De la mar y los barcos


La Real Armada de Noruega rinde honores a Thor Heyerdhal

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Real Armada de Noruega rinde honores a la memoria del antropólogo y explorador Thor Heyerdhal (1914-2002), con la quinta y última de las fragatas construidas en los astilleros de Navantia, en Ferrol. Los cuatro buques anteriores de la misma serie ostentan los nombres de Fridtjof Nansen (F-310), Roald Amundsen (F-311), Otto Sverdrup (F-312) y Helge Ingstad (F-313), respectivamente.

Entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre pasados, el buque Thor Heyerdhal realizó una serie de pruebas de mar de evaluación de propulsión, equipos y sistemas, previas a las oficiales,  previstas para el próximo mes de octubre, con la presencia del personal designado por la Real Armada de Noruega. En mayo pasado se realizaron las pruebas en puerto y del sistema de combate Aegis, dotado de radar SPY 1F.

La fragata Thor Heyerdhal (F-314) fue botada el 11 de febrero de 2009 y su entrega oficial está prevista a comienzos del próximo año. El contrato para la construcción de los cinco buques entró en vigor en junio de 2000, tiene un monto de 1.100 millones de euros y ha supuesto un notable respaldo para el prestigio de la construcción naval militar española.

Botadura de la fragata "Thor Heyerdhal" por la grada de Navantia Ferrol

Los buques para Noruega están inspirados en las F-100 españolas

El diseño de estos buques de acción antisubmarina está inspirado en la clase española Álvaro de Bazán (F-100), aunque son de menor tamaño y con modificaciones en el diseño para adaptarse a las costas de los fiordos y los archipiélagos noruegos.

Son buques de 133,25 metros de eslora total, 16,80 de manga, 9,50 de puntal a la cubierta principal y 4,90 de calado, datos que configuran un buque de 5.130 toneladas de desplazamiento a plena carga y una dotación de 120 personas, a las que pueden sumarse otras 26 del mando de la Flota o personal de adiestramiento.

Entre las soluciones técnicas innovadoras, derivadas de requisitos específicos de la Real Marina Noruega y aplicadas por primera vez, figuran la utilización del programa RDD-100 como instrumento de ingeniería de sistemas para el control y trazabilidad de especificaciones, diseño y pruebas, así como el empleo de realidad virtual para comprobación del diseño de lugares específicos como el puente de mando, la sala operativa del radar SPY-1F, sala de máquinas y el hangar. Las alturas de techos y consolas, caso del puente de mando, están adaptadas a la estatura media de los noruegos, algo mayores que los estándares habituales.

El equipo de propulsión está formado por un sistema combinado diesel-gas CODAG: dos turbinas de gas y dos motores diesel Bazán Bravo 12V, acoplados mediante reductoras a dos ejes y hélices de paso variable, con una potencia de 4,5 megawatios y una velocidad máxima de 26 nudos.

El armamento está formado por cuatro tubos lanzatorpedos Sting Ray, un cañón Oto Breda de 76 mm, cesta de cargas de profundidad, un lanzador para 31 misiles antiaéreos Mk41 VSL ESSM, cuatro Browning M2HB HMG y ocho misiles anti-buque NSM, de fabricación noruega. Para la acción antisubmarina dispone, además, de un helicóptero MH1 NH90, estacionado a bordo y equipado con cargas de profundidad y torpedos Sting Ray.

La fragata noruega "Thor Heyerdhal", en aguas de Ferrol

Thor Heyerdhal, a quien conocimos personalmente, pues vivió y realizó una parte de sus últimos proyectos en el parque etnográfico de las pirámides de Güímar (Tenerife), disfrutó desde la Segunda Guerra Mundial del mecenazgo de la familia Olsen, lo que le permitió emprender nuevas aventuras.

En 1947 se hizo célebre con la expedición Kon-Tiki, que recorrió 4.700 millas desde Perú hasta las islas Tuamotu, en la Polinesia, a bordo de una balsa fabricada con troncos, plantas y otros materiales del altiplano y tripulada por otros cinco hombres, además de Heyerdahl: Knut Haugland, Bengt Danielsson, Erick Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger. El viaje duró 101 días y consiguió demostrar sus teorías de que no había razones técnicas que hubieran impedido el establecimiento de los habitantes prehistóricos de América del Sur en la Polinesia.

Thor Heyerdahl (1914-2002)

A partir de entonces, Heyerdhal estuvo presente en otros proyectos, algunos de envergadura, como las balsas de papiro Ra y Ra II, con las que pretendía demostrar que los antiguos egipcios podrían haber alcanzado las costas americanas, y con la segunda de ellas se embarcó desde las costas de Marruecos, el 17 de mayo de 1970, a través del Océano Atlántico. Otros proyectos, como Tigris (cultura del valle del Indo y Mesopotamia), la búsqueda de Odin, en Azov, y las pirámides de Güímar, conquistaron el interés mundial por el trabajo de este singular personaje, aunque sus teorías no siempre fueron compartidas por la comunidad científica.

Fotos: Navantia (fragata Thor Heyerdhal)



El puerto de Santa Cruz de Tenerife conmemora el 25º aniversario de la Expedición “Atlantis 84”

Con motivo del 25º aniversario de la partida desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife de la Expedición “Atlantis 84”, mañana, viernes, 29 de enero, a las 11,30 horas, será inaugurada una escultura conmemorativa en la autovía de San Andrés, en la intersección con el acceso al barrio de María Jiménez. La iniciativa corresponde a la Autoridad Portuaria, que parece interesada en conmemorar algunos acontecimientos importantes de la historia marítima de Tenerife y cuenta con la colaboración del cónsul de la República Argentina en Canarias, Rubén Buira.

