De la mar y los barcos


El hundimiento del buque cementero cubano “Capitán San Luis” / I

Onelio Barrios Puldon (*)

Mi nombre es Onelio Barrios Puldon. Fui timonel A en la motonave “Capitán San Luis” en el momento de su hundimiento. Mucho se ha hablado del suceso y se que todavía existen familiares que sufren esas pérdidas. Es por eso que esta deuda que intento pagar hoy se que le hará recordar a muchos de mis compañeros y tendrán respuestas los familiares de los desaparecidos. Ante todo, saludos a todos los marinos que puedan tener acceso a esta página,  a los conocidos y a los no conocidos, hermanos todos.

Quiero comenzar mi narración enumerando los nombres de los hermanos que recuerdo que estuvieron presente en la colisión.

Capitán: Manuel Velazco Morales, 34 años y capitán más joven de la Empresa Navegación Caribe, no por eso menos experimentado. Primer oficial de cubierta: Abat el gordo; segundo oficial de cubierta: Ovidio; dos terceros oficiales de cubierta: Jorge y Pablo Julio; jefe de máquinas: Eduardo Aguilera; timonel A: Onelio Barrios Puldon; timonel B: Laera Frometa; timonel C: Miguel Ferrer, hijo del Capitan Ferrer. Iván Freyre y Antonio Campo, este último del departamento comercial de la empresa y Freyre como inspector de máquinas.

Fecha del hundimiento: 10 de febrero de 1989, a 43 millas náuticas aproximadamente del faro de Lucrecia, al norte de la provincia de Camagüey, antes de llegar a la bahía de Nipe. 05.45 am aproximadamente. Profundidad estimada según carta de navegación a las 00 h, unos 3.000 metros. Nuestro buque comenzaba a abrirse para realizar navegación por círculo máximo hacia Las Palmas de Gran Canaria donde se realizaría una reparación general.

Estampa marinera del buque cementero cubano “Capitán San Luis”

Antes de salir de La Habana, el día de la salida el buque presentó problemas con las luces de situación, pero esto se solucionó con un cambio de bombilla, además de una situación que se presento con los servos del timón que retrasó la salida de horas de la tarde a horas de la noche, que también se solucionó con el personal de a bordo y creo que personal técnico de la Empresa que visito el buque.

Buque listo para zarpar. A mí me tocó la maniobra de salida en el puente de mando. No recuerdo la hora exacta que debió haber sido entre 08 pm y 12 am, que era el turno que le corresponde realizar al timonel A. Puerto de la Habana, mar en calma, 8 de febrero de 1989. La navegación durante la noche y madrugada transcurrió normalmente. En horas de la tarde del 9 de febrero se realizó una parada de máquinas de una o dos horas para realizar un trabajo en maquinas que el jefe Aguilera quería hacer antes de salir al Atlántico. Se reanudó la marcha sin contratiempos.

Mi camarote quedaba en la cubierta principal por la banda de estribor. En la vertical de arriba hacia abajo quedaba el alerón del puente, el camarote del capitán, camarote del primer oficial y después el camarote que yo ocupaba. En el momento de la colisión yo estaba dormido, había salido de la guardia a las 12 am. En mi camarote se había construido una litera y una cama adicional para albergar a personal de soldadura y paileros que se llevaban como apoyo del taller “Margarito Iglesias” para abaratar los costos de la reparación. Éramos cuatro personas durmiendo en el camarote. Los chalecos salvavidas se encontraban sobre la taquilla donde guardábamos nuestras pertenencias. El camarote con baño dentro y una portilla que daba al frontón del buque en la cubierta principal. La puerta de salida del mismo hacia popa a un pasillo interno de babor a estribor que se conectaba a dos pasillos longitudinales de popa a proa por ambas bandas. A la salida de mi camarote hacia la banda de estribor existía una puerta estanca de daba al pasillo exterior de la banda de estribor que conectaba la cubierta principal con la popa.

A mí lo que me despertó fue el estremecimiento del buque y un rugir ensordecedor que se sentía fuera del camarote. Me tiró de la litera y ya los otros compañeros se bajaban de sus respectivas camas. Me sentí confundido pues cuando entregué la guardia el buque se encontraba a una distancia considerable de tierra. Eso me hizo pensar que no podía ser una varada, pero el estar medio dormido y sentir el estremecimiento y el ruido de inicio no se me ocurrió nada más que ordenar al resto del personal que se encontraba en el camarote que fueran cogiendo los chalecos salvavidas y que salieran hacia la popa del buque.

