De la mar y los barcos


Un buque cementero de nueva generación rinde homenaje a Cristina Masaveu

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El buque cementero español Cristina Masaveu se encuentra realizando distintas pruebas técnicas previas a su entrega oficial, prevista para el próximo 21 de marzo.  Su construcción comenzó en el astillero S. A. Juliana, en Gijón, y ha sido concluida en el dique seco de Astilleros de Santander (ASTANDER), después de que la factoría asturiana se declarara en concurso de acreedores.

El citado buque, construido por encargo del Grupo Masaveu, llegó remolcado el 28 de abril de abril de 2010 a Santander, tras la estela del remolcador español Dihecisiete, para entrar en el dique seco de ASTANDER –empresa del Grupo ASTICAN- y continuar con los trabajos de armamento en dique y a flote, concertados en un plazo de once meses y unas 410.000 horas, lo que se ha cumplido sin dilaciones, contando para ello con el propio personal del astillero y las empresas auxiliares subcontratadas.

Los trabajos han consistido en el montaje del motor principal y los motores auxiliares, la instalación eléctrica, el equipamiento de carga neumático auto descargable, el equipamiento náutico, la habilitación y el tratamiento de superficies y otros de acero de armamento. 

El casco del buque "Cristina Masaveu" llega a Santander

El buque fue construido en los astilleros Juliana, en Gijón

La chimenea del buque, trincada sobre cubierta

El nuevo buque ha sido diseñado para la carga, transporte y descarga de cemento y productos afines (cenizas volantes, escoria molida, alúmina…), realizando las operaciones en circuitos cerrados con la finalidad de evitar cualquier tipo de contaminación, incluida la acústica, siendo, por tanto, especialmente respetuoso con el medio ambiente. Está dotado de tecnología puntera en propulsión, maniobra y economía de combustible, tanto en navegación como en las operaciones de carga y/o descarga, y preparado para que sea autosuficiente en la generación de potencia eléctrica en condiciones adversas.

Un mes después de la llegada del barco a Santander aparecieron en la prensa los políticos regionales para presentar el proyecto de desarrollo y conclusión del citado buque, “con el que el astillero cántabro recupera la construcción de barcos, después de 21 años dedicándose a la reparación”. Afirmación que no es del todo cierta, puesto que el casco y la superestructura ya estaban construidos y se trataba de terminar los trabajos pendientes. Puesta en escena con la presencia de la vicepresidenta del Gobierno cántabro, Dolores Gorostiaga; el consejero de Industria, Juan José Sota; Germán Suárez, presidente de Astander y Juan José Ramírez, consejero-delegado, además de representantes del Grupo Masaveu. 

El buque, de nuevo a flote, concluidos los trabajos principales

La contraseña aparece también en la proa del nuevo buque

Aspecto de las luces distribuidas en el palo de señales

A media eslora luce el nombre del Grupò al que pertenece

La construcción del buque Cristina Masaveu ha supuesto una inversión de 30 millones de euros. Mide 133 metros de eslora y 18 metros de manga, registra 8.416 toneladas brutas (GRT) y 10.600 toneladas de peso muerto. Está propulsado por un motor diesel que le permite mantener una velocidad de 18 nudos y lleva una tripulación de 20 personas. Código IMO 9443762. De su gestión en calidad de ‘tecnical managers’ se ocupará el grupo naviero asturiano Alvargonzález, con sede en Gijón.

El nuevo buque rinde homenaje a quien fue la principal propietaria del Grupo Masaveu, considerado el mayor emporio empresarial y financiero de Asturias y titular de la más importante fortuna personal del Principado, además de una de las más relevantes de España, fallecida soltera y sin descendencia a los 68 años de edad. 

