De la mar y los barcos


Fotos marineras. A bordo del buque “Ciudad de Teruel” (1974)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Las motonaves “Ciudad de Huesca” y “Ciudad de Teruel” navegaron en dos etapas en los servicios interinsulares de Canarias. Fueron unos barcos muy apreciados, con capacidad para 230 pasajeros repartidos en las tres clases tradicionales. El origen de estas unidades se remonta al proyecto del tipo L del Plan de Nuevas Construcciones de la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante. Se trata de buques diseñados inicialmente para atender los servicios intercoloniales de la Guinea española, aunque después fueron modificados para su reconversión en unidades mixtas destinados a tráficos de soberanía nacional.

El 15 de noviembre de 1949 se concedió la autorización para la construcción de ambos buques, cuyo contrato fue firmado con el astillero Hijos de J. Barreras, en Vigo. Números de grada 1.020 y 1.021, fueron los primeros barcos mixtos de pasaje y carga construidos en dicha factoría y recibieron los nombres de “Huesca” y “Teruel”. La quilla del segundo de ellos fue colocada el 5 de septiembre de 1952 y botado el 31 de mayo de 1954 con el ceremonial acostumbrado, actuando de madrina la esposa del director del Instituto de Crédito para la Reconstrucción Naval. Fecha memorable aquella para la Empresa Nacional Elcano, pues ese mismo día se procedió a las botaduras de los buques “Playa de Formentor” en el astillero Unión Naval de Levante, en Valencia; “Okume”, en el astillero de la Empresa Nacional Bazán, en Cádiz; y “Almirante M. Vierna”, en el astillero de la Empresa Nacional Bazán, en Ferrol.

Estampa marinera del buque “Ciudad de Teruel”. Era un barco bonito

El buque “Huesca” fue entregado el 30 de junio de 1954 y a continuación realizó cuatro viajes turísticos. El primero, con escalas en puertos del Protectorado español y Levante; y los tres restantes, de una semana de duración cada uno, entre Barcelona y Baleares con escalas en Pollensa, Formentor, Palma de Mallorca e Ibiza. El organizador fue Viajes Marsáns. El 1 de septiembre siguiente el citado buque pasó a cubrir la línea semanal Alicante-Orán, que se completó como un mini-crucero con extensión a Baleares y después pasó a cubrir la línea Málaga-Melilla y en alguna ocasión fue a Tánger.

El buque “Teruel” fue entregado el 29 de marzo de 1955 y en su viaje inaugural realizó un crucero con escalas en Lisboa, Tánger y Sevilla. Después pasó a cubrir la línea Málaga-Melilla y en mayo de ese mismo año ambos barcos fueron adquiridos por Compañía Trasmediterránea y rebautizados “Ciudad de Huesca” y “Ciudad de Teruel”, respectivamente. Fue la primera y única vez que las mencionadas provincias de Aragón tuvieron barcos con sus nombres, lo mismo que el ferry “Ciudad de Zaragoza”, que llegó bastantes años después, cuando fueron adquiridos a Naviera Aznar los buques “Monte Corona” y “Monte Contés”.

El oficial radioelectrónico José Miguel Mandillo Roig y el marinero de guardia, René, en el puente del buque “Ciudad de Teruel”

En la foto que acompaña vemos al oficial radioelectrónico José Miguel Mandillo Roig y al marinero de guardia, José Santana René, en el puente de mando del buque “Ciudad de Teruel” –capitán, Luis Segarra Badillo–, navegando en los servicios interinsulares de Canarias en el verano de 1974. De primer oficial estaba José Luis Delisau Rodríguez y de segundo oficial, Lorenzo Suárez Alonso, que fue quien tomó la foto.  

El buque “Ciudad de Huesca” –que en octubre de 1975 participó en la evacuación del Sahara– volvió a Baleares en su última etapa y causó baja en octubre de 1979, lo mismo que su gemelo “Ciudad de Teruel”, siendo ambos vendidos para desguace. El primero, en 8,7 millones de pesetas, fue desmantelado en Gandía y el segundo, en 9,5 millones de pesetas, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Los trabajos dieron comienzo en noviembre de 1979 y enero de 1980.

Fotos: Trasmeships y José Miguel Mandillo Roig



“Ibn Batouta”, primer ferry de Marruecos

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Por espacio de 32 largos años, el ferry “Ibn Batouta” fue el genuino protagonista de la compañía marroquí Limadet, acrónimo de Lignes Maritimes du Detroit, sociedad participada entonces por Compañía Trasmediterránea. Este buque fue, además, el primero de su clase que tuvo la Marina mercante de Marruecos y su estampa marinera formó parte del espacio marítimo del área del Estrecho hasta que llegó la hora de su relevo.

Rendía homenaje a la figura de Shams ad-Din Abu Abd Allah Muhammad ibn Muhammad ibn Ibrahim al-Luwati at-Tanyi, más conocido como Ibn Battuta (1304-1368 ó 1369), viajero y explorador de la época de la dinastía Meriní, nacido en Tánger. Es el más conocido de los grandes viajeros árabes. Su periplo por el Oriente duró unos veinte años y dejó un relato con gran detalle en una crónica dictada al estudioso granadino Ibn Yuzayy, a instancias del sultán marínida. Casi todo lo que se sabe de su vida procede de este texto que, aun siendo fantasioso o exagerado en algunos puntos, es el retrato más fiel que existe de la parte del mundo de entonces. Contemporáneo de Marco Polo, en su viaje recorrió el oeste, centro y norte de África, parte del sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China.

Estampa marinera del ferry marroquí “Ibn Batouta”

El primer “Ibn Batouta” era un buque de proyecto nórdico y factura francesa. Construcción número 179 del astillero de La Seine-Maritime, fue botado el 10 de marzo de 1966 y entró en servicio el 15 de julio siguiente en la línea Málaga-Tánger. Era un ferry puro con una estampa marinera bien proporcionada y dos chimeneas paralelas. Así transcurrieron varios años, hasta que a mediados de la década de los setenta pasó a cubrir la línea Tánger-Algeciras, de la que saló excepcionalmente para hacer algunos viajes de peregrinación a La Meca. El incidente más notable de su vida marinera fue una colisión con el buque norteamericano “Yellowstone”, acaecido el 12 de junio de 1978.

El incremento del tráfico marítimo en la zona del Estrecho y la necesidad de sustituir al veterano “Ibn Batouta”, determinó la decisión de construir el ferry “Ibn Batouta 2”, cuyo contrato fue firmado con el astillero Hijos de J. Barreras, en Vigo. Estuvimos presentes en su botadura y entró en servicio en abril de 1993. Cinco años después pasó a la propiedad de Compañía Trasmediterránea y fue rebautizado “Ciudad de Tánger”. Volvimos a verlo en marzo de 2002 cuando pasó a cubrir la línea Los Cristianos-La Gomera con el nuevo nombre de “Isla de La Gomera” y presenciamos su vergonzosa retirada, en mayo de 2004, cuando fue vendido a la compañía croata Jadrolinija. Desde entonces navega con el nombre de “Zadar”.

En su segunda y última etapa ostentó el nombre de “Valentina”

Después de varios meses de amarre, en junio de 1998 el primer “Ibn Batouta” fue vendido a la sociedad Bright Eclipse y abanderado en Sao Tomé con el nuevo nombre de “Valentina”. Por entonces había tomado el relevo el ferry “Ibn Batouta”, ex “Antrim”, ex “St. Christopher”, un ferry típico del canal de la Mancha, construido en 1981.  Sus nuevos propietarios tenían el proyecto de ponerlo en servicio en una línea regular entre Grecia e Italia, pero no se llevó a efecto. En septiembre de 1998 el buque fue detenido en el puerto de El Pireo acusado de contrabando de personas y como quiera que la situación no se resolvía, finalmente fue vendido para desguace. En noviembre de 2001 llegó a Aliaga (Turquía), donde se procedió a su desmantelamiento.