Cuando salió el último de ellos, ya a mí el nivel del agua me dio por los glúteos. Estiro la mano y tomo una muda de ropa que tenia detrás de la puerta del camarote, ropa de andar en el barco y no tomo mi chaleco. Cuando salí al pasillo interior veo que Miguel Ferrer, el timonel C, venía hacia mí. Le dije que abriera la puerta estanca que daba al pasillo exterior de estribor. En el momento que Miguel abrió la puerta y esta se enganchó en el mamparo en su gancho de seguridad, el buque se escoró a estribor de pronto y metió toda la banda bajo el agua. Para no golpearnos nos sujetamos a unos pasamanos interiores del pasillo y recuerdo que ambos adoptamos una posición paralela a dichos pasamanos, ya que la presión no nos permitía movernos prácticamente. Eso debía haber durado aproximadamente unos 45 ó 50 segundos. Los dos nos miramos en varias ocasiones como preguntándonos qué estaba pasando. Recuerdo que la última vez que nos miramos, ambos quitamos la vista como para no ver lo que vendría después de esos segundos. Fue entonces que me pasó mi vida entera en la mente desde que tenía uso de razón hasta el nacimiento de mis dos hijas, como si pasáramos un libro dejando rodar las hojas por uno de nuestros dedos. Entonces el nivel del agua bajo tal como entró y por la misma puerta salimos los dos. Fue entonces que dedujimos que otro buque nos había colisionado.

Bien próximo a la puerta por donde habíamos salido Miguel y yo, lo que se podía apreciar era una gigantesca mole de hierro que raspaba contra nuestra superestructura generando un ruido del que les comentaba en momentos anteriores. Del roce de ambos buques se generaban unas chispas azules bien largas en toda la línea de rasadura. El buque “Celebration” se encontraba en ese momento en un ángulo aproximado de unos 30 grados con respecto a la dirección que mantenía nuestro buque. Las luces del buque internas se mantenían encendidas en su totalidad, inclusive las que se habían sumergido en el pasillo donde estábamos. El espacio fuera de la popa del “Celebration” se podía observar la silueta oscura de otro buque que al final era la otra parte de nuestro barco navegando en sentido contrario a donde debía quedar nuestra proa.

Salimos en dirección a la popa donde encontramos a los cocineros, uno o dos marineros de cubierta, engrasadores que estaban de guardia en ese momento y al pie de la escalera que daba a la cubierta de botes al primer oficial Abat que se dirigió a nosotros, Miguel y yo y nos dijo “preparen abandono de buque por banda de babor”. Terminé de ponerme el pantalón que tenía en la mano todavía y una camiseta y subimos a la cubierta de botes y comenzamos a intentar soltar y arriar el bote al agua, pero fue imposible: solo salía un pescante, el otro no se movía, al parecer debía haber sufrido una deformación en el momento de la colisión. En ese momento pasaron varias sombras por detrás de nosotros, Ovidio y los dos terceros oficiales, rumbo al puente de mando por la banda de babor y los seguimos.

Entramos por el alerón de la banda de babor. Era una destrucción total en forma de ángulo de la banda de estribor hacia babor. Ya no estaba la consola de navegación, ni el cuarto de derrota, solo la consola de máquinas, Laera se encontraba en el suelo pidiendo ayuda con la pierna derecha prácticamente amputada por debajo de la rodilla. Solo unía la pierna con el cuerpo una hilacha de piel en la parte delantera. Ovidio arrancó una tira de un salvavidas y le hizo un torniquete en el muslo. Lo cargaron entre él y uno de los terceros oficiales. Yo me quedé detrás y Miguel salió delante bajando desde allí a la cubierta de popa. Me cercioro que no quedó nadie en el puente y bajé junto con ellos. Dejamos a Laera en popa y subimos nuevamente a la cubierta de botes, Ovidio pregunta qué pasó con el bote de babor y le explicamos rápidamente. Seguimos a la cubierta del capitán y jefe de máquinas. Entramos por la banda de estribor por una puerta que se encontraba más a popa del área de colisión. Desde que entramos al pasillo interior comenzamos a llamar por el aapitán y los agregados al viaje. No escuchamos respuestas,

Llegamos al camarote del capitán. Era la única puerta que había hacia el pasillo, logramos entreabrir la puerta un poco y no apreciamos más que un amasijo de muebles y hierro. A medio metro del marco de la puerta no se apreció mas nada, ni sangre ni restos de cuerpos. Nos alumbramos con una linterna que tenia Ovidio. El pedazo del buque que quedaba donde estábamos nosotros estaba bastante inestable, nos costaba caminar en ocasiones. Se ordenó intentar tirar al agua el bote de estribor y bajamos uno de los terceros oficiales, Miguel y yo y nos pusimos en funciones de eso. Desde el primer intento el bote salió con los pescantes hacia fuera. Lo tiramos con la lona puesta, los espiches quitados y arranchado para navegación de altura, pasamos un cabo a la cubierta principal y ordenamos que lo pasaran lo más a proa posible y que lo hicieran firme.