A su muerte, asumió el control del grupo Fernando Masaveu Herrero, actual presidente de la organización que tiene casi 170 años de historia. Esta saga empresarial, de origen catalán, fue pionera en España en la fabricación de cemento artificial [Portland] a finales del siglo XIX y hoy sigue manteniendo importantes intereses en este negocio a través de la sociedad Tudela-Veguín, con participaciones en accionariales en compañías del sector cementero de Asturias, Castilla y León, Galicia, Cantabria y Canarias, así como en hormigones, prefabricados, morteros y escorias.

A su creador Pedro Masaveu Rovira le sucedió Elías Masaveu Rivell, y a éste Pedro Masaveu Masaveu. En 1968 le llegó el turno a su hijo varón, Pedro Masaveu Peterson, hasta su muerte en 1993, momento en el que su primo Elías Masaveu Alonso del Campo tomó el relevo. De esta forma preservaba la tradición familiar, la que rigió desde que  su fundador se instalara en Asturias, que determinaba que un varón fuera el encargado de velar por todo el patrimonio. Cristina Masaveu no llegó a gestionar, aunque como principal accionista y vicepresidenta del grupo, aglutinaba la dinastía.

Con Elías y Cristina Masaveu al frente se reforzó la imagen corporativa del grupo dotándola de mayor proyección pública y para ello se rehabilitó la sede fundacional, la flota cementera exhibió por vez primera el logotipo de la compañía y se intensificaron las exposiciones de la importante colección de arte del Grupo, entre otras iniciativas.

Cristina Masaveu se mantuvo alejada de los negocios familiares hasta los 55 años, edad a la que asumió la responsabilidad del imperio familiar debido al fallecimiento, también soltero y sin hijos, en enero de 1993, de su hermano Pedro Masaveu Peterson. Desde entonces, y en alianza con su primo Elías Masaveu Alonso del Campo, fallecido en abril de 2005, y al que nombró presidente, Cristina Masaveu acometió una de las etapas de mayor crecimiento y diversificación del grupo. 

A la muerte de su primo Elías, persona de estrecha confianza y especial admiración, Cristina Masaveu designó presidente al primogénito de éste, Fernando Masaveu (n. 1966) y que a partir de entonces pasó a ser el heredero fundamental, de acuerdo con la estrategia familiar de perpetuar la integridad del grupo en una sola línea sucesoria. La sucesión quedó perfilada de tal modo que impide la segregación del patrimonio y garantiza su permanencia en el futuro. Fernando Masaveu y sus cuatro hermanos, todos ellos hijos de Elías, representan la savia nueva y la renovación generacional.

El nuevo buque es el más grande su clase construido en España

El grupo Masaveu, según datos publicados por El País en noviembre de 2006,  es el sexto fabricante español de cementos (tiene el 5,7% del mercado) y produce a su vez escorias, hormigón y prefabricados, posee explotaciones agrarias y forestales, bodegas vitivinícolas y sidreras, participaciones bancarias (Bankinter, BSCH y Banco Espirito Santo, tras su salida de Banesto y la venta del Banco Herrero), inversiones en energía (EDP) y otros sectores, negocios culturales, complejos clínicos, proyectos científicos, múltiples inversiones financieras y bursátiles en diversos países, aparcamientos, una ingente colección de arte, negocios inmobiliarios y otras inversiones varias[1].

María Cristina Masaveu Peterson (17 de abril de 1937 – 14 de noviembre de 2006) era hija del banquero y mecenas Pedro Masaveu y Masaveu y de Juj Peterson Sjonell, hija de un diplomático sueco. Nació en Santander, donde sus padres se habían establecido a comienzos de la guerra civil y en 1939, tras el nacimiento de su hermano, regresaron a Asturias.

La infancia de Cristina y Pedro Masaveu transcurrió en Oviedo en el seno de una familia de posición económica privilegiada. En 1945 falleció su madre y quedaron al cuidado de una nurse alemana. Ambos hermanos se caracterizaron por llevar una vida reservada, con un reducido círculo de amigos, alejados de cualquier afán de notoriedad.