De 2.890 toneladas brutas, 1.398 toneladas netas y 935 toneladas de peso muerto, medía 93 m de eslora total, 16,62 m de manga y 4 m de calado. Estaba propulsado por cuatro motores MAN, con una potencia de 6.470 kw., que accionaban dos ejes y le permitía mantener una velocidad de 18 nudos. Tenía capacidad para 1.200 pasajeros –de ellos 28 en camarotes– en dos cubiertas y un garaje para 150 coches y 180 metros lineales de carga rodada. Código IMO 6611095.

Fotos: FotoFlite (archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo) y Panteleimon Lelekis



“Ciudad de Oviedo”, matrícula naval de Valencia

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A comienzos de la década de los años cincuenta, la línea del Cantábrico-Canarias de Compañía Trasmediterránea estaba atendida por cuatro buques anteriores a la guerra civil: “Roméu”, “Escolano”, “Capitán Segarra” e “Isla de Tenerife”. Se movía bastante carga entonces entre los puertos del norte de España y Canarias y el tránsito de pasajeros era menor. En 1953, la naviera presidida por Ernesto Anastasio Pascual consideró la necesidad de una mejora en el servicio y encargó el proyecto de un buque mixto, con una capacidad de bodega suficiente y una cámara de pasaje moderada, en torno al centenar de plazas.

El primer proyecto se materializó en la construcción del buque “Ciudad de Oviedo” y aunque estaba previsto repetirlo en otras dos unidades, los siguientes fueron modificados y alargados. Contratados en julio de 1956, tardaron en construirse seis y ocho años, respectivamente, pues entraron en servicio en 1962 y 1964 bautizados con los nombres de “Villa de Bilbao” y “Ciudad de Pamplona”. El retraso se debió, por una parte, al contencioso entablado entre Trasmediterránea y la Administración a cuenta del tipo de motores propuestos –sobrealimentados de menor peso y consumo y mayor potencia– y la prioridad que la compañía pretendía darle a los buques destinados a los servicios interinsulares canarios, construidos en el primer tercio de la década de los sesenta [1].

Botadura del buque “Ciudad de Oviedo” en el astillero de Valencia

Respecto del buque “Ciudad de Oviedo”, el contrato fue firmado con el astillero de Unión Naval de Levante, donde tomó forma la construcción número 61, cuyo primer bloque de quilla fue puesto en grada en mayo de 1955. El 28 de julio de 1956 fue botado con el ceremonial acostumbrado, actuando de madrina Carmen Pichot, esposa del ministro subsecretario de la Presidencia, Luis Carrero Blanco, también presente en el acto y la bendición del obispo auxiliar de Valencia,  monseñor Jacinto Argaya.

El 8 de enero de 1957 se efectuaron las pruebas de mar oficiales en aguas de Valencia. A bordo, formando parte de la comisión oficial, estaban Leopoldo Boado Endeiza, director general de Navegación; el comandante militar de Marina, el ingeniero inspector de buques, Patricio Rodríguez Roda; el inspector general de Compañía Trasmediterránea, Francisco Serra Serra y el delegado del Estado en la naviera, almirante Fernando de Abárzuza. A su término, y verificados los parámetros establecidos en el contrato, se procedió a la entrega formal del nuevo buque, cuyo coste ascendió a 140,6 millones de pesetas.

Estampa marinera del buque “Ciudad de Oviedo”

Era un barco bonito, bien proporcionado, enmarcado en un casco de acero naval soldado y remachado, de proa lanzada y popa de crucero, con superestructura central y una chimenea baja. Clasificado por el Lloyd’s Register of Shipping con la máxima anotación + 100 A1, tenía tres cubiertas y siete mamparos estancos –cinco hasta la cubierta principal y dos hasta la cubierta superior–, ocho compartimentos estancos y un doble fondo corrido de proa a popa con espacio de máquinas a mayor altura [2].

De 5.251 toneladas brutas, 3.039 toneladas netas y 4.581 toneladas de peso muerto, desplazaba 8.180 toneladas a máxima carga. Medía 115,62 m de eslora máxima –106,10 m de eslora entre perpendiculares–, 15,60 m de manga, 8,47 m de puntal y 7,57 m de calado máximo. En sus primeros años de mar podía alojar a 90 pasajeros en las tres clases tradicionales, a razón de treinta en cada una de ellas. En 1970 sería ampliada a 133 pasajeros y la tripulación constaba de 70 hombres.

Pauta de acomodación del buque “Ciudad de Oviedo”

“Las instalaciones destinadas al pasaje, provistas todas de aire acondicionado y arregladas con buen gusto y confort. Predominan los colores alegres en todos los departamentos a disposición de los viajeros. La sala de reunión correspondiente a la primera clase, en la que va instalado el bar, ha sido muy bien lograda, con original mobiliario en dos tonos de color y magnífica visión desde cualquier ángulo. En primera clase puede transportar 30 pasajeros en camarotes de una sola cama (algunos con baño privado), de dos camas y algunos de tres, disponiendo además de dos cabinas de lujo y otras dos de semilujo. Otras 30 plazas corresponden a la segunda clase e igual número a la tercera. Repetimos a que todos estos departamentos llega el aire acondicionado.  La tercera es de lo mejor que hemos visto en buques de esta clase, con camarotes de tres y cuatro plazas y un buen número de cuartos higiénicos. Un elegante comedor se ha previsto para el pasaje de tercera, mientras los pasajeros de primera y segunda disponen de un comedor común, con mobiliario color ‘país’ y alegres tapizados y lámparas. Las decoraciones de la sala de reunión y del comedor han sido muy bien estudiadas y dentro de su sencillez resultan no solamente atractivas, sino algo más. Se trata, en resumen, de una unidad que honra a nuestras Marina Mercante y representa un paso importante en la tarea que se ha impuesto la Trasmediterránea de mejorar los servicios de soberanía a su cargo, modernizando la flota y abreviando la duración de la travesía, cosa tan importante” [3].

“Ciudad de Oviedo”. Salón de estar y biblioteca

“Ciudad de Oviedo”. Fumador y sala de fiestas

“Ciudad de Oviedo”. Hall principal

“Ciudad de Oviedo”. Veranda

“Ciudad de Oviedo”. Bar

“Ciudad de Oviedo”. Veranda

“Ciudad de Oviedo”. Comedor de primera y segunda clase

“Ciudad de Oviedo”. Camarote doble de lujo

Estaba compartimentado en cuatro bodegas, situadas dos a proa y dos a popa de la superestructura central. La cubicación de éstas era de 2.170 metros cúbicos en grano y 1.920 metros cúbicos en balas. En los entrepuentes, la cubicación era de 4.228 metros cúbicos en grano y 3.748 metros cúbicos en balas. Disponía también de dos cámaras frigoríficas, situadas una en la bodega número dos entrepuente tercero, de 109 metros cúbicos y otra en la bodega número dos entrepuente segundo, de 118 metros cúbicos. Cerradas por cuatro escotillas, disponía de dos chigres de cinco toneladas y seis de tres toneladas, así como una pluma de 20 toneladas y una abra de 7,50 m. De su estampa marinera llamaba la atención los dos palos bípodes.

Propulsado por un motor Burmeister & Wain tipo 774-VTF-140 –fabricado, bajo licencia, en la factoría de La Maquinista Terrestre y Marítima, en Barcelona–, siete cilindros de 740 mm de diámetro y 1.400 mm de carrera, dos tiempos, simple efecto, de cruceta y dos soplantes de tipo rotativo, con una potencia de 6.125 caballos a 125 revoluciones, que le permitió alcanzar una velocidad de 17,60 nudos en las pruebas de mar [4].

En su viaje inaugural, el buque “Ciudad de Oviedo” zarpó del puerto de Valencia [5] –el de su matrícula naval– en viaje a Alicante y Las Palmas de Gran Canaria, a donde arribó el 26 de enero y descargó mil toneladas de trigo que había cargado en el puerto alicantino. En el tramo entre los mencionados puertos invirtió 49 horas, manteniendo una velocidad media de 17 nudos. Venía al mando del capitán Blas Irazola, que hasta hacía unos meses había mandado el buque “Roméu”. Aniceto Mansito Rodríguez, natural de Tenerife, era primer oficial de puente; José Bruguera Batllori, segundo oficial y Manuel de Pazos Lozano, tercer oficial. Andrés Olivera Martínez era el mayordomo [6].

