De la mar y los barcos


“Benchijigua Express”, una década en Canarias
mayo 5, 2015, 8:39 am
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Juan Carlos Díaz Lorenzo

Se han cumplido diez años del estreno del segundo “Benchijigua Express” en la línea Los Cristianos-La Gomera-La Palma. Recordamos con precisión aquel día, 2 de mayo de 2005, pues estuvimos a bordo en el primer viaje a Santa Cruz de La Palma. Había una notable expectación ante la llegada del impresionante buque. Cientos de personas ocuparon posiciones de privilegio para no perderse detalle alguno de la llegada al puerto palmero.

Al mando del entonces comodoro Servando Peraza García y José García Oliva en la jefatura de máquinas –ambos amigos entrañables de días felices–, y después de una agradable travesía de Los Cristianos a La Gomera de 40 minutos y de La Gomera a La Palma, en una hora y 40 minutos, atracó en el trozo de muelle provisional asignado, donde realizó operaciones en un tiempo récord, pese a que era la primera vez que operaba en el puerto palmero.

El fast-ferry «Benchijigua Express» es el mayor trimarán del mundo

El comodoro Servando Peraza y el profesor Alberto Darias

Si bien cada etapa emprendida por Fred. Olsen ha constituido un desafío, sin embargo no es menos cierto que la actual, con la puesta en servicio hace una década del fast ferry “Benchijigua Express”, que sigue siendo el trimarán mayor del mundo, constituye un reto sin precedentes. Una apuesta de alto nivel que sitúa a Canarias, en general, y a Tenerife, La Gomera y La Palma, en particular, en un puesto privilegiado en las comunicaciones marítimas del siglo XXI. Diez años después nos sigue impresionando esta plataforma que navega y de la que sus tripulaciones han conseguido un dominio extraordinario.

El contrato de la construcción número 260 del astillero Austal Ships, factoría naval con sede en Fremantle (Australia), se firmó en junio de 2003. El 25 de septiembre de 2004 se puso a flote, celebrándose el 5 de noviembre la ceremonia de su bautizo en la que actuó de madrina la señora Juana Hernández, esposa del entonces director general de Fred. Olsen, Guillermo van de Waal.

Vista a crujía de la proa del buque «Benchijigua Express»

Después vino el largo calendario de pruebas de todo tipo que, por tratarse de un buque único en su clase, se prolongaron en el tiempo sobre las previsiones iniciales, de modo que la fecha inicial de su llegada a Canarias, prevista para diciembre de 2004, se alargó hasta el 28 de abril de 2005, día en el que arribó a Santa Cruz de Tenerife, después de un largo viaje de 9.250 millas de recorrido.

El 13 de abril de 2005 zarpó de Fremantle, una día después de su entrega oficial. Después de una escala accidental en Port Elizabeth para reparar los daños en una puerta del costado, el día 22 arribó a Ciudad del Cabo, primera etapa de su largo viaje, en el que ya había recorrido 4.800 millas. Hasta Santa Cruz de Tenerife quedaban otras 4.450 millas, haciéndolo en algunos tramos con mal tiempo y la compañía de dos polizones que consiguieron subir a bordo en Sudáfrica.

De 8.973 toneladas brutas, 2.427 toneladas netas y 1.076 toneladas de peso muerto, mide 126,65 metros de eslora total –116,85 m de eslora entre perpendiculares–, 30,40 m de manga, 8,20 m de puntal y 3,98 m de calado máximo. Está autorizado para el transporte de 1.291 pasajeros, de ellos 1.174 en clase turista y 117 en clase oro, situada en un salón superior. El impresionante garaje, que da una idea de la manga del buque, puede llevar 341 coches ó 123 coches y 450 metros lineales de carga rodada.

Fred. Olsen lleva más de un siglo de presencia en Canarias

El equipo propulsor está formado por cuatro motores MTU modelo 20V8000, alojados en el casco central y capaces de desarrollar una potencia de 44.600 caballos, que accionan tres “water jet” (uno central propulsor conectado a dos motores y dos laterales direccionales propulsados por un motor cada uno) y le permiten alcanzar una velocidad de crucero de 36 nudos, con un consumo de 6.000 kilos de combustible por hora. Al tratarse de un buque distinto a los catamaranes, la maniobra en puerto requiere de un procedimiento diferente, siendo preciso moderar la velocidad a seis nudos para posibilitar la acción de dos hélices azimutales situadas a proa.

