De la mar y los barcos


Nuevo “look” del buque “Empress”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Hemos visto hoy en el puerto de Santa Cruz de Tenerife al buque “Empress” con la nueva imagen corporativa de Pullmantur Cruises, una de las sociedades del grupo Royal Caribbean International.  Este barco está preferentemente orientado al mercado español, portugués e hispano, junto a otros que componen la flota de la citada compañía y todos ellos procedentes de la matriz norteamericana.

Recordamos haberlo visitado en el puerto de Miami, en uno de nuestros viajes a aquella ciudad, cuando ostentaba el nombre de “Nordic Express”. Es un buque de tipo medio, compacto, de pocos espacios abiertos, en el que destaca el salón panorámico “Viking Crown” situado detrás de la chimenea, que es un añadido posterior, pues inicialmente había sido encargado por Admiral Cruises y sobre el proyecto iba a llamarse “Future Seas”.

El buque “Empress”, en su escala de hoy en Santa Cruz de Tenerife

Durante su estancia se realizaron ejercicios de arriado de botes

Construcción número G29 del astillero Alstom Marine Chantiers de l’Atlantique, en St. Nazaire (Francia), el 30 de noviembre de 1988 se procedió a la puesta de quilla y el 25 de agosto siguiente flotó por primera vez. El 31 de mayo de 1990 fue entregado a Royal Caribbean  abanderado en Liberia con el nombre de “Nordic Express”. En 2002 se abanderó en Bahamas y en mayo de 2004 recibió el nuevo nombre de “Empress of the Seas”, que mantuvo hasta marzo de 2008, en que pasó a formar parte de Pullmantur Cruises Empress Ltd., sociedad con sede en Valletta (Malta).

Es un buque de 48.563 toneladas brutas, 26.281 toneladas netas y 5.344 toneladas de peso muerto, en un casco de 210,81 m de eslora total, 30,70 m de manga y 7,30 m de calado. Está propulsado por dos motores Wärtsila Atlas Copco Crepelle 8R32, con una potencia de 16.200 kw sobre dos ejes, que le permite mantener una velocidad de 19,5 nudos. La capacidad de pasaje es de 805 plazas. Código IMO 8716899.

El día permaneció nublado y la salida lo despidió el sol vespertino

Es un barco de tipo medio, alejado de los megacruceros que dominan el sector

El buque maniobra entre puntas tras su salida de la Dársena de Anaga

Fotos: Antonio Sáez

Anuncios


Un buque-escuela llamado “Cisne Branco”
abril 24, 2013, 5:56 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas: , ,

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el puerto de Las Palmas de Gran Canaria se encuentra atracado el buque-escuela brasileño “Cisne Branco”, embajador flotante de la Marina de Guerra de su país, en la primera escala de un largo periplo que le llevará por varios países europeos y en el viaje de regreso en octubre próximo tiene previsto hacer su primera escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife.

El nombre rinde homenaje al himno de la Marina brasileña y en este viaje está al mando del capitán de navío Nelson Nunes, con una tripulación de 58 personas. El programa previsto incluye escalas en puertos de Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Polonia, Noruega, Italia y España, pues en septiembre estará en Barcelona para celebrar un acto de confraternidad con los organizadores de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.

El buque-escuela brasileño “Cisne Branco”, atracado en el Arsenal Militar

Las condiciones meteorológicas adversas encontradas durante el viaje de Natal a Gran Canaria han retrasado la llegada en un día y han ocasionado algunas averías en las conexiones a internet y televisión, que han sido resueltas en su escala en Las Palmas. Dentro de dos semanas el buque estará en Hamburgo y allí participará en la regata internacional que conmemora el 826º aniversario del puerto de aquella ciudad.

Construido en el astillero Damen, en Amsterdam (Holanda), es una repetición del proyecto del buque “Stad Amsterdam”, inspirado en los “clippers” de finales del siglo XIX. Aparejado de fragata de tres palos, le correspondió estrenarse en la conmemoración del quinto centenario del Descubrimiento de Brasil. Desde la puesta de quilla hasta su entrega transcurrieron 15 meses. Puesto en grada el primer bloque el 9 de noviembre de 1998, resbaló por la grada el 4 de agosto de 1999 y se entregó el 4 de febrero de 2000. El 9 de marzo siguiente causó alta en la Lista Oficial de Buques de la Marina de Guerra brasileña y desde entonces desempeña funciones de buque-escuela y embajador flotante.