El buque “Ciudad de Oviedo”, en sus pruebas de mar

El 31 de enero salió en viaje a Santa Cruz de Tenerife, Vigo y Bilbao, cabecera de la línea, cargado de plátanos, con una escala el 6 de febrero en Gijón, donde recibió los honores de la capital del Principado de Asturias. El alcalde ovetense, Fernando Beltrán Rojo, hizo entrega del pendón de la ciudad al capitán Irazola, en presencia del presidente de Compañía Trasmediterránea, Ernesto Anastasio Pascual. En el emotivo acto también estuvieron presentes, entre otras autoridades, el gobernador civil de Asturias, Francisco Labadíe Otermín y el alcalde de Gijón, José García Bernardo de la Sala [7].

El 13 de febrero zarpó de Bilbao en su primer viaje comercial tomando el relevo del veterano “Plus Ultra”, que pasó a cubrir la línea de Sevilla en unión del buque “Ciudad de Palma” y en la que sustituía al buque “Ciudad de Alicante”. El día antes recibió a bordo la visita oficial de las primeras autoridades de Vizcaya [8]. La incorporación del nuevo buque causó una grata impresión en cada uno de los puertos de su itinerario y creció el interés del pasajero por viajar en este barco, sobre todo en la temporada de verano.

Sin embargo, cuando llevaba dos meses en servicio, el buque “Ciudad de Oviedo” pasó a cubrir la línea rápida Barcelona-Canarias en sustitución del “Ciudad de Cádiz” [9] –al que tocaba entrar en astillero durante una temporada– y en septiembre siguiente fue destinado a la línea de Guinea Ecuatorial, por lo que la línea del norte volvió a quedar a cargo de los cuatro barcos históricos ya mencionados, con el refuerzo de buques cargueros alquilados a Cofruna llamados “Almadén” y “Almazán”, así como el buque “Villafranca”, de la Empresa Nacional Elcano y de similares características a éstos. Ocasionalmente también prestó servicios en la línea Sevilla-Cádiz-Canarias y la primera ocasión se produjo en el verano de 1960.

“Ciudad de Oviedo”, escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

No llevaba todavía un año en servicio cuando le tocó hacer su primer viaje extraordinario, relacionado con las operaciones militares de la guerra Ifni-Sahara. El 29 de noviembre de 1957 embarcó en el puerto de Cádiz al Batallón Expedicionario del Regimiento Castilla 16, compuesto por 756 hombres al mando del comandante José Carapeto Salgado, que había llegado por ferrocarril desde Badajoz. El 1 de diciembre siguiente el contingente desembarcó en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria y ocho días después los expedicionarios continuaron viaje a Villa Cisneros, a bordo de la corbeta “Descubierta” [10]. Tenía como misión la garantía contra cualquier acción enemiga en la península de Río de Oro. Los militares realizaron diversos reconocimientos sobre el istmo y las zonas del norte, El Aargub, Aguerguer, Graet Mansur y otros enclaves, con un saldo de tres muertos y nueve heridos. El 3 de junio emprendió el viaje de regreso a Cádiz.

Otro viaje especial comenzó el 7 de junio de 1958, cuando embarcó a la Unidad Especial de Zapadores Anfibios del Tercio de Baleares. Ésta había llegado a la cabeza de playa de El Aaiún el 21 de diciembre de 1957 a bordo del minador “Neptuno”. En los seis meses siguientes, la citada Unidad, al mando del capitán Antonio Gorordo Álvarez (IM) realizó en las playas del África Occidental Española continuas misiones de reconocimiento de playas y demoliciones de obstáculos para abrir canales de acceso a las lanchas de desembarco, así como operaciones de recuperación de equipos caídos a la mar durante los transbordos y de anclas y cadenas [11]. En el viaje de regreso fueron desembarcados en el puerto de Cádiz.

El buque “Ciudad de Oviedo”, en aguas del puerto de Barcelona

El 7 de agosto de 1958, el buque “Ciudad de Oviedo” hizo su primera escala en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria en la línea de Guinea Ecuatorial. Dicha línea tenía su cabecera en Bilbao y hacía escalas en Pasajes, Santander, Gijón, Vigo, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, a donde llegó el 1 de febrero. Después continuaba a Monrovia, Santa Isabel, San Carlos, Bata y comenzaba el viaje de regreso con escalas en Santa Isabel, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Cádiz, antes de continuar al Cantábrico o el Mediterráneo, según fuera el itinerario.

En los viajes de ida y vuelta, cuando el tiempo lo permitía, así como durante la estancia en Bata, en el palo de popa situado entre las bodegas tres y cuatro se extendía una pantalla que servía para proyectar películas al aire libre por la noche. Durante la estancia en San Carlos, el buque fondeaba y a popa se colocaba una escala por la que se accedía a un pequeño embarcadero. Las operaciones de carga y/o descarga se hacían por medio de gabarras, lo mismo que en Bata.

Estampa marinera del crucero pesado “USS Macon”

En la noche del 19 de enero de 1959, a las 21,20 h, casi hora y media después de su salida del puerto de Valencia, el oficial de guardia divisó por la amura de babor un buque en llamas distante a unas cinco millas. El capitán ordenó cambiar el rumbo hacia la posición donde se encontraba para prestarle auxilio. En las proximidades se comprobó que surgían grandes llamaradas de las bodegas de popa e invadían esa parte de la cubierta. El resplandor permitió observar que en las proximidades de la amura de estribor del buque incendiado había un bote con un grupo de personas a bordo, que resultaron ser nueve tripulantes en el momento de su rescate. Entonces se supo que el buque era de nacionalidad italiana y se llamaba “María Amata”. Había salido del puerto de Valencia en viaje a Cartagena, Tánger y Casablanca, con una tripulación de 18 hombres y un cargamento diverso, en el que se encontraba una partida de bidones de gasolina en la bodega número dos. Después fueron recogidos otros tres náufragos, mientras que el primer oficial y otros cuatro tripulantes decidieron permanecer en un bote a la espera de que lo hiciera también el capitán, reacio al abandono.

Sin embargo, el fuego siguió aumentando su intensidad, alcanzó el puente y se extendió hacia proa, por lo que el barco era una pira en toda su extensión. A las 23 h llegó el crucero pesado norteamericano “USS Macon” (CA-132), que logró aproximarse lo suficiente y atacó el incendio con medio potentes hasta dejarlo controlado. Después, y de acuerdo con el comandante del buque, los doce tripulantes que permanecían a bordo del buque “Ciudad de Oviedo” fueron transbordados al “USS Macon” y posteriormente desembarcados en Valencia, mientras que el buque español continuó su viaje a Cádiz [12].

El buque “Ciudad de Oviedo”, en aguas de Gijón

El primer viaje especial de la década de los años sesenta lo efectuó el 10 de mayo de 1960, fecha en la que arribó al puerto de Palma de Mallorca, llevando a bordo al séquito del jefe del Estado, con motivo de su viaje oficial a Baleares. Esa misma noche continuó viaje a Mahón, tras la estela del crucero “Galicia”, en el que enarbolaba su insignia el general Franco.

En junio de 1965, el buque “Ciudad de Oviedo” fue el primero de Compañía Trasmediterránea que hizo escala en Lagos. Permaneció en la línea de Guinea hasta 1972, año en el que volvió a la línea del Cantábrico como buque mixto. A partir de 1977 y hasta septiembre de 1978 navegó exclusivamente como carguero, siendo entonces amarrado en Las Palmas de Gran Canaria, donde fue relevado por el buque “Ciudad de Pamplona”. Se especuló con una posible reapertura de la línea a Guinea Ecuatorial, pero no se llegó a concretar [13].