Estas características, y otras muchas de carácter técnico que harían prolijo el relato, convierten al “Benchijigua Express” en el “fast ferry” más espectacular del mundo, lo cual sitúa a Fred. Olsen en un puesto de honor a nivel internacional, teniendo en cuenta, asimismo, que toda la flota de esta compañía está formada exclusivamente por buques de alta velocidad.

En el interior del “Benchijigua Express” hay que destacar los espacios abiertos, la amplitud, la luminosidad y la decoración, continuista de la aplicada en los catamaranes. Sin embargo, al tratarse de un barco más grande, la sensación de amplitud también es mucho mayor y, además, a popa tiene una terraza para que el pasajero pueda contemplar cómodamente el paisaje marítimo y la estela que va dejando en su navegación. Otro dato significativo lo indica el hecho de que se trata del buque de más eslora de toda la flota de Fred. Olsen en Canarias a lo largo de sus cuatro décadas de historia. Y también el más caro: 50 millones de euros, una inversión muy respetable.

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo



Recuerdos del pasado (II). “Marqués de Comillas”, “Magallanes” y “Habana”, tres barcos referentes de una época

Manuel Marrero Álvarez (*)

Año 1949.- Las tribulaciones sufridas por la Compañía Trasatlántica Española como consecuencia de los estragos de la Guerra Civil, donde la naviera ve considerablemente mermado el número de buques que componen su flota, parecen llegar a su fin. De las 15 unidades de que disponía al comienzo de la contienda, solo quedaron tres en condiciones de navegar: «Marqués de Comillas», «Magallanes» y «Habana», pero en este año que comentamos, se incorpora un nuevo barco que dará optimismo y vida a la línea con Centroamérica, que servían los dos primeros supervivientes de forma regular, mientras que el «Habana» lo hacía esporádicamente. En efecto, el 20 de junio a la una de la tarde arriba por primera vez al puerto de Santa Cruz de Tenerife con la insignia de Trasatlántica,  la motonave «Conde de Argelejo» procedente de Cádiz y zarpa a las 10 de la noche con destino a San Juan de Puerto Rico, Ciudad Trujillo (República Dominicana), La Guaira y Habana, después de tomar combustible, agua,  víveres y 20 pasajeros para Venezuela. Más tarde reforzaría el servicio la motonave «Ciudad de Cádiz», fletada a Trasmediterránea para unos pocos viajes y posteriormente se incrementaría la flota con la compra del «Explorador Iradier» que pasaría a llamarse  «Satrústegui».

Era el gran auge de la emigración a América, en especial para Venezuela, donde los españoles, italianos y portugueses se lanzan en masa hacia aquellas tierras, imaginando una especie de paraíso, para conseguir mejorar la penosa situación que se vivía en Europa. Los buques salen de Tenerife, último puerto antes de cruzar el Atlántico, abarrotados de pasajeros, teniendo que reservarse los billetes de viaje, con varios meses de antelación y donde los barcos de sus futuros traslados, eran de  un recuerdo imborrable para las miles de personas que salían en busca de la aventura americana,  reflejándose en los muelles la emocionante estampa de los emigrantes sentados sobre sus baúles o maletas de madera repletas de ilusiones, esperando el trasatlántico que les llevaría a esa tierra de promisión.

El trasatlántico «Marqués de Comillas», en la época de los viajes a Venezuela

Por ello, observando las circunstancias que actualmente rodean nuestras vidas, no podemos por menos que exclamar, ¡Dios mío, quién nos vio!. Cuán hermoso sería que todos conociéramos nuestra reciente historia, para saber que fuimos y de dónde venimos. Conocer la vida y sacrificios de aquellos predecesores que tuvieron que emigrar para mejorar la vida de sus descendientes, significa que jamás podremos agradecer la enorme herencia que nos legaron. Ahora, con la libertad sin límites que nos atribuimos, parece que todo lo merecemos por el solo hecho de existir. Canarias ha estado unida a la emigración con América durante siglos y en la mayoría de los Países, existen allegados de nuestro origen, siendo muy  extraño encontrar familia que no tenga o haya tenido parentesco en el Nuevo Mundo.