Desplaza 1.038 toneladas a plena carga y son sus principales dimensiones 76 m de eslora total, 10,50 m de manga y 4,80 m de calado. Despliega 16 velas con una superficie de 2.195 metros cuadrados y el palo mayor mide 46,40 m de altura. Para los tiempos de calma chicha o meteorología adversa dispone de un motor principal de 1.000 caballos de potencia, que le permite mantener una velocidad de 15 nudos. A vela y motor ha alcanzado 17,5 nudos. Tiene hélice transversal a proa para las maniobras en puerto y el barco conjuga la tradición de la vela con la modernidad de la tecnología. Tiene elegancia y finura en sus líneas marineras y es una evocación de una etapa que tanta gloria dio a la historia de la navegación. Un blanco sueño de juventud.

Foto: Manuel V. Samper Diaz



Recuerdos del pasado (II). “Marqués de Comillas”, “Magallanes” y “Habana”, tres barcos referentes de una época

Manuel Marrero Álvarez (*)

Año 1949.- Las tribulaciones sufridas por la Compañía Trasatlántica Española como consecuencia de los estragos de la Guerra Civil, donde la naviera ve considerablemente mermado el número de buques que componen su flota, parecen llegar a su fin. De las 15 unidades de que disponía al comienzo de la contienda, solo quedaron tres en condiciones de navegar: “Marqués de Comillas”, “Magallanes” y “Habana”, pero en este año que comentamos, se incorpora un nuevo barco que dará optimismo y vida a la línea con Centroamérica, que servían los dos primeros supervivientes de forma regular, mientras que el “Habana” lo hacía esporádicamente. En efecto, el 20 de junio a la una de la tarde arriba por primera vez al puerto de Santa Cruz de Tenerife con la insignia de Trasatlántica,  la motonave “Conde de Argelejo” procedente de Cádiz y zarpa a las 10 de la noche con destino a San Juan de Puerto Rico, Ciudad Trujillo (República Dominicana), La Guaira y Habana, después de tomar combustible, agua,  víveres y 20 pasajeros para Venezuela. Más tarde reforzaría el servicio la motonave “Ciudad de Cádiz”, fletada a Trasmediterránea para unos pocos viajes y posteriormente se incrementaría la flota con la compra del “Explorador Iradier” que pasaría a llamarse  “Satrústegui”.

Era el gran auge de la emigración a América, en especial para Venezuela, donde los españoles, italianos y portugueses se lanzan en masa hacia aquellas tierras, imaginando una especie de paraíso, para conseguir mejorar la penosa situación que se vivía en Europa. Los buques salen de Tenerife, último puerto antes de cruzar el Atlántico, abarrotados de pasajeros, teniendo que reservarse los billetes de viaje, con varios meses de antelación y donde los barcos de sus futuros traslados, eran de  un recuerdo imborrable para las miles de personas que salían en busca de la aventura americana,  reflejándose en los muelles la emocionante estampa de los emigrantes sentados sobre sus baúles o maletas de madera repletas de ilusiones, esperando el trasatlántico que les llevaría a esa tierra de promisión.

El trasatlántico “Marqués de Comillas”, en la época de los viajes a Venezuela

Por ello, observando las circunstancias que actualmente rodean nuestras vidas, no podemos por menos que exclamar, ¡Dios mío, quién nos vio!. Cuán hermoso sería que todos conociéramos nuestra reciente historia, para saber que fuimos y de dónde venimos. Conocer la vida y sacrificios de aquellos predecesores que tuvieron que emigrar para mejorar la vida de sus descendientes, significa que jamás podremos agradecer la enorme herencia que nos legaron. Ahora, con la libertad sin límites que nos atribuimos, parece que todo lo merecemos por el solo hecho de existir. Canarias ha estado unida a la emigración con América durante siglos y en la mayoría de los Países, existen allegados de nuestro origen, siendo muy  extraño encontrar familia que no tenga o haya tenido parentesco en el Nuevo Mundo.