En 1984, durante 52 días de travesía, una balsa con una choza de bambú recorrió las aguas del Atlántico. A bordo, navegaba el coraje, el fervor romántico y la atracción por la aventura épica de cinco argentinos: Alfredo Barragán, abogado; Jorge Manuel lriberri, también abogado; Oscar Horacio Giaccaglia, comerciante; Félix Arrieta, camarógrafo de AIG; y Daniel Sánchez Magariños, ingeniero agrónomo. Todos ellos unidos en la amistad para hacer un viaje de 5.500 kilómetros.

¡Que el hombre sepa que el hombre puede!

Los cinco integrantes de la expedición "Atlantis 84"

La idea de la aventura comenzó cuando Alfredo Barragán, jefe de la empresa, leyó, siendo niño, Las aventuras de la Kon-Tiki, obra donde el noruego Thor Heyerdahl relata el viaje marino que enlazó, en 1947, El Callao (Perú) con la Polinesia. Heyerdahl buscaba demostrar la posible comunicación en lejanas épocas entre América y las islas polinesias. Para esto, atravesó 6.000 kilómetros de océano en la balsa Kon-Tiki (imitación de una antigua embarcación polinesia). Poco menos de cuatro décadas después, un puñado de aguerridos argentinos habría de equiparar la hazaña del noruego.

En su navegación, la Expedición «Atlantis 84» unió el puerto de Santa Cruz de Tenerife con las costas de Venezuela. Su barco con una choza de bambú era una réplica de antiguas embarcaciones africanas. El éxito del viaje demostró la posibilidad de que los habitantes del continente negro hayan arribado hace miles de años a la América Central, donde perdura su posible influencia a través de las famosas cabezas olmecas de rasgos negroides. 

La balsa navega frente a las costas de Venezuela

En los primeros días de navegación -partieron el 22 de mayo- esta balsa de 14 metros de eslora y 5,50 de manga, fabricada con nueve troncos de madera balsa y seis traviesas ligadas todas con fibra vegetal, se vio obligada a navegar con olas de cuatro a seis metros de altura. Atravesaban una zona de vientos, y la balsa era impulsada por la corriente denominada Canarias. Esta corriente marina, que en su trayecto va cambiando de nombre -Canarias, Nordecuatorial y Ecuatorial- era el «motor», junto al viento que recolectaba una vela cuadrada sostenida de un mástil bípode de 10 metros de altura.  

En septiembre de 1983, Barragán y Arrieta viajaron a Guayaquil (Ecuador), en busca de los árboles de balsa «tipo hembra» y libres de corazón de agua que servirían para la construcción en un astillero de Mar del Plata, de la balsa Atlantis. Para ello tuvieron que internarse en la selva ecuatoriana, acompañados por indígenas para dar con estos árboles, iguales a los que en épocas pasadas crecían en la selva africana. Trajeron 20 troncos de 18 metros de largo que sumaban más de 35 toneladas.

La expedición parte del impacto del viaje de la balsa Kon-Tiki

El trayecto Ecuador-Buenos Aires-Mar del Plata lo hicieron en un buque de ELMA. De estos 20 troncos nueve serían los elegidos para construir la balsa y sobre ella simplemente una choza de bambú, caña picada y paja de cuatro metros de largo, de 2,50 de ancho y 1,10 de alto. Y sin timón, igual que las antiguas barcas: solamente la vela y nueve orzas regulables de madera podrían efectuar los cambios en el rumbo.

Troncos, fibra vegetal y caña de bambú-elementos que hace más de 3.000 años  podrían haber utilizado los habitantes de Africa-, junto a alimentos deshidratados de agua mineral española, dos garrafas de 45 kilos de gas cada una, raciones de supervivencia, destiladores de agua, una radio VHF, brújulas, sextantes y cartas marinas. Además toda la expedición quedaría grabada: Arrieta sería el camarógrafo, y los restantes, fotógrafos. Habría trabajo para todos pero también encontrarían momentos para divertirse.  

Hubo dos momentos críticos en la travesía: dos tormentas que amenazaron de muerte a la Atlantis. Olas de más de ocho metros y vientos de 70 kilómetros por hora se opusieron a esta expedición. La primera tormenta duró dos días y fue a los 15 días de la partida de Santa Cruz de Tenerife.

La otra castigó casi al final, cuando ya se había atravesado la mayor parte del océano y los hombres de la Atlantis casi saboreaban el triunfo. Varias ligaduras se soltaron, los troncos crujieron como nunca, la vela fue anulada, y todos se ataron a la nave. Había que esperar que el mar se calmara. No había forma de hacer frente a esa pelea.

«La oceanografía nos volvió a demostrar que cualquier cosa que flote y caiga al agua en las Canarias, es arrastrada hacia las Antillas, a la entrada del Caribe. Esta deriva tarda entre cuatro o cinco meses. Con una vela, este tiempo se acorta», resumió al completar la travesía, Alfredo Barragán, capitán de la Expedición Atlantis 84.

Todos los expedicionarios son de nacionalidad argentina