Los vapores «Marqués de Comillas” y «Magallanes» eran los referentes españoles de la época y jamás salían con camarotes libres. A pesar de sus años, se distinguían por su seguridad, buen trato de su tripulación y exquisita comida. Además, iban mandados por legendarios capitanes, cuya fama  trascendía más allá de los ambientes marítimos. El primero de los buques tenía a su mando a don Gabriel Roselló Guiscafré, llevando como sobrecargo a don Evaristo Meana Avellanal y el «Magallanes» a don Antonio Buxó Ventayol y de sobrecargo a don José Fano. El Sr. Roselló era una persona de corta estatura, delgado y con pelo rizado y cano. Contrastaba con el Sr. Buxó que era hombre de mayor envergadura y con poco pelo, pero ambos rebosantes de prestigio e inmensa categoría humana.

Gabriel Roselló Guiscafré, capitán del «Marqués de Comillas»

En nuestra primera etapa laboral y aprendizaje, compartiendo estudios y trabajo, recuerdo como un mediodía del 16 de diciembre del año que mencionamos de 1949, el «Marqués de Comillas» llega a Santa Cruz de Tenerife procedente de Cádiz y queda atracado en la sección quinta del muelle Sur, con el fin de realizar las operaciones de  suministro de 900 toneladas de fuel-oil, 600 de agua, víveres y embarque de pasajeros y carga con destino a La Guaira y Habana. Una vez recogidos los documentos a bordo y cuando me prestaba a iniciar mis diligencias de despacho del buque en las diferentes organizaciones, el oficial del portalón  avisa de que el capitán solicitaba mi atención. Miro a la escala y observo cómo el Sr. Roselló baja lentamente la misma y al llegar a tierra me  ruega que lo traslade hasta la salida del muelle, en el taxi que los agentes de la Compañía pone a nuestra disposición.

En el corto trayecto me pide que almuerce con él, en una tasca existente en la calle de San José, de nombre «El Farol», a la que acude cada vez que su buque arriba a Tenerife. Intento por todos los medios evadirme, principalmente por el enorme respeto que en aquellos tiempos se tiene a la figura de estos Capitanes, pero él insiste y casi me ordena que le acompañe, por lo cual no me queda otro remedio que aceptar su invitación. Quién conoció la tasca «El Farol», sabrá que era una modesta casa de comidas,  situada a la salida del Muelle Sur,  al comienzo  de la calle de San José, subiendo a mano derecha. El menú fue tan simple como todo lo que rodea a estas personas, servido en una pequeña mesa sin mantel, pero muy limpia: un par de huevos fritos con papas fritas, acompañado de un trozo de pan y un vaso con agua fresca,  que según Don Gabriel Roselló, era el mejor plato que comía, de todos los puertos de escala de su barco. Después, lo dejé  en la terraza del Bar Atlántico tomándose un café y yo  fui a realizar mis funciones de despacho del buque.

Considerando la categoría de los restaurantes del «Comillas» y el prestigio de sus cocineros, pasado el tiempo y con algo más de confianza, le pregunté: «Don Gabriel, ¿pero a bordo no le pueden hacer a usted este simple plato? «No hijo, no; ni las patatas, ni los huevos son los mismos, ni el lugar donde los  como» me contestó. Y así, don Gabriel, sin haberme convencido, continuó visitando la tasca «El Farol», hasta que cesó en el mando de su buque.

Estampa marinera del trasatlántico «Magallanes»

Don Antonio Buxó, capitán del «Magallanes», era más campechano. Normalmente las comidas las hacía en el barco, pero seguidamente bajaba a tierra para pasear por la calle del Castillo, entrar en alguna tienda de indios y finalmente sentarse en la terraza del  “Atlántico” a tomarse una taza de té. Desde allí contemplaba el tráfico del puerto, hasta un par de horas antes de la salida,  en que regresaba a bordo.