Los vapores “Marqués de Comillas” y “Magallanes” eran los referentes españoles de la época y jamás salían con camarotes libres. A pesar de sus años, se distinguían por su seguridad, buen trato de su tripulación y exquisita comida. Además, iban mandados por legendarios capitanes, cuya fama  trascendía más allá de los ambientes marítimos. El primero de los buques tenía a su mando a don Gabriel Roselló Guiscafré, llevando como sobrecargo a don Evaristo Meana Avellanal y el “Magallanes” a don Antonio Buxó Ventayol y de sobrecargo a don José Fano. El Sr. Roselló era una persona de corta estatura, delgado y con pelo rizado y cano. Contrastaba con el Sr. Buxó que era hombre de mayor envergadura y con poco pelo, pero ambos rebosantes de prestigio e inmensa categoría humana.

Gabriel Roselló Guiscafré, capitán del “Marqués de Comillas”

En nuestra primera etapa laboral y aprendizaje, compartiendo estudios y trabajo, recuerdo como un mediodía del 16 de diciembre del año que mencionamos de 1949, el “Marqués de Comillas” llega a Santa Cruz de Tenerife procedente de Cádiz y queda atracado en la sección quinta del muelle Sur, con el fin de realizar las operaciones de  suministro de 900 toneladas de fuel-oil, 600 de agua, víveres y embarque de pasajeros y carga con destino a La Guaira y Habana. Una vez recogidos los documentos a bordo y cuando me prestaba a iniciar mis diligencias de despacho del buque en las diferentes organizaciones, el oficial del portalón  avisa de que el capitán solicitaba mi atención. Miro a la escala y observo cómo el Sr. Roselló baja lentamente la misma y al llegar a tierra me  ruega que lo traslade hasta la salida del muelle, en el taxi que los agentes de la Compañía pone a nuestra disposición.

En el corto trayecto me pide que almuerce con él, en una tasca existente en la calle de San José, de nombre “El Farol”, a la que acude cada vez que su buque arriba a Tenerife. Intento por todos los medios evadirme, principalmente por el enorme respeto que en aquellos tiempos se tiene a la figura de estos Capitanes, pero él insiste y casi me ordena que le acompañe, por lo cual no me queda otro remedio que aceptar su invitación. Quién conoció la tasca “El Farol”, sabrá que era una modesta casa de comidas,  situada a la salida del Muelle Sur,  al comienzo  de la calle de San José, subiendo a mano derecha. El menú fue tan simple como todo lo que rodea a estas personas, servido en una pequeña mesa sin mantel, pero muy limpia: un par de huevos fritos con papas fritas, acompañado de un trozo de pan y un vaso con agua fresca,  que según Don Gabriel Roselló, era el mejor plato que comía, de todos los puertos de escala de su barco. Después, lo dejé  en la terraza del Bar Atlántico tomándose un café y yo  fui a realizar mis funciones de despacho del buque.

Considerando la categoría de los restaurantes del “Comillas” y el prestigio de sus cocineros, pasado el tiempo y con algo más de confianza, le pregunté: “Don Gabriel, ¿pero a bordo no le pueden hacer a usted este simple plato? “No hijo, no; ni las patatas, ni los huevos son los mismos, ni el lugar donde los  como” me contestó. Y así, don Gabriel, sin haberme convencido, continuó visitando la tasca “El Farol”, hasta que cesó en el mando de su buque.

Estampa marinera del trasatlántico “Magallanes”

Don Antonio Buxó, capitán del “Magallanes”, era más campechano. Normalmente las comidas las hacía en el barco, pero seguidamente bajaba a tierra para pasear por la calle del Castillo, entrar en alguna tienda de indios y finalmente sentarse en la terraza del  “Atlántico” a tomarse una taza de té. Desde allí contemplaba el tráfico del puerto, hasta un par de horas antes de la salida,  en que regresaba a bordo.

Queda el tercero de los “supervivientes”, el vapor “Habana” ex-“Alfonso XIII”, que mandaba otro ilustre capitán, como era don Jesús Marroquín Valladares, llevando de primer oficial a don Victoriano Barbarías Amézaga y de sobrecargo a don Joaquín Ríos Valldeperas. El barco después de su transformación en mixto para pasaje y carga, como consecuencia del importante incendio, a todas luces intencionado, declarado en los astilleros de la Naval de Sestao, cubría el servicio con Centroamérica de forma esporádica, ya que con mayor frecuencia realizaba viajes a Baltimore y New York, para llenar sus enormes bodegas con maíz o leche en polvo de Estados Unidos, destinados a puertos peninsulares y canarios.

