años atrás, para encontrar otra  similar. Solo quedaba buscar protección y milagros en lo divino, por lo que las procesiones religiosas eran fervorosas y kilométricas, en especial la de Virgen del Carmen, la patrona de la Marina española, en la que una gran multitud de personas  cubría totalmente él itinerario y los aledaños cercanos a la bahía de Santa Cruz. Pero tampoco por esta vía les llegaba la ayuda anhelada y por todo ello, su sueño estaba cada vez más en la idea de la emigración.

Los habitantes isleños, carecían de casi todo y lo único que les sobraba era el tiempo, por lo que en aquella época de desesperanza, la llegada a puerto de los grandes vapores de casco y chimenea negra de la Compañía Trasatlántica, que cubrían la ruta de las Américas, era uno de sus más habituales pasatiempos. Tal vez pensaban que algún día serían ellos los que viajarían a ese remoto lugar, para lograr su sueño dorado. Contemplaban al gran barco con admiración y no quitaban la vista ni un instante durante la maniobra de atraque, imaginándolo como una especie de maná con las entrañas  rebosantes de todo tipo de alimentos carentes en las Islas.

El trasatlántico “Marqués de Comillas”, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

América estaba muy lejos y estos vapores traían además a sus familiares y amigos,  recuerdos y añoranzas de aquel Nuevo Mundo y les imprimía ilusión y ánimo para realizar algún día esa aventura americana que tanto añoraban. El muelle sur de la capital tinerfeña se convertía en un hervidero humano  y  de vehículos cada vez que estos trasatlánticos arribaban,  en especial durante el periodo del gran auge de la  emigración a Venezuela, donde el muelle era intransitable durante las horas en que el barco permanecía atracado.

Al margen del enorme gentío formado por particulares, unidos por lazos de familiaridad y amistad con pasajeros y  tripulantes,  era espectacular la cantidad de representaciones que acudían cada vez que uno de estos barcos llegaba a puerto. Los primeros que accedían a bordo,  eran los funcionarios  de Sanidad Exterior, quienes una vez comprobado que el buque estaba sano, daban la libre plática para permitir  la entrada al resto  de funcionarios de las diferentes autoridades y también de otras personas con alguna misión  a bordo. En pocos segundos, la escala era materialmente asaltada  y se hacía  imposible llevar un riguroso control de acceso por parte de los responsables de la Compañía: policías de puerto, servicio de Emigración, Puertos Francos,  servicio de Correos, consignatario, provisionistas de víveres y de efectos navales, aguada, combustible, maleteros, estibadores,  etc… Más tarde se veía como muchos de los citados, bajaban del buque llevando consigo un pequeño paquete, casi siempre con azúcar blanca, café, y un cartón de cigarrillos, obsequio del barco.

Los cambulloneros forman parte indisoluble de la historia portuaria

Los últimos en subir eran los CAMBULLONEROS; los más deseados por parte de la mayoría de los miembros de la tripulación, aunque muchas de las veces, estos artistas del trueque y del contrabando, eran los primeros en tomar contacto con la cubierta del buque, porque se convertían por unos instantes en auténticos funámbulos, al escalar por medio de cuerdas y desde sus propios botes, mientras el barco realizaba lentamente las operaciones de atraque.

Debido a la escasez de alimentos en nuestro País, el Gobierno de la Nación creó las cartillas de racionamiento que daban derecho a recibir los productos proporcionados semanalmente por la Comisaría de Abastecimientos, como garbanzos, batatas, bacalao, aceite vegetal, azúcar morena, tocino y a veces algunos extras como café, chocolate o jabón. Todo lo demás, como la carne, mantequilla, azúcar blanca, aceite de oliva,  etc.,  más los lujos del whisky, cigarrillos,  antibióticos, en especial tras la comercialización de la penicilina,  se podía encontrar en el mercado de estraperlo, controlado en su mayoría, por los Cambulloneros.