Queda el tercero de los «supervivientes», el vapor «Habana” ex-«Alfonso XIII», que mandaba otro ilustre capitán, como era don Jesús Marroquín Valladares, llevando de primer oficial a don Victoriano Barbarías Amézaga y de sobrecargo a don Joaquín Ríos Valldeperas. El barco después de su transformación en mixto para pasaje y carga, como consecuencia del importante incendio, a todas luces intencionado, declarado en los astilleros de la Naval de Sestao, cubría el servicio con Centroamérica de forma esporádica, ya que con mayor frecuencia realizaba viajes a Baltimore y New York, para llenar sus enormes bodegas con maíz o leche en polvo de Estados Unidos, destinados a puertos peninsulares y canarios.

El vapor «Habana» tuvo el honor de restablecer el servicio España-México, después de más de doce años en que Trasatlántica no tocaba puerto mexicano alguno, debido a que ambas Naciones carecían de relaciones diplomáticas. El 13 de marzo de 1948, el buque entra en el puerto de Veracruz, esta vez al mando del capitán don León Aldámiz Echevarría y su llegada fue un acontecimiento memorable que marcó un hito en la historia reciente y en los sentimientos de los dos pueblos hermanos. Su arribada se produjo después de capear un fuerte temporal, decidiendo el capitán entrar en puerto sin práctico, a pesar de que las condiciones eran todavía adversas.  Al inicio de las operaciones de atraque, una gran multitud invadía no solo el muelle, sino todos los lugares desde donde el barco podía ser visto, acudiendo también más de cinco mil niños con ramos de flores y cadetes de la Escuela Naval,  para dar la bienvenida a la ansiada representación  de la añorada y  lejana España.

El buque mixto «Habana», atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

México y España continuaron sin relaciones diplomáticas, pero a partir de ese 13 de marzo de 1948, Trasatlántica con sus barcos y sus capitanes, pasaría a ser la figura del embajador deseado para los miles de exiliados y emigrantes que se encontraban con el sufrimiento del aislamiento total de su patria. La naviera española volvía a encender la llama de la esperanza y a reanudar el único contacto verdadero entre las dos naciones.

La historia de las relaciones entre España y México, ha sido una auténtica paradoja, pues mientras sus ciudadanos han mostrado desde siempre un trato personal envidiable, de las mejores entre naciones de habla hispana y los pueblos unidos por seculares vínculos históricos, sin embargo las diplomáticas han estado durante muchos años bastante deterioradas y completamente rotas.

Después de cuarenta años de silencio y tras la muerte del General Franco,  el 28 de marzo de 1977, bajo los gobiernos de Adolfo Suárez por España y López Portillo por la República Mexicana, se reanudan las relaciones diplomáticas, produciéndose el canje oficial de notas en el Salón Napoleón del hotel George V de París.

En 1957 se desguaza el buque «Magallanes» en Santurce, con 30 años de vida sobre sus cuadernas. El buque «Marqués de Comillas» arde en Ferrol y desaparece en 1961, con 34 años de mar. El vapor «Habana» tuvo una  existencia mucho más  larga y azarosa de 58 años, desde aquel mes de septiembre de 1920 en que fue botado en Bilbao como «Alfonso XIII», con la presencia de los Reyes de España. Fue desguazado en Vigo en  1978 con su último nombre de «Galicia».

Finalmente, como colofón y homenaje a estos buques, permítanme decir que si la emigración canaria a América fue uno de los capítulos más relevantes acaecidos en nuestro archipiélago en los últimos tiempos, no cabe la menor duda de que la historia de estos tres vapores, forman parte importante de estos acontecimientos, porque fueron el arca de los sueños para muchos miles de isleños que embarcaron en ellos con la mayor ilusión, para ser conducidos por los caminos seguros del mar hasta su destino final en el Nuevo Mundo, donde buscarían esa tierra anhelada de promisión y esperanza.