El vapor “Habana” tuvo el honor de restablecer el servicio España-México, después de más de doce años en que Trasatlántica no tocaba puerto mexicano alguno, debido a que ambas Naciones carecían de relaciones diplomáticas. El 13 de marzo de 1948, el buque entra en el puerto de Veracruz, esta vez al mando del capitán don León Aldámiz Echevarría y su llegada fue un acontecimiento memorable que marcó un hito en la historia reciente y en los sentimientos de los dos pueblos hermanos. Su arribada se produjo después de capear un fuerte temporal, decidiendo el capitán entrar en puerto sin práctico, a pesar de que las condiciones eran todavía adversas.  Al inicio de las operaciones de atraque, una gran multitud invadía no solo el muelle, sino todos los lugares desde donde el barco podía ser visto, acudiendo también más de cinco mil niños con ramos de flores y cadetes de la Escuela Naval,  para dar la bienvenida a la ansiada representación  de la añorada y  lejana España.

El buque mixto “Habana”, atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

México y España continuaron sin relaciones diplomáticas, pero a partir de ese 13 de marzo de 1948, Trasatlántica con sus barcos y sus capitanes, pasaría a ser la figura del embajador deseado para los miles de exiliados y emigrantes que se encontraban con el sufrimiento del aislamiento total de su patria. La naviera española volvía a encender la llama de la esperanza y a reanudar el único contacto verdadero entre las dos naciones.

La historia de las relaciones entre España y México, ha sido una auténtica paradoja, pues mientras sus ciudadanos han mostrado desde siempre un trato personal envidiable, de las mejores entre naciones de habla hispana y los pueblos unidos por seculares vínculos históricos, sin embargo las diplomáticas han estado durante muchos años bastante deterioradas y completamente rotas.

Después de cuarenta años de silencio y tras la muerte del General Franco,  el 28 de marzo de 1977, bajo los gobiernos de Adolfo Suárez por España y López Portillo por la República Mexicana, se reanudan las relaciones diplomáticas, produciéndose el canje oficial de notas en el Salón Napoleón del hotel George V de París.

En 1957 se desguaza el buque “Magallanes” en Santurce, con 30 años de vida sobre sus cuadernas. El buque “Marqués de Comillas” arde en Ferrol y desaparece en 1961, con 34 años de mar. El vapor “Habana” tuvo una  existencia mucho más  larga y azarosa de 58 años, desde aquel mes de septiembre de 1920 en que fue botado en Bilbao como “Alfonso XIII”, con la presencia de los Reyes de España. Fue desguazado en Vigo en  1978 con su último nombre de “Galicia”.

Finalmente, como colofón y homenaje a estos buques, permítanme decir que si la emigración canaria a América fue uno de los capítulos más relevantes acaecidos en nuestro archipiélago en los últimos tiempos, no cabe la menor duda de que la historia de estos tres vapores, forman parte importante de estos acontecimientos, porque fueron el arca de los sueños para muchos miles de isleños que embarcaron en ellos con la mayor ilusión, para ser conducidos por los caminos seguros del mar hasta su destino final en el Nuevo Mundo, donde buscarían esa tierra anhelada de promisión y esperanza.

(*) Delegado de Compañía Trasatlántica Española en Canarias (1984-1993). Miembro de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación.

Fotos: Archivos de Manuel Marrero Álvarez, Vicente Sanahuja (vidamaritima.com) y Juan Antonio Padrón Albornoz (ull.es).



“Cádiz Knutsen”, matrícula naval de Santa Cruz de Tenerife

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En aguas del antepuerto tinerfeño se encuentra fondeado el buque metanero español “Cádiz Knutsen”, que arribó el 19 de marzo procedente de Barcelona y se dirige a Bonny Terminal (Nigeria), para cargar un nuevo cargamento para Unión Fenosa Gas, compañía para la que está fletado a largo plazo. En la foto de Ramón Acosta Merino lo vemos por la amura de estribor, en la placidez de su descanso.

Los buques de la filial española de Knutsen OAS Shipping son clientes asiduos del puerto de Santa Cruz de Tenerife, que es el de su matrícula naval. Esta destacada naviera de origen noruego tiene otros dos buques de la misma serie: “Bilbao Knutsen” y “Sestao Knutsen”, de 138.000 metros cúbicos de carga en tanques de membrana sistema Invar. Son gemelos de los buques “Castillo de Villalba”, “Madrid Spirit” y “Catalunya Spirit”, estos dos últimos procedentes de la flota de Naviera F. Tapias, construidos todos ellos en astilleros españoles. Una etapa que dio una renovada impronta de prestigio tecnológico y que lamentablemente se extinguió.