Eran unos personajes peculiares, pintorescos, únicos en su género, por su manera de comportarse y especialmente, algunos, en su forma de hablar. ¡Ah, ese barco no trae nada porque viene de reparar en los ARTILLEROS! Por contra, eran serios en sus negocios,  siendo suficiente un apretón de manos para cerrar cualquier transacción y cuando esta se producía, nadie interfería en la  operación,  porque se consideraba  finiquitada. Su punto de reunión, cuando no ejercían su trabajo en los barcos, era la zona del actual edificio de Correos en la Capital tinerfeña y el costado izquierdo del antiguo Hotel Orotava, hoy edificio Olympo, por lo cual se recibían a veces, quejas por parte de los clientes del hotel, debido al ruido producido como consecuencias de sus discusiones hasta altas horas de la noche.

Aunque “oficialmente” el cambullonero subía a bordo de los barcos a comprar los sobrantes de gambuza o los barridos de bodega, éste realizaba todo tipo de operaciones comerciales, algunas de ellas la mar de pintorescas: “Te doy 200.000 pesetas por todo”. En el lote entraban loros, guacamayos, pieles de cocodrilo, puros, picadura de tabaco, etc y finalmente, ambas partes resultaban satisfechas con el negocio. Asimismo, intercambiaban botellas de coñac a la ida de los barcos para América, por cigarrillos o whisky que recibían al regreso.

Acceso a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife desde el muelle sur

Otra de las curiosidades de estos personajes, era el dinero. Jamás llevaban maletines, ni carteras visibles. Todo el billetaje, cientos de miles de pesetas, iba en sus bolsillos y cuando les faltaba alguna cantidad, acudían a otro colega, que su única misión era servir de banco; prestar o cambiar dinero. ¡Déjame 50.000 pesetas! ¡Cámbiame estos 500 dólares! y así todos disfrutaban de pingües beneficios. Las comisiones, se supone, estarían pactadas de antemano.

La gran preocupación de los cambulloneros eran los calvos. ¡Cuidado!, ¡no hagan nada que están por aquí los calvos! ¡Que vienen los calvos¡ ¿Y quién  era el temido  calvo? Pues se trataba de  Inspectores de Hacienda;  decían que militares  retirados, que por su avanzada edad la mayoría  de ellos, carecían o tenían poco pelo y que, en ocasiones, aparecían por el muelle en servicio de vigilancia,  para contener un tanto este ilícito negocio. Pero en lo que más prestaban su máxima atención,  lo que más perseguían estos inspectores, eran las lanchas rápidas cargadas de tabaco rubio, transistores, etc. provenientes de Tánger.

El cambullonero ganaba mucho dinero, pero lo administraba de forma deficiente: igual de fácil que le entraba, salía. La mayoría de los Cabarets, se mantenían gracias a ellos y siempre se les veía  rodeados de las más bellas y esculturales mujeres.  Las Salas más cercanas a Santa Cruz, como las de Fefe, Rosaleda y Riga fueron  referentes y auténticos testigos en la agitada vida  de estos particulares y recordados personajes de nuestra historia.

Incontables son sus anécdotas y una de ellas sucedió en el Teatro Guimerá, actuando el  popular cantante  cubano Antonio Machín. Cuentan, que las primeras filas de butacas estaban ocupadas por Cambulloneros y sus hermosas acompañantes, mientras que el resto del aforo se encontraba prácticamente vacío. Era la época de “vacas flacas” en la que el pueblo no estaba para espectáculos ni diversión alguna, exceptuando, claro está,  los Cambulloneros.

Mientras el artista con sus maracas interpretaba sus melodiosas “Madrecita”, “Angelitos negros” y “El Manisero”, caían sobre el escenario algunos billetes de 100 pesetas, que el bueno de Machín recogía apresuradamente. En esto que surge una voz de entre los escasos asistentes, gritando: “dos GALDENIAS don Antonio, dos GALDENIAS” al tiempo que le lanzaba un billete de 500 pesetas. Ni que decir tiene, que don Antonio acompañado de su  Orquesta, comenzó a cantar inmediatamente  “Dos gardenias para ti…. con ellas quiero decir…. te quiero…”. Y es que, estaba claro, que por estas y otras ocurrencias, el Cambullonero era un tipo peculiar en su manera  de comportarse y más aún en la forma en que se expresaba.