El buque “Ciudad de Oviedo”, esperando el desguace en la ría de Bilbao

El 29 de mayo de 1979, el consejo de administración de Compañía Trasmediterránea decidió la baja de este buque en el contrato con el Estado, que fue concedida el 1 de octubre siguiente por la Dirección General de Transportes Marítimos.  En diciembre, el buque “Ciudad de Oviedo” quedó amarrado en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria. A comienzos de 1980 hizo viaje a Bilbao, donde permaneció amarrado hasta su venta, que fue firmada el 11 de marzo siguiente, siendo vendido en 24,1 millones de pesetas a la firma Hierros Ardes. Trece días después, la Subsecretaría de la Marina Mercante autorizó su baja en el contrato de comunicaciones de interés nacional y poco después dieron comienzo los trabajos de desguace, que acabaron con la vida marinera de este buque. 

Bibliografía

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Compañía Trasmediterránea. Historia de la Flota”. Madrid, 1998.

Font Betanzos, Francisco. “Orígenes y constitución de la Compañía Trasmediterránea. Evolución económica y comercial en el siglo XX”. Tesis doctoral del autor. Cádiz, 2008.

García, Laureano. www.trasmeships.es

Herrero Andreu, Antonio. “La guerra de Ifni / Sahara 1957-1958”. En “Diario de Avisos”, 31 de agosto de 2012.

Fotografías:

Jordi Piera Costa, Manuel Rodríguez Barrientos, archivos de Laureano García Fuentes y Juan Carlos Díaz Lorenzo, Galilea, Javier Lamelas Olarán y Juanmari Rekalde (www.trasmeships.es) y U.S. Navy

Notas

[1] Font Betanzos, Francisco. “Orígenes y constitución de la Compañía Trasmediterránea. Evolución económica y comercial en el siglo XX”. Tesis doctoral del autor. Cádiz, 2008.

[2] “Ingeniería Naval”, nº 262. Madrid, 1957.

[3] “Falange”, 27 de enero de 1957.

[4] Disponía, asimismo, de dos motores auxiliares MTM tipo M629 AII, con una potencia de 370/420 caballos a 350/400 rpm; dos dinamos Siemens de 280 kw, un grupo de emergencia Dorman 6DLIII, de 90 caballos y una dinamo Alentorn C-37 de 60 kw. Instalaba también una caldereta auxiliar fabricada por el astillero valenciano, a 7 kp/cm2 de presión, con un horno Morison, que podía generar 770 kg de vapor/hora con quemador y 1.400 kg de vapor/hora con gases de escape. El combustible utilizado era diesel, del que podía almacenar 567 toneladas. La capacidad de los tanques de lastre era de 616 toneladas. García, Laureano. “Ciudad de Oviedo”, en trasmeships.es. 

[5] Inscrito en la Lista 2ª, folio 520. Señal de llamada EARS. Código IMO 5074604.

[6] “Falange”, 1 de febrero de 1957. La crónica no hace mención al personal de máquinas.

[7] “La Nueva España”, 7 de febrero de 1957.

[8] “ABC”, 13 de febrero de 1957.

[9] La incorporación del buque “Ciudad de Toledo” á la línea de Guinea después de su apoteósico viaje por América como exposición flotante, permitió que en ese verano el buque “Ciudad de Sevilla” cubriera la línea rápida Barcelona-Canarias, aliviando así la demande de plazas y la limitación de cámara del buque “Ciudad de Oviedo”.

[10] Herrero Andreu, Antonio. “La guerra de Ifni / Sahara 1957-1958”. En “Diario de Avisos”, 31 de agosto de 2012.

[11] www.ex-paracaidistasmilitares-ea.com.

[12] “Falange”, 21 de enero de 1957.

[13] “El Eco de Canarias”, 25 de septiembre de 1978.



Barcos clásicos de Compañía Trasmediterránea: “Ernesto Anastasio” (1955-1980)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Por espacio de 25 años, entre 1955 y 1980, el buque “Ernesto Anastasio” –barco bien logrado y de extraordinario rendimiento– formó parte de la Marina Mercante española y su presencia fue constante en los puertos de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma, como parte del itinerario de la línea Barcelona-Cádiz-Canarias, en la que fue uno de los protagonistas más destacados y apreciados por los pasajeros de su tiempo.

El buque “Ernesto Anastasio” tenía una estampa marinera elegante y bien proporcionada y desde el principio se convirtió en uno de los últimos representantes de toda una época dorada de Compañía Trasmediterránea. Su nombre sigue vigente en el imaginario colectivo de los protagonistas que hicieron posible las comunicaciones marítimas nacionales de entonces, convertido en un barco con carisma, en el decir marinero del buen amigo Laureano García Fuentes.

El buque “Ernesto Anastasio”, en una magnífica panorámica aérea

El buque “Ernesto Anastasdio” fue el cuarto de una serie

El consejo de administración de Compañía Trasmediterránea, en su reunión del 10 de agosto de 1941, aprobó la firma de un contrato con el astillero Unión Naval de Levante para la construcción de dos modernas motonaves diseñadas de acuerdo con las necesidades de las líneas de Canarias y de Guinea Ecuatorial. Los motores se contrataron con la Sociedad Española de Construcción Naval, en Bilbao, en un precio unitario de 29.860.000 pesetas.

Sin embargo, el hecho de no disponer a tiempo de los equipos propulsores provocó la decisión, siguiendo indicaciones superiores, de la cesión de los contratos de ambos buques a la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante, que configuró con ellos el tipo D del Plan de Nuevas Construcciones, previstos en la primera fase y les asignó los nombres de “Explorador Iradier” y “Conde de Argelejo”. En 1952 pasaron a la propiedad de Compañía Trasatlántica Española rebautizados “Satrústegui” y “Virginia de Churruca” y después de treinta años de vida marinera, ambos buques pertenecieron en su última etapa a Compañía Trasmediterránea, rebautizados con los nombres de “Isla de Cabrera” e “Isla de Formentera”.

La Empresa Nacional Elcano formalizó el 22 de diciembre de 1942 el contrato de construcción de ambos buques con el astillero Unión Naval de Levante y, por su parte, Compañía Trasmediterránea, que no renunciaba a disponer de las dos unidades inicialmente proyectadas, aceptó los plazos dados por la fábrica de Sestao para los motores contratados y firmó en dos contratos diferentes la construcción posterior de otros dos buques similares a los citados, que tomarían forma con los nombres de “Ciudad de Cádiz” y “Ernesto Anastasio”.  

De modo que nuestro protagonista es el cuarto buque y último de la serie, bastante tardío respecto de sus predecesores. Cuando ya estaba decidida su construcción, el subsecretario de la Marina Mercante, almirante Jesús M. de Rotaeche, propuso en un acto de homenaje con motivo de las bodas de oro del capitán Ernesto Anastasio Pascual (1880-1969), celebrado el 7 de enero de 1952, que el nuevo buque llevara su nombre como homenaje a su personalidad dada su estrecha vinculación con el devenir de Compañía Trasmediterránea. Propuesta que fue aceptada por unanimidad por los miembros del consejo de administración y con el respaldo de numerosas adhesiones.

Construcción del buque en la grada de Unión Naval de Levante

Botadura del buque “Ernesto Anastasio”

El 22 de marzo de 1952 se autorizó la construcción del nuevo buque, número 55 del astillero valenciano. El primer bloque de la quilla se puso en grada el 22 de octubre de ese mismo año y el 23 de octubre de 1954 se procedió a su botadura, ceremonia en la que actuó de madrina Rosario Anastasio de Plaza, hija de Ernesto Anastasio Pascual, en presencia del homenajeado y de altas personalidades de la época, como el subsecretario de la Marina Mercante, almirante Jáuregui y el director general de Navegación, capitán de navío Boado, así como las autoridades de Valencia y otras representaciones.

Ernesto Anastasio Pascual y la primera oficialidad del buque de su nombre

Antes de proceder a la realización de pruebas oficiales, el buque “Ernesto Anastasio” –capitán, Antonio Vela– hizo viaje a Cartagena para limpiar fondos en el dique seco del astillero de la Empresa Nacional Bazán y el 20 de julio de 1955 se hicieron las pruebas de mar en aguas de Valencia, en las que superó una velocidad de 19 nudos, superior a la contratada y se procedió a su entrega a Compañía Trasmediterránea.