El buque metanero “Cádiz Kutsen”, visto por la amura de estribor

De modo que Knutsen OAS Shipping y otras compañías que operan contratos para Gas Natural Stream han construido nuevos buques en astilleros de Corea del Sur, desplazando así a la industria nacional. Es el caso de los metaneros nombrados “Barcelona Knutsen”, “Sevilla Knutsen”, “Valencia Knutsen”, “Ribera del Duero Knutsen” y “Castillo de Santisteban”, de 173.000 metros cúbicos de capacidad de carga cada uno de ellos.

El buque que nos ocupa, “Cádiz Knutsen”, tomó forma en el astillero de Izar en Puerto Real (Cádiz), de cuya factoría es la construcción número 103 y se puso a flote el 20 de diciembre de 2002. Entró en servicio el 21 de junio de 2004, fletado en un contrato de 25 años de duración por Unión Fenosa Gas. Este buque fue el encargado de transportar el primer cargamento de gas natural licuado de la planta de Damieta (Egipto), que descargó el 27 de febrero de 2005 en la terminal de regasificación de ENAGAS en Palos de la Frontera (Huelva).

Es un buque de 90.835 toneladas brutas, 27.251 toneladas netas y 68.411 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 284,40 m de eslora total -271 m de eslora entre perpendiculares-, 42,50 m de manga, 25,40 m de puntal y 11,40 m de calado. Está propulsado por dos turbinas de vapor Izar-Kawasaki, con una potencia de 36.000 caballos sobre un eje y una velocidad de 19,5 nudos. Código IMO 9246578.

Foto: Ramón Acosta Merino



Recuerdos del pasado (I). La fiebre emigratoria a Venezuela. Los polizones
marzo 14, 2013, 8:48 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas: , , , ,

Manuel Marrero Álvarez (*)

Corría el año 1950 cuando al amanecer del 23 de enero, se dejaba ver allá a lo lejos por  los macizos de Anaga, un gran barco de casco negro y que según se iba acercando a puerto, mostraba su fealdad. Ya en la bocana,  destacaban sus dos grandes banderas: la española  en popa y la insignia de Trasatlántica en lo más alto del mástil. Era el vapor “Habana”, ex “Alfonso XIII”, que procedía de Nueva York, con un cargamento completo de maíz para Canarias, cuyos habitantes aún sufrían las penurias y las grandes dificultades de la época. El buque venía al mando del prestigioso capitán D. Jesús Marroquín Valladares y estuvo descargando durante cinco días en Tenerife parte del  citado cargamento, continuando el día 28 para Las Palmas a dejar el resto de la partida. Posteriormente se dirigió a Cádiz, donde  efectuó reparaciones en los astilleros de Matagorda, durante una semana.

Tal vez influiría el gran calado que traía para evidenciar que el barco era antiestético y realmente feo, mirado desde el exterior. Sin embargo,  su interior era más bien bello;  había  cierto lujo en su ornamentación y mucha clase en sus escasos salones y comedor. Las maderas finas aparecían en paredes y  mobiliario, complementándose con un  servicio de fonda excelente, siendo la categoría de todos los camarotes,  de primera clase. Pero a pesar de ello, en nada se asemejaba al soberbio trasatlántico “Alfonso XIII”, de seis cubiertas, chimenea grande, levemente caída y con capacidad para 2164 pasajeros y 250 de tripulantes,  que se vio obligado a cambiar de nombre por el de “Habana”, al llegar el nuevo régimen en 1931 y proclamarse la II República española, que llevó al exilio al Rey Alfonso XIII.

El trasatlántico “Habana”, después de su fea reconstrucción en EE.UU.

Era un barco de muy mala suerte, ya que siempre tuvo como aliada las desgracias. Durante su construcción sufrió un voraz incendio que demoró su entrega en tres años. La guerra civil española le obligó a soportar las más cruentas vicisitudes y más tarde, mientras  efectuaban trabajos  en los astilleros de la Naval de Sestao, se desató otro devastador incendio, con toda seguridad provocado como el anterior en su construcción, que destruyó totalmente la acomodación del pasaje. Posteriormente fue convertido en buque de carga y después en mixto, con camarotes para 116 pasajeros y 84 tripulantes, tal como lo estábamos contemplando en esos instantes. El resto lo componían grandes bodegas de carga.