La máquina principal todavía funcionaba y se sentía la vibración de las aspas golpeando el agua. El bote se comenzaba a hundir ya que estaba haciendo agua. Los espiches tanto de proa como de popa estaban quitados. Esperé a que una de las olas subiera el bote por el costado del buque y me lancé sobre éste; caí sobre la viga de madera que sostiene la lona elevada en su centro, corté las amarras que sujetan la lona y la comencé a envolver, Comienza a llegar al bote más personal tanto por el agua como desde el barco. Alguien me ayudó a terminar de enroscar la lona y le pedí que me ayudara a lanzarla lo más lejos del bote posible previendo que cuando se arrancara la máquina no se enrredara en la propela. Coloqué el espiche de proa y un maquinista que preparaba el motor del bote para arrancarlo colocó el de popa. El agua llegaba prácticamente a cubrir el volante del motor, se ordenó achicar el bote por todos los medios y los ocupantes comenzaron a hacerlo.

Lo único que mantenía alejado de la propela del buque que aun daba vueltas con fuerza era el cabo de proa del bote, ya que los ganchos de proa y popa del mismo los habíamos quitado cuando achicamos el bote y la marejada comenzó a darnos fuertes golpes en los ganchos de escape. Se colocó la pala del timón y con el agua a mitad de volante del motor del bote se logró arrancar el mismo en una sola oportunidad. Yo me quede en la proa del bote y lo que hice fue pegar el pecho en la misma proa del bote para tener más visibilidad y poder localizar a los compañeros que estaban en el agua todavía, dirigiendo el bote con ambas manos libres hacia una banda o la otra en dependencia de la dirección en que escuchaba los silbatos o gritos de los compañeros. Los tomaba por la agarradera del chaleco y casi los sacaba del agua con una mano.

(continuará)

(*) Timonel A del buque cementero cubano “Capitán San Luis”

Foto: Friendship (shipspoting.com)


5 comentarios so far
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Magnífico y detallado relato que deja constancia, de de una forma más que evidente, de una triste peripecia sufrida por un grupo de curtidos y nobles hombres mar.Unos años antes y navegando desde la República Dominicana hacia Venezuela, otro buque cementero:; el Vencemos I , también se perdía . Quiero recordar que sin dejar supervivientes. El naufragio de este último pudo haberse evitado….
Onelio, aunque hubiese sido mejor que las causas que originaron su impresionante relato, no hubiesen existido y por tanto su escrito; tengo que felicitarlo por la precisión y realismo.

Comentario por Juan Cárdenas

Le agradezco su comentario, les dejo saber que es de todo mi interés recopilar datos precisos desde la construcción del buque hasta su hundimiento para realizar un tributo a todos los marinos que allí estaban y los desaparecidos y como punto central e escogido al buque como tal, toda información que tenga hágala llegar a esta pagina o correo oneliobarrios@hotmail.com.

Comentario por Onelio Barrios Puldon

Hola Sr, Juan Cárdenas
Le escribo pues me llamo la atención una parte de su comentario, que copio textualmente. “Unos años antes y navegando desde la República Dominicana hacia Venezuela, otro buque cementero:; el Vencemos I , también se perdía . Quiero recordar que sin dejar supervivientes. El naufragio de este último pudo haberse evitado….”

Pues si no mal entiendo usted dice que el Naufragio del M/N Vencemos I, no tuvo sobrevivientes. De ser así le quiero negar tal afirmación, pues si hubo supervivientes, Uno de ellos fue mi papá, e incluso hace 5 años, (2009) se llevo a cabo un reencuentro entre los sobrevivientes del naufragio en la Ciudad de Puerto La Cruz.

Referente el artículo de del Naufragio DEL BUQUE CEMENTERO CUBANO “CAPITÁN SAN LUIS” Me ha agradado, pero veo falta parte del relato.

Comentario por Ramiro Vilalobos

¿Y contra quien colisionó el Capitán San Luis?

Comentario por Carlos Arroyo

Si usted lee el artículo, vera contra quien fue

Comentario por jcdl




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