Cristina Masaveu realizó estudios de piano en Oviedo y Madrid, relacionándose con los escritores, políticos y artistas de vanguardia, que invitados por su padre, pasaban temporadas en el Palacio de Hevia, situado en el municipio de Siero. Razón por la cual vivió con pasión sus dos grandes vocaciones: la música y el arte, que lo son también para el resto de la familia, imbuida en un sentimiento de pertenencia a un proyecto familiar entendido con espíritu institucional[2].

En 1967, tras el fallecimiento de su padre, Cristina Masaveu optó por establecer su residencia fuera de Asturias y mantenerse al margen de los negocios, que quedaron en manos de su hermano. Vivió a caballo entre Marbella, Londres, Madrid, Barcelona e Ibiza, atraída por el movimiento “hippie” y los valores de naturaleza, vida sana y pacifismo y a comienzos de 1993, tras el fallecimiento de su hermano regresó a Asturias y se instaló en el Palacio de Hevia, donde había transcurrido parte de su infancia.

La fortuna personal de Cristina Masaveu es difícilmente cuantificable. Heredera única de su hermano Pedro, los bienes de los que era titular superan el legado que entonces recibió y que fue evaluado por Hacienda en dicho año en 1.803 millones de euros. Siendo heredera universal del patrimonio de éste, entregó al Principado de Asturias, como donación en pago de la herencia, una colección de arte compuesta por 410 piezas de incalculable valor, propiedad de su hermano, ahora depositadas en el Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo, bajo el nombre de Colección Pedro Masaveu, reservándose sí la colección privada de su padre, forjada con el asesoramiento de Enrique Lafuente Ferrari, formada por más de 200 obras de pintura antigua.

Crisrina Masaveu Peterson (1937-2006)

El 5 de mayo de 2006 creó la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, cuyos pilares son la conservación y la difusión del arte, la formación de la juventud trabajadora y la investigación científica para el desarrollo tecnológico. Su promotora, como principal accionista del Grupo, aportó una gran parte de su patrimonio, el 17,18 % del capital de Tudela-Veguín, la mayor empresa industrial de la familia, y el 80 % de la propiedad del Palacio de Hevia.

Con la constitución de la Fundación, Cristina Masaveu, que renunció a figurar en el patronato, perseguía un objetivo esencial: impedir la disgregación patrimonial en el futuro y garantizar la continuidad del grupo y la labor de la dinastía. Contribuía, al mismo tiempo, al blindaje de las participaciones, de la misma forma que había realizado su padre y, con posterioridad, su hermano con la creación de otras entidades similares sin ánimo de lucro.

Los títulos de la Casa Masaveu están repartidos en distintas instituciones de aquellas características, una de ellas la que impulsó en julio la propia Cristina, y en la Fundación Masaveu, que creó su padre en 1954. Fernando Masaveu Herrero concentra en estos momentos las máximas representaciones en todos los patronatos que tutelan el patrimonio de la familia.

Parece obvio que Cristina Masaveu “pudo haber elegido la vida de la rica heredera que disfruta de los placeres mundanos” y, sin embargo, “prefirió el retiro y un grupo de escogidos amigos. Para el resto del mundo, silencio. Ni siquiera quiso que su funeral se convirtiese en una multitudinaria despedida como lo fueron los de su hermano Pedro y su primo Elías, donde lo más granado de la política, la economía y la sociedad asturiana acudieron en masa a rendirles un último homenaje. Nadie más que los familiares y amigos más íntimos, un puñado de personas, celebraron el funeral y entierro”[3].

Fotos: Capitán José Luis Díaz Campa y Alonso González (El Mundo)


[1] El País, 15 de noviembre de 2006. Crónica de Javier Cuartas.

[2] El Comercio, 19 de noviembre de 2006. Crónica de S. Baquedano.

[3] La Hora de Asturias, 28 de noviembre de 2006. Crónica de María Rosario López y Elena Plaza.




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