El coste final del nuevo buque ascendió a 129,3 millones de pesetas. La cámara de primera clase, el comedor y el salón de música fueron decorados por el pintor valenciano Llopis. La segunda clase correspondió al pintor Medina, que también se ocupó de la capilla y los camarotes de lujo, mientras que el bar era obra del artista madrileño Mariano García.

“Ernesto Anastasio”. Veranda bar de primera clase

“Ernesto Anastasio”. Sala de fiestas

“Ernesto Anastasio”. Vestíbulo y acceso al comedor de primera clase

“Ernesto Anastasio”. Comedor de primera clase

“Ernesto Anastasio”. Camarote de gran lujo

“Ernesto Anastasio”. Camarote de semi lujo

“Ernesto Anastasio”. Camarote de lujo individual

“Ernesto Anastasio”. Camarote doble de primera clase

“Ernesto Anastasio”. Veranda bar de segunda clase

“Ernesto Anastasio”. Comedor de segunda clase

“Ernesto Anastasio”. Comedor de tercera clase

“Ernesto Anastasio”. Capilla del buque

Luego siguió al puerto de Barcelona y el 24 de julio hizo un viaje de presentación a Baleares, llevando a bordo de numerosos invitados de la Administración pública, astillero, proveedores, medios de comunicación y otras representaciones. El 30 de julio zarpó del puerto de la Ciudad Condal en su primer viaje de línea regular de la denominada línea rápida Barcelona-Canarias, ocasión en la que viajó a bordo Ernesto Anastasio Pascual, celebrándose recepciones en cada una de las escalas del itinerario del buque.

Desde su puesta en servicio ganó pronto el aprecio y merecida fama entre los pasajeros de la línea, en la que también prestaban servicio los buques “Ciudad de Cádiz”, “Ciudad de Sevilla” y “Villa de Madrid”, relevando el nuevo “Ernesto Anastasio” a este último, que pasó a la línea de Guinea Ecuatorial; así como el buque “Ciudad de Palma” en la línea de Sevilla y los buques “Romeu”, “Escolano”, “Poeta Arolas” y “Río Francolí” en la línea del Cantábrico, todos ellos entrados en ellos, a los que se unió unos meses después el buque “Ciudad de Oviedo”; además de los buques “Ciudad de Salamanca” y “Ciudad de Alcira” que atendían la denominada “línea carreta”.

En su edición del 16 de febrero de 1961, el periódico tinerfeño “El Día” publicó la siguiente noticia:

En la mañana de ayer y a bordo de la motonave “Ernesto Anastasio”, que entró procedente de Barcelona y Cádiz, la pasajera doña Antonia Alvaito de González Hidalgo, vecina de esta capital, con domicilio en el barrio de La Salud, dio a luz una niña. Fue asistida por el médico del buque, doctor Lozano. Por su parte, se celebró en la capilla del “Ernesto Anastasio” la ceremonia del bautizo, actuando el capellán Eloy Buendes, e imponiéndosele el nombre de María Concepción de los Reyes y del Mar. Fue apadrinada por el capitán del barco, don José Planas Batalla, y por la Excma. e Iltma. doña María Teresa Achalandabaso de Atón Palacios, pasajera de primera clase que en unión de su esposo se propone pasar una temporada en Tenerife”. 

El buque “Ernesto Anastasio”, empevasado, zarpa del puerto de Barcelona

El 8 de junio de 1963, en viaje de Canarias a Barcelona, abordó al pesquero “Miguel Ángel Ferrer”. El accidente se produjo cuando ambos barcos navegaban cerrados en niebla a la altura de San Pedro de Alcántara, lo que obligó a ambos a entrar de arribada forzosa en el puerto de Málaga, donde la autoridad de Marina instruyó el expediente de abordaje.

En octubre de 1968 –capitán, Antonio Sintes– hizo un viaje extraordinario a la antigua colonia de Guinea Ecuatorial, con motivo de su independencia y para participar en la evacuación masiva de la población española. Compañía Trasmediterránea, de acuerdo con lo establecido en el contrato firmado con el Estado, cedió cinco buques que formaron parte del grupo de apoyo logístico al despliegue militar, razón por cual intervinieron los buques “Ciudad de Toledo”, “Ciudad de Pamplona”, “Villa de Bilbao”, “Río Francolí” y “Ernesto Anastasio”, que fue el último que zarpó con los últimos residentes que quedaban y cargas de cacao y café.

El buque “Ernesto Anastasio”, en Santa Cruz de Tenerife

En el último tercio de su vida marinera se produjeron tres incidentes de importancia. El 14 de noviembre de 1970, cuando navegaba a la altura de Punta Carnero, en la segunda singladura de un viaje entre Valencia y Santa Cruz de La Palma, el buque experimentó varias sacudidas anormales, al parecer por haber tocado el casco con algún cuerpo extraño. Razón por la cual el capitán Antonio Sintes, después de haber convocado junta de oficiales, decidió entrar de arribada forzosa en el puerto de Algeciras, donde se procedió al reconocimiento de la obra viva y se detectaron varias grietas de consideración en el costado de estribor, desde la bodega número 2 hasta la sala de máquinas. Ello obligó a su inmovilización y tomó el relevo el buque “Juan March”, que siguió el viaje a Canarias con los pasajeros y la carga de éste. Tras una reparación de fortuna siguió viaje a Cádiz convoyado por el buque “Ciudad de Tarifa”, entrando en dique seco para efectuar las reparaciones definitivas. 

El buque “Ernesto Anastasio”, en una escala en el puerto de Cádiz

El segundo incidente se produjo el 6 de diciembre de 1977, cuando se encontraba atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. En una inspección rutinaria mientras realizaba operaciones de carga y/o descarga se detectó una vía de agua que afectaba a una bodega y precisó de la ayuda del parque de bomberos de la capital tinerfeña y de la refinería de CEPSA para proceder a su achique y control.

En marzo de 1979 hizo un viaje especial en la línea Alicante-Palma de Mallorca y en junio siguiente un viaje en la línea Valencia-Palma de Mallorca-Mahón. Un año después, el 24 de abril de 1980, en la maniobra de salida del puerto de Pasajes, tocó fondo en el bajo Bancha del Oeste y le produjo una vía de agua, que le obligó a entrar de arribada forzosa en Bilbao, decidiéndose su inmovilización.

Barcelona fue el puerto de cabecera de la línea de Canarias

“Ernesto Anastasio”, “Ciudad de Palma” y el trasatlántico “Santa María”

La revisión cuatrienal estaba fijada para el 10 de julio siguiente con un presupuesto estimado de 23 millones de pesetas, cantidad a la que habría que sumar el importe de la reparación imprevista, estimada en 11 millones de pesetas, por lo que el consejo de administración de la compañía, en su reunión del 19 de julio, a la vista de los informes técnicos determinó la baja del buque en el contrato con el Estado y su venta para desguace, con la condición expresa de su entrega en el puerto de Bilbao. Hierros Ardes lo compró en 20 millones de pesetas y poco después, el soplete y la piqueta demolieron la estampa marinera del barco. 

Construido en planchas de acero naval remachadas, tenía un registro de 7.295 toneladas brutas, 5.460 toneladas netas y 4.874 toneladas de peso muerto. Era un poco mayor que su casi gemelo “Ciudad de Cádiz”, con una sección adicional de 3,75 m de eslora, razón por la cual medía 126 m de eslora total –114,75 m de eslora entre perpendiculares–, 16,76 m de manga, 11,25 m de puntal a la cubierta superior y 7,30 m de calado máximo. Estaba distribuido en tres cubiertas y compartimentado en cuatro bodegas –dos a proa y dos a popa de la superestructura– y cuatro escotillas con una cubicación total de 5.800 metros cúbicos en grano. Para las operaciones de carga y/o descarga disponía de diez puntales de tres toneladas y una pluma real de 20 toneladas de potencia de izada, con un abra de 4,4 metros. 