En la mañana del 12 de febrero de 1950, una vez finalizada su recorrida en la factoría de Matagorda, el buque inicia su nuevo itinerario zarpando  de Cádiz  con destino a Santa Cruz de Tenerife, para realizar operaciones de toma de combustible, agua,  víveres y embarcar 59 pasajeros para el puerto venezolano de La Guaira. Durante la travesía, el capitán Marroquín Valladares, recibe un radio de la dirección de los astilleros gaditanos, informando que les faltan tres operarios y que se sospecha pudieran estar a bordo como polizones.

Dado que el barco tenía que ser desratizado en Tenerife antes de partir para América, por orden de la autoridad sanitaria y como consecuencia del cargamento de maíz traído en el viaje anterior, se extremó la búsqueda durante los dos días que duró la travesía, interviniendo en ello la mayor parte de la tripulación, avisando mediante megáfono del peligro que corrían, caso de encontrarse a bordo. No hubo respuesta alguna, resultando infructuoso todo intento de localización de los mismos.  El 14 de febrero a las 6 de la mañana, el buque quedó atracado en la sección quinta del muelle Sur  y dos horas más tarde se personaron en el barco los funcionarios del servicio de Sanidad Exterior para preparar lo necesario y proceder a la desratización exigida. El barco fue evacuado y las bodegas precintadas.

A las seis de la tarde del citado día 14, cumplido el tiempo para el total exterminio de las posibles ratas y ratones a bordo, se abrieron nuevamente las bodegas, apareciendo allá, en el sollado de las mismas, los tres infelices, muertos, quienes tal vez al sentir los efectos del gas venenoso que acabaría con sus vidas, salieron del ilocalizable escondrijo elegido, que no era otro que un difícil hueco en la sentina, habilitado por ellos mismos durante la reparación del buque en los citados astilleros gaditanos.

El veterano capitán Jesús Marroquín, con los ojos llenos de lágrimas, sollozó: “¡Dios mío, que esta desgracia me haya ocurrido a mí, en el último viaje de mi vida!”. Efectivamente, al regreso de América se jubiló y pasaría el resto de su vida en su domicilio de Cádiz, sin poder olvidar jamás la macabra imagen de aquellos tres desgraciados polizones, tres jóvenes que iban en busca de una vida mejor, y la permanente pesadumbre porque pensaba que posiblemente  se pudo haber hecho algo más para evitar sus muertes. El buque zarpó el 15 de febrero a las 16,00 horas con destino a La Guaira, después de embarcar los ya citados 59 pasajeros  para Venezuela, cuyo despacho fue efectuado por el cónsul D. Roberto Vivas Salvador, persona de grato recuerdo en Tenerife,  que unía a su juventud,  un trato exquisito y alta preparación para el cargo. En los años que estuvo al frente del Consulado, facilitó la salida de miles de canarios hacia su País,  que huían de la miseria y el paro, como consecuencia de la tremenda crisis por la que atravesaba el archipiélago. Era un hombre culto; leía mucho y sentía  gran afición por la pesca, además de poseer el mayor y más espectacular “carro”  americano que circulaba por Santa Cruz en aquellos días.

Los polizones en la época de los años cincuenta a que nos referimos, eran jóvenes en edad de prestar el servicio militar y los “tradicionales” que carecían de medios económicos para sufragar el billete de pasaje. Normalmente, los primeros, con recursos, pagaban a bordo y se quedaban en destino legalizando posteriormente su situación en el país. Los segundos, regresaban casi siempre en el mismo barco y eran entregados a las autoridades de Marina. Naturalmente nos referimos a los buques de línea regular.

Teniendo en cuenta que el delito que cometían era el fraude a la compañía transportadora, el juez de Marina, una vez que el polizón había prestado declaración, pasaba escrito a la Naviera preguntando el precio del pasaje y si el armador renunciaba al importe del mismo. Estos solían contestar siempre con similar modelo de redacción, “que no renunciaban a la indemnización que pudiera corresponderles, advirtiendo que esta decisión no se hacía con ánimo de lucro, sino colaborar en el intento de acabar con este tipo de irregularidades”.