(*) Delegado de Compañía Trasatlántica Española en Canarias (1984-1993). Miembro de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación.

Fotos: Archivos de Manuel Marrero Álvarez, Vicente Sanahuja (vidamaritima.com) y Juan Antonio Padrón Albornoz (ull.es).



Un cabo enredado en la hélice del primer “Benchijigua”

Tomás González Sánchez-Araña (*)

Eran las 18 horas de un día de verano del año 1976, cuando se iniciaba la maniobra para el desatraque y salida del ferry “Benchijigua” del puerto de San Sebastián de la Gomera. Habían embarcado casi 400 pasajeros, la mayoría turistas que venían en cuatro autobuses y varios camiones y turismos. Todavía con el barco atracado se arrancaron los motores y se aligeraron los primeros cabos.

Las hélices estaban girando a paso cero, es decir con ángulo de ataque nulo. Al largar un cabo de popa desde el noray del muelle, éste se hundió porque no flotaba y se enredó en el núcleo de la hélice de babor. Se abortó la maniobra de desatraque del muelle, se pararon los motores y el barco quedó de momento inoperativo hasta que no quedasen las hélices libres del problema.

La estacha era de material de polipropileno de cuatro cordones, que no flota en el agua cuando se larga, como ocurre con las estachas de nylon que sí flotan, pues son más resistentes, también más caras y no tienen posibilidad de ser atraídas por las hélices.

El capitán Tomás González Sánchez-Araña, en el puente de mando del primer "Benchijigua"

En aquella época no existían buzos o submarinistas en La Gomera que pudieran sumergirse hasta las hélices, aunque solo estaban a unos tres metros de profundidad. No quedó otro remedio y el capitán del barco (*) se quitó el uniforme, bajó del puente en bañador armado con un afilado cuchillo de cocina y desde el muelle se tiró al agua. Fueron necesarias varias inmersiones en apnea para cortar los cuatro cordones de la estacha de seis pulgadas y dejar la hélice libre.

Durante la operación de cortar la estacha y por efecto de la flotabilidad, el capitán apoyaba la espalda contra el casco del barco y se produjo unos cortes superficiales porque estaban adheridas muchas conchas de pequeños mejillones con sus bordes afilados.

Los pasajeros, turistas y locales asomados a la borda presenciaban el espectáculo y cuando el capitán subía por la escala, rompieron en una sonada ovación. Con sólo unos quince minutos de retraso en la salida oficial del buque, la hélice quedó liberada. El capitán subió de nuevo a bordo y todavía en bañador realizó la maniobra de salida desde el alerón de babor.

Entre los pasajeros viajaba de turista un periodista noruego que al día siguiente publicó la noticia en la prensa de Oslo. Poco tiempo después el propio Fred Olsen felicitó personalmente al capitán y le entrego un reloj de regalo.

(*) Capitán de la Marina Mercante

(*) El capitán era el que suscribe, muy joven en aquella época y que no tenía ningún problema para sumergirse a tres metros de profundidad, pues había sido nadador del Club Natación Metropol y luego del CN Alcaravaneras, ambos de Las Palmas.



Desguace del carguero español “Darro” (1973-1997)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A comienzos de la década de los setenta, Naviera Pinillos emprendió un plan de renovación de flota que consistió en la construcción de tres buques diseñados para el transporte de fruta paletizada y portacontenedores con capacidad para 118 TEUS, destinados a cubrir las líneas Canarias-Península.

Dos de esos buques, nombrados “Darro” y “Jalón”, fueron construidos en Astilleros del Atlántico, en Santander, factoría entonces en poder de la familia Pérez-Maura, presentes también en el accionariado de Naviera Pinillos, mientras que el tercero, llamado “Segre”, fue construido en la factoría de la Empresa Nacional Bazán, en San Fernando (Cádiz), por falta de espacio y plazos de entrega en el astillero cántabro.

El buque "Darro" arriba al puerto de Las Palmas de Gran Canaria

De modo, pues, que 1973 fue un año triunfal para Naviera Pinillos y, además, se presentó la oportunidad de comprar el buque “Weser Forwader”, construido por encargo de la sociedad alemana Weser Agentur GmbH, que se encontraba en fase de armamento a flote en Astilleros del Atlántico y en mayo del citado año entró a formar parte de la flota bautizado con el nombre de “Júcar”. Este buque era gemelo del “Weser Exporter”, entregado a finales de 1972, pero surgieron problemas financieros con su armador, por lo que la situación se resolvió como hemos señalado.

El buque “Júcar” entró en servicio en mayo de 1973 –capitán, José Luis Fabeiro Escudero-; el buque Segre”, en agosto del citado año –capitán, Antonio Rebollo Vega- y el buque “Jalón”, en febrero de 1974 –capitán, Alberto Spuch Linares-, siendo de observar que éste fue modificado en construcción y entregado como portacontenedores celular, sin puntales y con capacidad para 205 TEUS.

Construcción número 150 de Astilleros del Atlántico, en Santander, el primer bloque de la quilla del buque “Darro” se puso en grada el 15 de octubre de 1972 y el 4 de abril de 1973 se procedió a su botadura, ceremonia en la que actuó de madrina Candelaria Rodríguez, esposa de Alberto Herrera Hernández, entonces consejero de Naviera Pinillos y más tarde presidente de la misma (1984-1997). El citado buque entró en servicio el 14 de septiembre de 1973 –capitán, Emilio Varona Huidobro- y a continuación fue incorporado a la línea Península-Canarias.

Maniobra de atraque en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

De 1.821 toneladas brutas, 958 toneladas netas y 3.542 toneladas de peso muerto, medía 111,56 m de eslora total -102 m entre perpendiculares-, 15,83 m de manga, 8,67 m de puntal y 5,78 m de calado máximo. Estaba propulsado por un motor MAN V12V40/54 –fabricado, bajo licencia, en los talleres de la Empresa Nacional Bazán en Cartagena-, de 6.700 caballos de potencia y una velocidad de 18 nudos.

Los buques “Darro” y “Segre” disponían en origen de puntales, que le fueron suprimidos en 1981 y 1982, en una operación realizada en la factoría de Astilleros Luzuriaga (Pasajes de San Juan) y en 1984 se procedió al montaje de un sistema frigorífico para mejorar las condiciones en el transporte de la fruta, lo que también sucedió en el buque “Jalón”.

El proyecto de estos buques se repitió años después con el buque “Lago Victoria”, proyectado como portacontenedores multicelular y contratado en Astilleros de Huelva. Las obras se retrasaron considerablemente debido a la situación laboral conflictiva por la que atravesaba el astillero onubense, de modo que, puesta su quilla el 29 de agosto de 1978, fue botado el 7 de noviembre de 1980 y entró en servicio el 19 de mayo de 1982, al mando del capitán José A. Díez Martín. En 1986 sería rebautizado «Duero».

Rebautizado "Avior", atracado en el puerto de Castellón

En su última etapa, rebautizado con el nombre de "Ashraf B"

Amarrados en el puerto de Las Palmas durante varios meses, en enero de 1997 los buques “Darro” y “Segre” fueron vendidos  a una compañía griega y abanderados en Panamá con los nuevos nombres de rebautizados “Christos I” y “Christina II”. En octubre de 2001, el primero de ellos fue rebautizado “Avior” y con ese nombre José Miralles Pol lo fotografió en el puerto de Castellón. Y lo vemos con dos puntales, que le fueron repuestos entonces para su mejor operativa.

Dos años después, en octubre de 2003, pasó a llamarse “Lady Haya” y en febrero de 2006 emprendió su última etapa con el nuevo nombre de “Ashraf B”, enarbolando bandera de Camboya y la contraseña de Q.K.A. & J.K.A. Allami (Allami Shipping Services). El 31 de enero de 2011 arribó a Alang (India) y el 5 de febrero siguiente fue varado en la playa, donde comienzo a su desguace, según leemos en Marine News.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo, José Miralles Pol (spanishshipping.com) y Reinier Meuleman (shipspotting.com)

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Naviera Pinillos 1840-1990. 150 años de historia marinera”. Santa Cruz de Tenerife, 1990.