El buque “Ernesto Anastasio” maniobra en el puerto de Málaga

Por espacio de 25 años fue protagonista de la línea Península-Canarias

Propulsado por dos motores Burmeister & Wain –fabricados en los talleres de la Sociedad Española de Construcción Naval, en Bilbao– modelo 762-VF-115, directamente reversibles, simple efecto, dos tiempos, émbolo de buzo, siete cilindros de 620 mm de diámetro y 1.150 mm de carrera, acoplados cada uno a una reductora y un eje, con una potencia conjunta de 7.000 caballos a 125 revoluciones por minuto, que le permitía mantener una velocidad de crucero de 18 nudos. Disponía de tres motores auxiliares de 180 kw cada uno y todos ellos consumían gasoil, combustible del que podía almacenar 1.026 toneladas y un consumo de 25 toneladas por singladura.

Tenía capacidad para 233 pasajeros, distribuidos de la siguiente forma: 36 plazas en primera clase en cubierta de paseo, 25 plazas en primera clase en cubierta superior, 52 plazas en primera clase en cubierta principal, 60 plazas en segunda clase y 60 plazas en tercera clase. La tripulación estaba formada por 112 personas. Inscrito en la matrícula naval de Valencia (lista 2ª, folio 518, distintiva EAVJ) y, clasificado por el Lloyd’s Register con la máxima anotación (+ 100 A1), se le asignó el código IMO 5105867.

Fotos: archivos de Laureano García y Alberto Mantilla

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Trasmediterránea. Historia de la Flota. Madrid, 1998.

Font Betanzos, Francisco. Orígenes y constitución de la Compañía Trasmediterránea. Evolución económica y comercial en el siglo XX. Tesis doctoral del autor. Cádiz, 2010.

García Fuentes, Laureano. Ernesto Anastasio, en www.trasmeships.es.



Los barcos del Estrecho: “General Fernández Silvestre” (1910-1930)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la historia de las comunicaciones marítimas del Estrecho de Gibraltar, a la línea que une Algeciras y Ceuta, pertenece el vapor “General Fernández Silvestre”, en origen un yate que posteriormente fue adaptado para su nuevo cometido. No se trata de un caso aislado. En la Marina Mercante española existen varios ejemplos similares y hubo un tiempo en el que compartieron esfuerzos en el citado tráfico marítimo otros barcos de similar procedencia, como los vapores “J. B. Llovera” y “Teodoro Llorente”.

Construido por encargo de sir William G. Pearson con el nombre de “Lady Torfrida”, el buque de esta historia era la construcción número 345 del astillero Fairfield S.B. & Co. Ltd., en Govan (Glasgow, Escocia) por cuya grada resbaló el 14 de diciembre de 1889 con el ceremonial acostumbrado. Se deduce que cuando fue puesto a flote lo hizo ya muy avanzado en su estado de armamento, pues realizó las pruebas de mar y fue entregado en enero de 1890, siendo el tercero con dicho nombre que poseía su opulento propietario, un reputado parlamentario británico de su tiempo.

En sus primeros años de mar, cuando era el yate “Lady Torfrida”

Era un barco bonito, de tres palos en leve caída, alteroso bauprés y mascarón de proa, aparejado de goleta, con una discreta chimenea entre el palo mayor y el palo mesana. Tuvo el casco pintado de blanco y de negro y su presencia en viajes de recreo de su comitente fue una constante en los principales escenarios de la época, de los que existen imágenes interesantes.

En el Lloyd’s de 1891 figura con un registro de 363 toneladas brutas, 171 toneladas netas y 543 toneladas de peso muerto. Medía 49,80 m de eslora total, 8,10 m de manga y 4,56 m de calado. Estaba propulsado por una máquina de triple expansión, de 700 caballos de potencia, que le permitió alcanzar una velocidad de 11,75 nidos en las pruebas de mar.

La presencia de este buque en la Marina Mercante española tiene su origen en la ley de 14 de junio de 1909 y el real decreto de 8 de abril de 1910, por el que el Ministerio de Fomento convocó concurso para la adjudicación de las comunicaciones marítimas correspondientes al tercer cuadro del grupo C, es decir, las correspondientes a los servicios que unían puertos del sur de la Península y los del norte de África, así como la línea regular entre Barcelona y Canarias.

Con la finalidad de optar al concurso, en ese mismo año se constituyó la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, resultado de la fusión de dos compañías valencianas ya existentes: La Roda Hermanos y Compañía Valenciana de Navegación. La sociedad resultante contaba con una flota de doce buques, cantidad insuficiente de acuerdo con lo estipulado en el contrato que le fue adjudicado, pues precisaba de otros siete buques para prestar el servicio del grupo de África.

Razón por la cual adquirió en Italia, de segunda mano, los buques “A. Lázaro”, “J.J. Sister” y “V. Puchol”; y en Inglaterra, por el mismo procedimiento otros cuatro, rebautizados “Ausías March”, “Barceló”, “Luis Vives” y “Jorge Juan”. En Inglaterra, además, la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África adquirió en 1910 el yate “Lady Torfrida”, que fue abanderado con el nuevo nombre de “General Fernández Silvestre”, en homenaje al destacado militar Manuel Fernández Silvestre (1871-1921). Un año después compró el yate “Asteria”, que fue rebautizado “J. B. Llovera” y en 1913 el yate “Zenaida”, que pasó a llamarse “Teodoro Llorente”.

La presencia de estos tres buques en las líneas del Estrecho señaló el comienzo de una nueva etapa. Hoy nos puede parecer anecdótico, pero entonces representó un avance considerable. En 1894, año en el que se inauguró el primer muelle construido en Algeciras, situado en el margen derecho del río de la Miel y debido al empeño de una compañía inglesa que también había construido el ferrocarril Bobadilla-Algeciras, comenzó sus viajes el pequeño vapor “Elvira”, que hacía cuatro viajes diarios entre Algeciras y Ceuta. El billete costaba una peseta si se viajaban a popa y media peseta si se hacía a proa.

Transformado en el vapor correo “General Fernández Silvestre”

De casco de acero y dos cubiertas con cinco secciones transversales, cuando fue transformado en buque de pasaje tenía un arqueo de 419 toneladas brutas, 205 toneladas netas y 500 toneladas de peso muerto. Suponemos que debió ser alargado, pues difiere respecto de las dimensiones originales: 54,78 m de eslora total -50,59 m entre perpendiculares-, 8,26 m de manga y 4,63 m de puntal. Tenía capacidad para 30 pasajeros y fue inscrito en la matrícula naval de Barcelona.

La máquina alternativa de triple expansión a la que nos hemos referido, con una potencia de 700 caballos, tomaba vapor de una caldera fumitubular de llama en retorno dotada de dos hornos, con una presión de trabajo de 10,85 kp/cm2, fabricada en los talleres del astillero constructor. Consumía carbón, a razón de ocho toneladas por singladura. Las carboneras tenían capacidad para 90 toneladas y otras 13 toneladas de agua destilada en tanques. La velocidad, con buen tiempo y el casco limpio, era de 8,5 nudos.

El escenario marítimo español conoció una nueva etapa a partir del primero de enero de 1917, cuando Compañía Trasmediterránea, constituida el 25 de noviembre de 1916,  inició sus singladuras. El aporte financiero inicial estuvo formalizado por cuatro sociedades: Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, Sociedad Línea de Vapores Tintoré, Ferrer Peset Hermanos y Sociedad Anónima Navegación e Industria.

La aportación de buques por parte de la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África estuvo formada por 18 unidades: “Cabañal”, “Grao”, “Játiva”, “Sagunto”, “Villarreal”, “Canalejas”, Vicente Ferrer”, “Vicente la Roda”, “Ausías March”, “Barceló”, “Jorge Juan”, “A. Colá”, “A. Lázaro”, “J.J. Sister”, “V. Puchol”, “Teodoro Llorente”, “J.B. Llovera” y “General Fernández Silvestre”.

Atracado en Melilla, junto a uno de los trillizos italianos

Por espacio de veinte años, el buque de esta historia permaneció en aguas del Estrecho, en las líneas Algeciras-Ceuta, Algeciras-Tánger, Cádiz-Tánger, Cádiz-Larache y también Málaga-Melilla. La incorporación de las nuevas motonaves “Miguel Primo de Rivera” y “General Sanjurjo” determinó el cese en dicha línea de los barcos citados.