“Begoña” y “Montserrat” coinciden en Santa Cruz de Tenerife

Otro viaje espectacular sobre polizones, aunque no dramático como el anterior,  ocurrió a bordo de la turbonave “Montserrat”, que zarpó del puerto de Santa Cruz de Tenerife a medianoche del 25 de julio de 1960 con destino a La Guaira (Venezuela). El buque iba al mando del capitán-inspector de Trasatlántica, don Víctor Pérez  Vizcaíno y al día siguiente de la salida, le informan que se habían localizado  cuatro polizones. Más tarde, que habían aparecido seis más y así hasta la friolera suma de 27, entre hombres mujeres y dos niños de corta edad. Todos embarcados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y pertenecientes a los pueblos de Santa Úrsula y La Matanza de Acentejo, en el norte de la Isla.

¿Cómo subieron a bordo?. Dijeron que por la escala real, o lo que es igual como Pedro por su casa”. Extraño, porque siempre había dos oficiales y otros tantos marineros en el portalón, con severas órdenes de no dejar pasar visitante alguno. En el puerto de La Guaira coincidió el  “Montserrat” con el “Virginia de Churruca” de la misma Compañía, que regresaba a Tenerife y para evitar el viaje largo del primero de los buques, todos los polizones fueron trasbordados al “Churruca”, siendo alojados la mayoría de ellos en la Enfermería del buque, por carecer de camarotes libres. Su corta aventura finalizó, como no podía ser de otra manera, pero pudieron decir que habían pisado tierra venezolana, porque pasaron de un barco a otro, andando por el muelle, aunque custodiados por la policía local.

Al llegar a Santa Cruz de Tenerife y para transportarlos hasta la Comandancia de Marina, donde prestarían la consabida declaración, se solicitó el servicio de un furgón municipal, perteneciente al Ayuntamiento de Santa Cruz, que en la época se le conocía popularmente como “la chivata”. En esta ocasión, por lo especial y humanitario del caso, ya que muchos de ellos formaban grupos familiares, la compañía no hizo uso de sus derechos a reclamación alguna, pasando todos a sus domicilios respectivos.

Fotos: Archivo Manuel Marrero Álvarez

(*) Delegado de Compañía Trasatlántica Española en Canarias (1984-1993). Miembro de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación



El buque frutero “Burgos” (1954-1968)
marzo 5, 2013, 9:45 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas: , , , , ,

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A mediados de la década de los años cincuenta, cuando el servicio frutero de la línea de Canarias estaba de nuevo en su apogeo después del quebranto ocasionado por la Segunda Guerra Mundial, Fred. Olsen & Co. tenía en servicio dos unidades de nueva construcción –“Bruno” y “Bencomo” – y, además de los tres supervivientes de la clase “Bajamar” reforzó su flota con la adquisición de otros buques de segunda mano.

En junio de 1954 se produjo la incorporación del buque “Burgos”, al que vemos atracado en el muelle Norte del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en una foto del archivo de Juan Antonio Padrón Albornoz. Es un barco poco conocido en la historia de la exportación frutera de Canarias –en realidad estuvo algunas campañas como unidad de sustitución o refuerzo–, aunque formó parte de la flota de Fred. Olsen & Co. por espacio de catorce años.

El buque “Burgos”, atracado en el muelle norte del puerto tinerfeño

Construido en el astillero Lindholmens Varvet, en Goteborg (Suecia), entró en servicio en julio de 1947 bautizado con el nombre de “Powell River” y contraseña de la compañía A/S Abaco Aruba Astrea & Noruega, ocupándose de su gerencia el naviero noruego Leif Hoegh, que lo adquirió en propiedad en 1950 y lo rebautizó “Hoegh Mouette”.

En 1954 lo compró Fred. Olsen & Co. en unión de sus gemelos “Bérgamo” y “Bolzano”, construidos en el mismo astillero y de la misma procedencia y los tres fueron registrados a nombre de la sociedad Den Norske Middelhavlinje, que era una de las compañías del naviero noruego. En 1968 el buque “Burgos” se vendió a la Cia. Marítima Meteorvi y, abanderado en Grecia, recibió el nuevo nombre de “Honesty”. En 1972, sin cambiar de nombre, pasó a la propiedad de Glyfos Comercial Shipping Co. y en 1976 a Sincerity Shipping Co. y primero recibió el nuevo nombre de “Destiny”, pues en ese mismo año pasó a llamarse “Spica”, figurando como propiedad de la citada Glyfos Comercial Shipping Co. Ltd. En mayo de 1979 arribó a Karachi, donde se procedió a su desguace.

De 1.658 toneladas brutas, 901 toneladas netas y 3.000 toneladas de peso muerto, medía 92,10 m de eslora total –88,36 m de eslora entre perpendiculares–, 13,16 m de manga. Estaba compartimentado en cuatro bodegas con otras tantas tapas de escotillas atendidas por ocho puntales. Un motor diesel de dos tiempos y seis cilindros, que le daba 13 nudos de velocidad. Código IMO 5055517.

Foto: Juan Antonio Padrón Albornoz (Universidad de La Laguna)



Desguace del petrolero español “Arteaga” (1990-2007)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Se ha ido de la mar para siempre el petrolero “Arteaga”, segundo de este nombre que enarboló la contraseña de PETRONOR, pues el primero, como conocen nuestros lectores, desguazado hace ya algunos años, fue en su momento el mayor buque construido en España y el mayor del mundo en su clase construido sobre grada.

Para su último viaje lo hizo con el nombre de “Energy” y hasta que se decidió su desguace había navegado como “Ocean Energy” y contraseña de la sociedad Rosaceae Overseas SA PT (gerencia de PT Arpeni Pratama Ocean Line Tbk), abanderado en St. Kitts & Nevis. El 30 de diciembre de 2012 arribó a los “roads” de Chittagong y el día de San Silvestre fue varado en la orilla y poco después comenzó su desmantelamiento.

Por espacio de 17 años este buque navegó enarbolando bandera española y portuguesa. A finales de 1987, PETRONOR contrató con Astilleros Españoles la construcción de dos petroleros tipo “suez-max”, previéndose su entrega para finales de 1990. Bautizados con los nombres de “Arteaga” y “Butrón”, entraron en servicio en noviembre de 1990 y abril de 1991, ocupándose  de su explotación Naviera del Golfo de Vizcaya.

Construcción número 52 de la factoría de AESA en Puerto Real, era un buque de 77.399 toneladas brutas, 42.585 toneladas netas y 140.189 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 274,30 m de eslora total -265 m de eslora entre perpendiculares-, 43,24 m de puntal, 23,80 m de manga y 15,70 m de calado. Podía cargar 166.695 metros cúbicos en seis tanques y estaba propulsado por un motor Burmeister & Wain 5S70MC, con una potencia de 18.552 caballos sobre un eje y una velocidad de 15 nudos. Código IMO 8716370.

El petrolero “Arteaga”, en aguas de Brasil

Reconvertido en “bulkcarrier” con el nombre de “Ocean Energy”

En octubre de 1997 ambos buques, así como la citada compañía, fueron vendidos a Ondimar Transportes Marítimos (gerencia de Ibaizábal Management Services), una sociedad de la familia Aznar, de Bilbao, y abanderados en el segundo registro de Madeira. Según publicó la prensa nacional entonces, la decisión de venta de la citada compañía naviera y de los buques propiedad de PETRONOR estaba motivada por las circunstancias del mercado de fletes, que hacía innecesario el mantenimiento de una flota propia para garantizar la cobertura de las necesidades de transporte, además de que, en la nueva estrategia de las compañías refinadoras, al tratarse de un elemento principal, aconsejaba prescindir de una actividad tan específica y económicamente arriesgada y ponerla en manos de compañías especializadas.

Los petroleros “Arteaga” y “Butrón” estuvieron otros cinco años fletados por PETRONOR. En abril de 2005, el buque de esta historia embarrancó en las proximidades del puerto de Dalian (China) con un cargamento de caso 120.000 toneladas de crudo. Pudo ser reflotado después de aligerar parte de la carga y entró en dique seco para efectuar reparaciones.

Hasta noviembre de 2007 ambos buques enarbolaron la contraseña de Ondimar. Al tratarse de petroleros monocasco su operatividad en determinados países estaba cada vez más limitada, por lo que se decidió su sustitución por dos nuevos petroleros de doble casco llamados “Monte Toledo” y “Monte Granada”, a los que se sumó uno tercero, de segunda mano, llamado “Monte Umbe”.

Vendido en 54 millones de dólares a la citada compañía indonesia, el petrolero “Arteaga” inició una nueva etapa en el primer cuatrimestre de 2008 reconvertido en “bulkcarrier” tipo “capesize” –en la prensa especializada se publicó la intención de transformarlo en FPSO–, solución que también se ha dado a otros muchos petroleros cuya vida útil todavía podía prolongarse unos años.

Fotos: Rogério Cordeiro y Nasution (www.shipspoting.com)