Las Palmas de Gran Canaria está llena de homenajes a los cambulloneros

Se dice que la palabra cambullón, procede  de alguna corta frase de lengua  inglesa, como “come buy on” y es posible, porque la mayoría de las veces, muchas de nuestras expresiones autóctonas aparecen enraizadas en Gran Bretaña;  las papas “chinegua” de -King Edward potatoes-;  las también papas “autodate” de -out of date potatoes- , etc. son un ejemplo, pero la realidad es que el campesino canario, siempre acomoda su ingenio al empleo de la palabra en  cada caso y esta de Cambullón, es realmente intuitiva y hasta hermosa, como lo son las referidas a las papas.

Por todo ello y por las circunstancias especiales que suponía el vivir lejos del continente en los años difíciles de la posguerra, son muchos los que piensan que si el Cambullonero no hubiera existido en Canarias, lo hubiéramos tenido que inventar.

Finalizamos este pequeño y particular recuerdo  hacia estas personas que ejercieron su función de trabajo, a su modo de ver y entender las cosas en momentos sumamente difíciles para nuestras Islas, manifestando que algo bueno debieron de hacer, porque  la isla hermana de Las Palmas de Gran Canaria, está llena de homenajes y reconocimientos   hacia ellos; su nombre figura en calles, avenidas, muelles, plazas, monumentos, etc. Sin embargo, aquí en Tenerife, tuvieron que ser muy malos, porque su memoria brilla por su ausencia. O tal vez, que  no existieron. Nosotros, que estuvimos unidos laboralmente durante nueve lustros a esa Compañía Trasatlántica, cuyos barcos de casco y chimenea negra,  cubrían el servicio de las Américas, podemos decir, que  en momento alguno causaron problemas, ni a los buques, ni tampoco a sus tripulaciones, por lo cual, a los muchos cambulloneros que ya se fueron y para los pocos que aún perviven, nuestra mayor simpatía.

Y como colofón, nada mejor que el homenaje que les ha dedicado el grupo musical “Los Gofiones” de Las Palmas de Gran Canaria, con estas bonitas estrofas del compositor, periodista y escritor, Néstor Álamo, uno de los mayores exponentes de la cultura popular canaria:

Yo soy Chona la Cangreja

nieta de Pancho Pahindo,

yo nací cambullonera

y mi madre fue lo mismo.

Mi padre murió en la costa

¡Virgen de la Soledad!

vino un viento y viró el barco,

y se lo tragó la mar.

….Y aunque vengan temporales

y aunque asople el vendaval,

quiero yo a un cambullonero

¡que es valiente!

¡que es moreno!

y es un hombre de verdad.

(*) Delegado de Compañía Trasatlántica Española en Canarias (1984-1993). Miembro de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación.

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo y FEDAC


10 comentarios so far
Deja un comentario

Romántica época la que describes. Recuerdo a algunos cambulloneros, que tanta necesidad y enfermedad curaron con sus mercancias escasas o inexistentes en nuestras tierras. También recuerdo que, mientras espérabamos entre clase y clase, ver desde el murito frente a nuestra antigua escuela, la descarga de alguna lancha de contrabando, con los bultos sobre la cabeza, como los porteadores de las películas de Tarzán. Gracias por el testimonio y lo que he disfrutado recordando aquellos tiempos tan lejanos… Un abrazo. Enrique.

Comentario por Enrique García Melón

Muy buen artículo, mi abuelo era cambullonero, de los del Refugio, en Las Palmas, también hacía barquillos y chalanas de fondo “bote”, Momo o Momito (Zaragoza) le llamaban, que pena que no exista apenas documentación publicada de esa, casi, extinta profesión.

Comentario por Daniel Rodríguez Zaragoza.