Por lo que se refiere al vapor “General Fernández Silvestre” fue vendido en 1930 al industrial vasco Andrés Sáenz de Parayuelo, de San Sebastián y hasta su desguace en 1934 ostentó el nombre de “Kabi Txiki”.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Compañía Trasmediterránea. Historia de la Flota”. Madrid, 1998.

García Fuentes, Laureano. www.trasmeships.es

Fotos: Archivos de Vicente Sanahuja, Juan Carlos Díaz Lorenzo y Laureano García Fuentes



La vida marinera del vapor “Aragón” (1902-1957)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la etapa de los densos penachos de humo de la Marina Mercante española pertenece el vapor “Aragón”, cuya estampa marinera, como vemos en las imágenes que acompañan, era la típica de la construcción naval de la época: proa recta, popa de espejo y una ciudadela que fue modificada al menos dos veces a lo largo de sus 55 años de existencia.

Con el cambio de siglo, la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa, con sede en Sevilla, tomó la decisión de construir un nuevo buque para su flota, de tipo mixto, al que inicialmente se le asignó el nombre de “Vinuesa”. El contrato se firmó con los astilleros R. Thomson & Sons, en Sunderland, de cuya factoría era la construcción número 226 y el 21 de julio de 1902 resbaló por la grada con el nombre de “Aragón”, siendo entregado a sus armadores en septiembre del citado año, después de verificar satisfactoriamente las pruebas de mar, en las que alcanzó una velocidad de 11 nudos.

El vapor “Aragón”, en sus primeros años de mar

De casco de acero remachado y dos cubiertas corridas, cuando salió a navegar era un buque de 1.896 toneladas brutas, 1.028 toneladas netas y 2.210 toneladas de peso muerto. Medía 83,13 m de eslora total -79,24 m de eslora entre perpendiculares-, 11,60 m de manga, 7,62 m de puntal y 5,80 m de calado máximo. Estaba compartimentado en cuatro bodegas, dos a proa y dos a popa, con una capacidad de 3.214 metros cúbicos incluyendo entrepuentes, cerradas por cuatro escotillas y atendidas por igual número de puntales con un abra de 5,30 m.

Propulsado por una máquina alternativa de triple expansión, también fabricada en Sunderland en los talleres de N.E. Marine Engineering & Co. Ltd., de 190 NHP a 72 revoluciones, que tomaba vapor de dos calderas fumitubulares de llama en retorno con dos hornos ondulados, a 160 libras de presión, una superficie de parrilla de cuatro metros cuadrados y una superficie de calefacción de 155 metros cuadrados por cada una. Cada caldera estaba provista de 250 tubos y su diámetro exterior era de 4,036 m. Para la maquinaria auxiliar disponía de una caldereta a 80 libras de presión.

Las carboneras fijas tenían capacidad para 250 toneladas situadas a babor (58,5 toneladas), estribor (74,5 toneladas) y transversal (117 toneladas), así como carboneras adicionales para 139 toneladas, con un consumo por singladura de 21 toneladas. Disponía, asimismo, de cuatro tanques de lastre con capacidad de 309 toneladas y un “peak” a proa para 10 toneladas de agua potable. Código de identificación (actual IMO) 5601785.

Dedicado a tráficos regulares y “tramp” de carbón y carga general entre puertos españoles y mediterráneos, el vapor “Aragón” navegó banda a banda con los buques de su misma contraseña “Andalucía”, “Cataluña”, “Navarra” y “Castilla”, todos los cuales pasaron a engrosar la flota de la recién creada Compañía Trasmediterránea.

Constituida el 25 de noviembre de 1916, la nueva compañía inició sus singladuras el 1 de enero de 1917 con el aporte financiero y de buques de las sociedades Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, Sociedad Línea de Vapores Tintoré, Ferrer Peset Hermanos y la Sociedad Anónima Navegación e Industria. Entre ellas sumaban 44 buques, que fueron los primeros en enarbolar el gallardete de la nueva compañía promovida por el doctor Dómine.

El primer reto fue considerable pues era preciso reorganizar los itinerarios, hasta entonces atendidos por cada una de las compañías, de acuerdo con unos criterios más racionales que permitiera el máximo ahorro de tonelaje, evitar duplicidades y compatible con los intereses del comercio y el transporte marítimo nacional.

Al mismo tiempo, el consejo de administración de Compañía Trasmediterránea estimó necesaria la ampliación de la flota con la adquisición de los bienes de las sociedades Compañía Marítima de Barcelona, que aportó los buques “Ríus y Taulet”, “Juan Maragall”, “Torras y Bages”, “Roger de Flor” y “M. Jacinto Verdaguer”, que sumaban unas doce mil toneladas de peso muerto y los cinco barcos citados de la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa, con otras 12.800 toneladas de peso muerto, con lo cual el buque “Aragón” inició la segunda etapa de su vida marinera.

Durante bastante tiempo el vapor “Aragón” estuvo al mando del capitán Elías Corpas, uno de los más conocidos de aquella época,  realizando viajes como simple carbonero desde los puertos de la cornisa cantábrica –San Esteban de Pravia, Avilés, Gijón, Bilbao…- a Baleares, Cataluña, Levante y en ocasiones a Canarias.

El 1 de septiembre de 1925 –capitán González López- zarpó del puerto de Palma de Mallorca en viaje a Melilla para intervenir como transporte de tropas en el desembarco de Alhucemas, formando parte de la primera flotilla de la Columna Fernández Pérez, en unión de los vapores “A. Lázaro”, “Navarra” y “Sagunto”, de su misma contraseña, todos los cuales habían embarcado al personal militar en el puerto de la plaza africana.

El vapor “Aragón” embarcó a un tabor de Regulares, la Mehal-la nº 2, una sección de camilleros, una sección de faeneros y una sección de la Compañía del Mar, en total un millas de hombres, haciéndose a la mar en la noche del 5 al 6 de septiembre, poniendo rumbo a Sidi Dris, donde procedió al desembarco.

A comienzos de la década de los años treinta, la crisis por la que atravesaba el transporte marítimo mundial y nacional obligó al amarre de tonelaje, a la espera de mejores tiempos. Compañía Trasmediterránea no fue ajena a esta situación y se vio obligada al amarre de una parte de su flota, entre la que se encontraba el vapor “Aragón”.

El 9 de junio de 1931 arribó al puerto de Mahón con un cargamento de carbón procedente de Avilés y cuando finalizó la descarga quedó amarrado de popa a barbas de gato y así permaneció hasta el 25 de septiembre de 1933, en que recibió orden de proceder al astillero de Valencia para limpiar fondos y un repaso de la máquina, incorporándose a continuación a la línea Sevilla-Canarias.

En su etapa como prisión flotante, en aguas de Mahón

Sin embargo, el 18 de julio de 1936 el vapor “Aragón” se encontraba en el puerto de Mahón y en los primeros días de agosto fue habilitado como prisión flotante. El 3 de septiembre siguiente –capitán, Martín Escudero Seguí- zarpó en demanda de Cartagena, donde limpió fondos y, a continuación, siguió viaje a Alicante y Almería y el 1 de enero de 1937 salió hacia Málaga con unas 950 toneladas de harina y otros productos alimenticios y 250 toneladas de mineral de plomo.

Unas horas después, cuando se encontraba a unas cuatro millas de la costa española, el vapor “Aragón” fue apresado por el acorazado alemán “Admiral Graff Spee” en represalia por la captura en aguas del Cantábrico, el 23 de diciembre de 1936, del vapor germano “Palos” por los bous “Bizkaya” y “Nabara”, siendo obligado a dirigirse al puerto de Ceuta.

Posteriormente, ante el silencio de las autoridades republicanas al requerimiento del mando naval alemán para la entrega de la carga y un pasajero español que viajaba a bordo del vapor “Palos”, internado durante unas horas en Bilbao, el vapor “Aragón” sería entregado al mando nacional, y lo mismo sucedió con el vapor “Marta Junquera”, apresado el 3 de enero por el crucero alemán “Königsberg” cuando navegaba frente a Cabo Ajo y, con una dotación de presa a bordo, dos días después ambos entraron en el puerto de Ferrol. Pese a las protestas de las autoridades republicanas establecidas en Valencia, éstas no dieron respuesta dentro del plazo estipulado, por lo que ambos buques fueron entregados al mando nacional, a cuyo servicio navegaron a partir de entonces.

En la II Guerra Mundial, pintado con las señales de la neutralidad

Finalizada la guerra, el vapor “Aragón” participó en el transporte de tropas de la Península a Canarias, muchos de los cuales habían hecho el viaje de ida a bordo del trasatlántico “Marqués de Comillas” desde los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas. A continuación sobrevino la Segunda Guerra Mundial y el buque de esta historia pintó en amuras, aletas y costados los colores de la neutralidad y su nombre en grandes caracteres.

Pese a las restricciones de todo tipo que entonces tenía la industria naval española, en 1943 se decidió ejecutar una reforma del buque, de la que estaba muy necesitado y que finalizó el 11 de febrero de 1944. La superestructura había cambiado por completo y se le dotó de camarotes para 80 pasajeros y salones con ventanas amplias a proa y a cada banda. Rearqueado, resultó un buque de 2.099 toneladas brutas, 1.474 toneladas netas y 2.269 toneladas de peso muerto, con un desplazamiento de 3.710 toneladas a máxima carga.

En sus últimos años de mar, en aguas de Santa Cruz de Tenerife

Entre los meses de abril y julio de 1944 atendió la línea Canarias-Sevilla en sustitución de las motonaves gemelas “Ciudad de Alicante” y “Ciudad de Valencia”, con motivo de sus varadas y a partir de entonces pasó a cubrir la línea del Cantábrico, en la que compartió singladuras con los veteranos “Roméu” y “Escolano”.

Así transcurrieron otros doce años de idas y venidas entre Canarias y los puertos de Galicia y el norte de España, en los que su capacidad de bodega y la escasa demanda de pasaje lo hacía idóneo. El 12 de marzo de 1957 causó baja en el contrato de líneas de soberanía y el 2 de octubre siguiente, Compañía Trasmediterránea publicó el anuncio para la venta de los buques “Aragón” y “Ciudadela”, y unos meses después, ya en 1958, llegó el final de ambos en el desguace prosaico.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Compañía Trasmediterránea. Historia de la Flota”. Madrid, 1998.

González Echegaray, Rafael. “La Marina Mercante y el tráfico marítimo en la guerra civil”. Madrid, 1977.

Lloyd’s Register of Shipping. Ed. 1930 y 1945.

Lista Oficial de Buques de España. Ed. 1930 y 1958.

www.trasmeships.es

Fotos: Del libro “Vapores”, de Antoni Sella y Martín Rodrigo; y archivos de Laureano García, Jaime Pons Pons y Juan Carlos Díaz Lorenzo.



Desguace del ferry español “Ciudad de Algeciras” (1985-2004)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 19 de enero de 2012 arribó a los “roads” de Aliaga (Turquía) el ferry “Princess Victoria”, abanderado en Camboya, pendiente de que lo tocara el turno para rendir su vida marinera a manos del personal de la factoría Dortel Ltd. Finalizaban, así, casi 32 años de existencia en la mar. Desde mayo de 2011 se encontraba amarrado en Tuapsé, a la espera de acontecimientos. Su estampa no ofrece duda acerca de su origen, pues se trata del ferry “Bahía de Cádiz”, llamado después “Ciudad de Algeciras”.

Este buque formaba parte de una serie de cuatro barcos contratados por Isleña de Navegación (ISNASA), cuyo contrato de construcción con Astilleros de Santander (ASTANDER) se firmó el 5 de diciembre de 1978 en Madrid, fijándose un precio de 1.072.764.000 pesetas, al igual que su gemelo “Bahía de Málaga”. Los dos buques restantes recibieron los nombres de  “Bahía de Ceuta” y “Punta Europa”, siendo construidos en los astilleros Hijos de J. Barreras, en Vigo.  Todos entraron en servicio en 1980.

Construcción número 151 de la citada factoría santanderina, el 11 de febrero de 1980 resbaló por la grada con el nombre de “Bahía de Cádiz” y el 31 de julio del citado año entró en servicio en la línea Algeciras-Ceuta. Este buque y sus gemelos fueron los primeros competidores serios que tuvo Compañía Trasmediterránea en dicha área, que por entonces todavía operaba los ferries “Ciudad de Ceuta”, “Ciudad de Algeciras” e  “Isla de Menorca” y los veteranos “Victoria”, “Virgen de África” y “Ciudad de Tarifa”.

El ferry “Ciudad de Algeciras”, visto de popa por la aleta de estribor

De 3.717 toneladas brutas, 1.189 toneladas netas y 890 toneladas de peso muerto, medía 99,52 m de eslora total -90 m entre perpendiculares-, 17,66 m de manga, 10,52 m de puntal y 4,51 m de calado máximo.  Estaba propulsado por dos motores Barreras-Deutz RBV12M350, con una potencia de 8.800 caballos acoplados sobre dos ejes e igual número de hélices de paso variable, que le permitía mantener una velocidad de 19 nudos. Podía transportar 1.300 pasajeros distribuidos en dos cubiertas y varios salones y un garaje con capacidad para 216 metros lineales y 4,40 m de altura, lo que se traducía en 48 coches y 18 camiones. Código IMO 7901746.

A finales de 1983, Compañía Trasmediterránea gestionó la adquisición de este buque, que enarboló su gallardete en enero de 1984. En septiembre del citado año, la Dirección General de la Marina Mercante autorizó el cambio de nombre por el de “Ciudad de Algeciras”, segundo en la historia de la compañía.

Aunque su escenario natural fue la zona del Estrecho, Algeciras-Ceuta y Algeciras-Tánger, en alguna ocasión realizó viajes extraordinarios, como en marzo de 1986, en que hizo un viaje especial de Cádiz a Santa Cruz de Tenerife –capitán, Félix Repiso- con carga rodada, ocasión en la que tuvimos la oportunidad de visitarlo.

Bonita imagen del buque, navegando por el Estrecho de Gibraltar

Era un ferry diurno, de diseño sencillo y fácil de operar

En 1992, al amparo de la Ley de Puertos y Marina Mercante, el buque “Ciudad de Algeciras” fue inscrito en el Segundo Registro y causó alta en la matricula naval de Santa Cruz de Tenerife. Unos meses después, en febrero de 1993, pasó a la propiedad de Agencia Schembri, sociedad participada en la mayoría de su capital social por Compañía Trasmediterránea.

Durante los años 1996 y 1997 se efectuaron a bordo una serie de obras para adaptarlo a las enmiendas del SOLAS 1995, referidas, principalmente, a la instalación de compuertas en el garaje para evitar inundaciones, mejora en los equipos de detección y lucha contraincendios, iluminaciones especiales a baja altura para casos de emergencia y otros requerimientos.

En su tercera etapa, navegando por cuenta de Naviera de Ceuta

Una nueva etapa se inició en julio de 2001, tras la constitución de la Compañía Naviera de Ceuta, formada a partes iguales por Euroferries, Buquebús y Compañía Trasmediterránea, a la que ésta última, a través de Agencia Schembri, aportó el buque “Ciudad de Algeciras”, entonces valorado en 340 millones de pesetas.

“Princess Victoria”, etapa final del veterano “Ciudad de Algeciras”

Atracado de popa en el puerto de Sochi y a barbas de gato

En enero de 2004 el buque fue vendido a la sociedad Victoria Ferries. Abanderado en islas Comores, fue rebautizado “Princess Victoria”. En septiembre de ese mismo año y sin cambiar de nombre, el citado armador lo abanderó en Camboya. Estuvo bastante tiempo navegando en aguas del Mar Negro. En marzo de 2006 fue transferido a la propiedad de Poster Navigation Corp. y a partir de junio de 2009 figuró como propiedad de la compañía turca Primorye Co. Ltd., con la que ha concluido su dilatada vida marinera.

Fotos: Brian Fisher, FotoFlite, Emilio Mesa, Det, Gerolf Drebes y Sushkov Oleg (shipspotting.com)

Bibliografía: trasmeships.es




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