Queridos amigos, Manolo y Juan Carlos, mi felicitación más efusiva por el magnífico artículo. ¡Qué recuerdos de aquellos tiempos tan dificiles y lejanos, aunque no tanto, pues los cambulloneros estuvieron presentes hasta el final del último trasatlántico de la emigración, el Begoña. Los estoy viendo subir, casi siempre por la escala real, después del despacho de las Autoridades, en número de 15, tal vez 20, con sus mercancías. Se instalaban en la cubierta principal, con preferencia hacia popa. A bordo sabíamos que eran gente de bien que necesitaa buscarse la vida; jamás provocaron altercado alguno. El capitán y los oficiales hacíamos la vista gorda y la tripulación casi siempre mal pagada hacia sus pequeños trueques, en ocasiones no tan pequeños, y todos tan felices. A la hora de zarpar, casi siempre tenían un detalle para el Sobrecargo y el Capitán: Una pluma estilográfica Parker o una caja de puros con el nombre del capitán y del barco en la vitola; todavía conservo una sin abrir de cuando tuve ocasión de mandar el Satrústegui.
Nostalgia de unos tiempos en que siendo mucho más pobres que ahora, sin posibilidad de encontrar trabajo -no hay nada nuevo bajo el sol- la calidad de los españoles de todos los rincones y el respeto a unos principios morales y éticos estaban muy pero muy por encima de lo que hoy, los que somos ya tan mayores, apreciamos en las generaciones hedonistas y egoistas que nos han seguido, aunque quizás la culpa no es toda de ellos. Lo cierto es que algunos, probablemente nuestros políticos, se han equivocado profundamente.
Un fuerte abrazo.
Carlos

Comentario por Carlos Peña Alvear

Anyhow, just wanted to say wonderful blog!

Comentario por lebeauleblog.com

La verdad que fue una epoca inborrable a mi siempre me llamo la atencion la vida del cambullonero,siempre alegre y chicharachero,lastima su desaparicion

Comentario por palmirodiaz@homail.com

Una época imborrable en la historia de nuestros puertos, excelentemente narrada como siempre por Manuel Marrero Álvarez. Felicidades por el articulo y saludos desde http://bermaxofotos.blogspot.com.es/

Comentario por bermaxo

Recuerdo que aquella noble gente ,muchas veces ,sin conocer personalmente a los tripulantes, les financiaban sin mas fianza que la palabra de caballeros, las cajas de coñac Felipe II .que venderían en Venezuela o Mejico principalmente.A la vuelta de viaje, una vez vendida la mercancía, se cancelaba la deuda con dinero o especias :Café. Nescafé, loros, pieles de serpiente y cocodrilo,cocodrilos disecado, estos en atados de seis unidades, machetes de cortar caña ,etc.etc.
!!Que tiempos aquellos queridos Carlos y Manolo….¡¡.
Enhorabuena a ambos por las cosas que narráis y sobre todo; por como lo haceis.

Un abrazo.
J.Cárdenas

Comentario por Juan Cárdenas Soriano

Encantador post… Enhorabuena… Es evidente q los Cambulloneros se comportaban de forma similar en los dos puertos principales del archipiélago… Me sorprende q en Tenerife no se les reconozca tanto en Calles y alguna plaza… Por familiares míos Cambulloneros se que a muchos Cambullones de Las Palmas les gustaba mucho irse a Tenerife a gastarse hasta la última peseta ganada en algún buen bisne… Saludos y enhorabuena

Comentario por conocelaisleta

Precioso artículo !!!!!vagamente recuerdo su existencia ni esas imágenes tan gráficas…Esa ha sido parte de nuestra historia ; “personajes peculiares” como los denomina Manuel que en muchas ocasiones ayudaron a los vecinos a subsanar enfermedades y hambre. Y es que en la escasez…bienvenidos los cambulloneros!!!!.
Lograste despertar nostalgia y simpatía por el pasado. Felicidades!!!!

Comentario por Elena Marrero Diaz

Muchos de los cambulloneros ayudaron a sus familias a pasar la época del hambre y otros ,a sus vecinos ,les proporcionaban alimentos y medicinas que les recomendaban los médicos cuando enfermaban y que eran difíciles de encontrar.

Comentario por Maria del Mar




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: