De la mar y los barcos


El trasatlántico “Valbanera” viaja a la eternidad

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 24 de septiembre de 1919 se celebró en La Habana, en la iglesia de San Felipe,  un solemne funeral oficiado por los Padres Carmelitas Descalzos en sufragio por las almas de los pasajeros del Valbanera.

Ante un enlutado catafalco, adornado con atributos de la Marina, la misa de réquiem, cantada con orquesta, contó con la presencia del embajador de España, cónsul de España, Obispado, todos los centros regionales y el Casino Español, representaciones de la Marina cubana mercante y militar; un amplio elenco religioso, las dotaciones de los barcos surtos en puerto, representantes de la prensa del país y los familiares de los pasajeros y tripulantes del Valbanera residentes en Cuba, además de un inmenso gentío de fieles, tratándose de “una imponentísima manifestación de fe católica y de condolencia a los familiares de los náufragos. El pueblo de La Habana ha probado que ama y cree en la vida perdurable”, destaca Diario de la Marina. La Lonja de Comercio suspendió sus operaciones y pidió el cierre del comercio habanero en señal de duelo durante el tiempo que durasen los actos religiosos.

La misa solemne de réquiem de Perosi estuvo presidida por el vicario provincial de los Carmelitas en Cuba y prior del convento de San Felipe, fray Florentino del Sagrado Corazón de Jesús, ayudado por fray Mateo de la Santísima Trinidad y fray Ignacio de San Juan de la Cruz, miembros de la misma orden. En el coro, además de las numerosas voces seglares, participaron también los carmelitas fray José Luis de Santa Teresa, fray Eusebio del Niño Jesús y fray Valentín, así como los sacerdotes cantores de las diferentes comunidades de La Habana, dirigidos por fray Hilarión de Santa Teresa, superior de los Carmelitas de Matanzas.

El día 26, Gaceta de Tenerife publicó una noticia que dio un vuelco en el corazón de muchos familiares de los pasajeros del Valbanera: “Llegada a La Habana de supervivientes”. El alcalde de Santa Cruz, Esteban Mandillo, se hizo eco ante la prensa local de un radiograma recibido desde La Habana vía Barcelona, a través de la Asociación de Capitanes  y Pilotos Mercantes, interesándose ante la casa Pinillos para que telegrafiara con urgencia los nombres de los supervivientes y cuantos detalles se conozcan “por ser grandísimo el interés que hay en esta población”.

Sin embargo, al día siguiente, se desmintió la noticia, lo que hizo hundir aún más los ánimos de los familiares y amigos de las víctimas.

De los muchos gestos de solidaridad expresados en aquellos días, destaca la noticia de que el comandante del cañonero Infanta Isabel, teniente de navío Ángel Cervera, de apostadero en el puerto tinerfeño, abrió una suscripción a bordo del buque de su mando “para llevar recursos para las familias pobres de todos los emigrantes, clases y marinería y asimilados, que hayan perecido en el naufragio”.

El nombre "Valbanera", presente en la eternidad de la Historia

En La Palma, la tragedia del Valbanera adquirió tintes dramáticos, afectando especialmente a la familia de Agustín Benítez Rodríguez, que había sido secretario del juzgado de la capital palmera y de su hermano José, director del periódico El Mercurio, de La Habana, pues hacía apenas tres años, en marzo de 1916, que habían perecido cuatro de sus miembros en el naufragio del Príncipe de Asturias y ahora se repetía la escena, con otros cinco miembros, en la catástrofe del Valbanera.

En la tragedia del Príncipe de Asturias desaparecieron la madre de Agustín Benítez, sus hermanos Pino, en delicado estado de salud, y Ezequiel, éste último recién casado hacía dos semanas, así como su futuro cuñado y novio de la primera, quienes pretendían contraer matrimonio tan pronto como su prometida se restableciera de su enfermedad; mientras que en el Valbanera encontraron la muerte su hermana Francisca Benítez Rodríguez, así como sus tres hijos, Juan, Carmen y María del Pino, de seis, dos y un año de edad, respectivamente, que iban a reunirse con su esposo y padre, Diego Martín Pérez, residente en La Habana desde hacía un año;  y su cuñada Isabel Perdigón Alvarez, viuda de Ezequiel Benítez, que iba a encontrarse en Ciego de Avila con un hermano de ésta, llamado Juan Perdigón.

Otro de sus hermanos, Jerónimo Perdigón, residente en Icod de los Vinos desde hacía unos años, donde tenía establecido un comercio, confirmó al periódico La Prensa el embarque de su hermana en el vapor Valbanera en viaje a La Habana.

En Santa Cruz de La Palma embarcaron 116 pasajeros, de los cuales, al llegar a Santiago de Cuba, sólo seis de ellos manifestaron su deseo de continuar viaje hasta La Habana en el barco, entre los que figuraban los cuatro citados.

El 6 de octubre se celebró un solemne funeral en la parroquia matriz de El Salvador, en la capital palmera, que contó con la presencia de las autoridades insulares, una comisión militar, el cuerpo consular acreditado en la isla, así como representantes de la compañía Pinillos Izquierdo y un numeroso público, “que concurrió a elevar sus preces al Señor por todos los desaparecidos, y testimoniar, una vez más, el hondo sentimiento que tan terrible desgracia ha producido”.

El día 10, un mes después de la fecha supuesta del hundimiento del Valbanera, se celebró otro funeral en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en Santa Cruz de Tenerife, que estuvo presidido por el alcalde de la ciudad, Esteban Mandillo y las primeras autoridades militares y religiosas, oficiando el ilustre arcediano Santiago Beyro Martín, quien pronunció una “oración muy elocuentísima”. El pueblo de Santa Cruz se volcó de lleno en el acto religioso, acordándose que el importe de la colecta se destinase al pago de misas mensuales en sufragio por el eterno descanso de las almas de las víctimas del Valbanera.

En la Lonja de Comercio, en La Habana, tenía su oficina el consignatario de Pinillos, Izquierdo y Cía.

La Marina de Guerra cubana se movilizó desde los primeros momentos en busca del Valbanera o, en su caso, de los supervivientes o restos que permitiesen llegar a una conclusión definitiva. Pese a todos los esfuerzos, los resultados fueron negativos. Los cañoneros Cuba y Patria se hicieron a la mar cuando amainó el temporal y, en unión de un destructor de la Marina de Guerra de EE.UU., realizaron las primeras misiones de rastreo.

En los últimos días de octubre llegó a Cádiz el representante de Pinillos, Izquierdo y Cía. en San Juan de Puerto Rico, Álvaro Trigo, quien confirmó que el casco del Valbanera se encontraba efectivamente, en Rebecca Shoalds, en las proximidades de la Isla de Tortuga. Según sus palabras, el Valbanera tenía el casco desgarrado por estribor y con un enorme boquete en la proa. Cerca del liner español se encontraban los restos de un velero americano que, asimismo con la proa destrozada, se presumía que también habría colisionado con el Valbanera durante el ciclón. ¿Era cierta esta versión? Se trataba, por supuesto, de una de las muchas que circularon durante aquellos días.

Pinillos, Izquierdo y Cía. informó en diciembre de 1919 que estaba negociando con una empresa de salvamento establecida en Jamaica la realización de estudios para el reflotamiento del Valbanera y, en caso de resultar imposible, rescatar al menos los cadáveres que se encontraban en su interior para su traslado a La Habana y darles sepultura. Sin embargo, no se alcanzó un acuerdo, como tampoco con otras empresas especializadas de EE.UU. y, por último, se estableció contacto con la Compañía Cubana de Salvamentos. Por entonces, la compañía Pinillos declaraba que no le interesaba el reflotamiento del barco y sí la recuperación de los cadáveres de los pasajeros y de los tripulantes.

Las conversaciones tampoco dieron resultado y, finalmente, una empresa española solicitó realizar los trabajos previos a un detenido reconocimiento del casco, pero, como en los casos anteriores, no se alcanzó un acuerdo y poco a poco el Valbanera dejó de ser noticia, aunque memoria de la tragedia se ha mantenido en el tiempo.

En abril de 1924, después de otro temporal, los palos del Valbanera que todavía sobresalían por encima de la superficie del mar desaparecieron para siempre. Pasaron casi veinte años y en 1942 la U.S. Navy desguazó algunas planchas del costado de babor del pecio para reforzar blindajes navales.

En 1963, otro temporal removió las arenas movedizas que invaden los restos del Valbanera y dejó al descubierto la hélice de babor, que se encontraba a menos de seis metros de profundidad “y brillaba muchísimo”. Uno de los chatarreros de la zona especializados en naufragios, Ted White, procedió a su extracción mediante una carga explosiva en el eje de la hélice, para después cortar las palas con un soplete e izarlas a la superficie con la ayuda de la grúa de una pontona. Las palas, según testigos presenciales, se vendieron a un anticuario de Miami.

Trayectoria seguida por el huracán de septiembre de 1919

Suposiciones del naufragio

El temporal azotó la costa norte de Cuba durante la noche del 9 al 10 de septiembre, es decir, cuatro días después de que el Valbanera hubiera salido del puerto de Santiago. Parece poco probable, asimismo, que el capitán Ramón Martín Cordero tuviera información en ese sentido de las autoridades portuarias cubanas. De haberlo sabido, resulta lógico pensar que hubiera preferido permanecer en puerto.

Extendido sobre el norte de la isla de Cuba, el ciclón tropical, característico de la época del año, dejaba sentir toda su furia sobre la ciudad de La Habana y sus aledaños. “Está descargando una tempestad sobre esta capital, desde esta madrugada, además de la lluvia es muy imponente el aspecto del litoral a causa del mal tiempo reinante, semejando un ras de mar de olas se estrellan  sobre el malecón pasando el muro y bañando las avenidas del golfo. Un aerograma recibido al mediodía de ayer, por todos los buques, y estaciones radiográficas, anunciaba la presencia de un huracán, cuya velocidad se hacía ascender a 56 millas por hora, aumentando en intensidad, a medida que se acercaba más a las costas de Florida”.

En todo caso, si el capitán Martín Cordero estaba informado de que en el Golfo de México se fraguaba un vórtice de mucha traslación e intensidad, debió medir y conocer bien todas las cuestiones y ahí surgió la terrible duda, cuanto más injusta, pues nunca se conocerán las razones exactas. ¿Debió salir de Santiago o, por el contrario, quedarse en puerto?

Se deduce que el capitán calculó que disponía de tiempo suficiente para alcanzar el puerto de la capital cubana antes de que el vórtice entrase en la costa Norte de la Isla. Entonces se hizo a la mar el Valbanera con 488 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes. Y lo hizo con las mejores condiciones de navegación y seguridad para el breve viaje: con una gran reserva en la flotación y a media carga. Se le vio navegar hacia el Oeste, por la costa septentrional de Cuba, después de haber  remontado Punta Maisí. Testigos presenciales aseguraron que “iba fuerte y apretando fuegos” para entrar cuanto antes en La Habana.

Pero el ciclón corrió y pudo más. El mal tiempo comenzó a escorarlo y según afirmó el capitán de un correo británico que pudo entrar en el puerto habanero, cuando lo cruzó frente a las costas de Caibarién, el temporal se le echaba encima al Valbanera y éste, muy tumbado, forzaba y seguía a toda máquina para alcanzar el Morro al anochecer.

Ya era de noche cerrada cuando desde el castillo de Los Tres Reyes se avistaron las luces de un barco. A las cuatro de la madrugada, el capitán del Valbanera “pasó un aerograma a la Capitanía del Puerto pidiendo informes sobre si podía arribar al Puerto, contestándosele que esperara el día, y que se presentara para ser abordado por el práctico. El barco se mantiene fuera sin que se atreva su capitán a entrar”.

Las señales de prohibición indicaban que el puerto se encontraba cerrado a la navegación y por morse se le transmitió la noticia y por el mismo medio contestó que trataría de capear el ciclón mar afuera, que ya era entonces un auténtico hervidero.

Ramón Martín Cordero

¿Era, en realidad, el Valbanera el barco que se acercó a La Habana?

Parece probable que el capitán Martín Cordero intentara alcanzar uno de los puertos de Florida mientras capeaba el temporal. Debió arrumbar al Norte, pasando al Oeste de Dry Tortugas y luego dirigirse a Tampa. El viento huracanado abatió al Valbanera sobre los cayos. Todos los indicios apuntan a que el naufragio se produjo de forma muy rápida, desde el momento de que el barco embarrancó en la arena y las grandes olas lo sepultaron. Es posible, además, que perdiera la antena de la telegrafía, por lo que no pudo emitir ninguna señal de socorro. Sin embargo, todo son suposiciones, porque no hubo supervivientes ni tampoco investigaciones oficiales.

En la noche del 9 de septiembre, y amenazado por la virulencia del ciclón, recaló de arribada forzosa en el puerto de Cienfuegos el guardacostas Hatuey, en el que viajaba el presidente de la República de Cuba, general Mario García Menocal, escala imprevista de un viaje oficial al oriente del país.

A medida que iban transcurriendo los días se fueron conociendo, aunque muy distanciados unos de otros, más detalles sobre la tragedia y nombres y más nombres. Desde luego, se sabía con certeza que la tripulación había desaparecido en su totalidad y el interrogante iba poco a poco aclarando identidades.

En la noche del 26 de septiembre, el alcalde de la capital tinerfeña, Esteban Mandillo Tejera, recibió un telegrama procedente de Barcelona que decía:

“Radiogramas publicados periódicos sobre llegada náufragos a La Habana desgraciadamente carecen de fundamento. Algunos pasajeros destinados a La Habana desembarcaron en Santiago de Cuba. Para detalles preguntar gerencia de Pinillos en Cádiz. Rómulo Bosch”.

El 28 de septiembre arribó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el trasatlántico Barcelona, también de la flota de Pinillos, procedente de La Habana. Hubo expectación, pero el capitán y los  oficiales sólo sabían lo que habían captado por la telegrafía. Lo que sí se sabía con firmeza era que el Valbanera había desaparecido.

Al día siguiente se recibió en la capital tinerfeña el primer telegrama de los desembarcados en Santiago de Cuba. Venía firmado por José Ramos –abuelo materno de Juan Manuel García Ramos-, Zoilo Zamorano, José González y Manuel Ledesma y, fechado en Ciego de Ávila, estaba dirigido a Cristóbal Ramos, en Valle de Guerra.

Unos recibieron así un gran alivio, entre ellos la familia Hernández de Paz, de Fuencaliente de La Palma, bisabuelos maternos del autor, uno de cuyos hijos, Antonio, de 18 años, figuraba entre los pasajeros que habían desembarcado en Santiago aunque había pagado el pasaje hasta La Habana. Pero otros no lo pudieron celebrar. La tragedia se había consumado.

Bibliografía
– Díaz Lorenzo, Juan Carlos. La Palma, escala en la ruta de América. Madrid (2001).

– García Echegoyen, Fernando. El misterio del Valbanera. Madrid (1997).

– López Isla, Mario Luis y Vázquez Seara, Esther Lidia. Valbanera. El Titanic de la emigración canaria (en la prensa de la época). Santa Cruz de Tenerife (2000).

Fotos: Archivos de Fernando García Echegoyen y Juan Carlos Díaz Lorenzo

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El ciclón pudo más que el trasatlántico “Valbanera”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 19 de septiembre de 1919, el cónsul de Cuba en Cayo Hueso, Domingo Milord, recibió un telegrama del comandante jefe de la Estación Naval americana en el que le confirmaba, después de las exploraciones hechas, que el buque embarrancado en los bajos de Half Moon era el “liner” español Valbanera.

Para su comprobación, se le invitó, junto a varios oficiales americanos y representantes de la casa consignataria, para inspeccionar el lugar donde el buque se encontraba hundido. Cuando llegaron pudieron comprobar personalmente lo que ya se les había manifestado. El cónsul tomó una fotografía de la que dijo “hacía la identificación completa y positiva.  El agua estaba tan agitada que hacía imposible bucear hoy. No se vieron cuerpos en la superficie del mar, pero se supone que el hedor que salía del agua provenía de los cuerpos en descomposición en el interior del buque. No se vieron tiburones en las cercanías”.

Todos los esfuerzos se centraron, a partir de entonces, en tratar de recuperar los cadáveres de las 488 personas, entre pasajeros y tripulantes, que se sabía iban a bordo. Numerosas embarcaciones y buzos de la zona se aprestaron a la difícil tarea, con todas las facilidades de las autoridades de la Estación Naval de Cayo Hueso y el apoyo de dos cañoneros enviados por la Marina de Guerra de Cuba.

Pronto se conoció el listado de la tripulación del buque siniestrado, así como nombres y más nombres de los infortunados pasajeros que siguieron el viaje a La Habana. Se dijo que un joven andaluz, llamado Juan López, que embarcó en Cádiz de polizón y decía que era telegrafista, manifestó que el barco había hecho la travesía muy escorado a la banda de estribor debido a la carga que llevaba.

Entre los pasajeros que embarcaron en Canarias había unas 40 mujeres y unos sesenta niños. Se contó, en aquellos días, que entre los desaparecidos figuraban también los artistas Luis Blanca y Concepción Llorente, que quisieron desembarcar en Santiago de Cuba para después continuar viaje hasta La Habana en tren, aunque lo costoso del traslado del decorado que portaban hizo que desistieran del empeño y siguieron el viaje en barco. Una crónica de la prensa santiaguera dice, además, que “salvóse también una francesa, de la vida alegre, llamada Irma, quien marchó a esa (La Habana) por ferrocarril, dejando en el Valbanera a su mamá postiza”.

Los restos del "Valbanera" sobresalen de la superficie del agua

Un corresponsal de prensa se trasladó hasta el lugar del naufragio y pudo comprobar que, en efecto, se trataba del Valbanera y que el buque estaba escorado a la banda de estribor en un ángulo de 45 grados. La parte de proa aparecía más sumergida que la parte de popa, que sobresalía un poco de la superficie del agua. Según dijo, el buque estaba partido en dos desde la proa hasta el puente, sin que se hallaran vestigios de los pasajeros y tripulantes.

El periódico madrileño ABC publica el 22 de septiembre que “los cadáveres de los náufragos deben estar dentro del Valbanera o han debido ser comidos por los tiburones, pues los buzos no han encontrado ni uno sólo”.

A pesar de las evidencias que iban llegando, los agentes de Pinillos en La Habana “dicen que no están seguros de que se ha perdido el barco” y recordaban que a mediados de 1917 el Valbanera “desapareció durante una severa tempestad” y arribó a La Habana catorce días después.

En Cádiz, como en toda España y en Cuba, se sucedieron las noticias y las anécdotas relacionadas con el naufragio. Entre ellas figura un matrimonio con siete hijos, que llegó a Cádiz para embarcar en el Valbanera, lo que no pudieron hacer porque les robaron unas diez mil pesetas, que era todo el dinero que tenían, por lo que, perdido el barco y conocido el caso en la ciudad gaditana, el marqués de Comillas, presidente de Trasatlántica, les concedió pasaje gratis y embarque en el vapor Manuel Calvo.

A pesar de la confirmación de la tragedia, grupos de espiritistas cubanos organizaron en La Habana un viaje a bordo del remolcador Vicente Salgado, congregándose el día 22 una enorme multitud en el muelle de Caballería para despedirlos, aunque a última hora se suspendió la salida del barco que los iba a trasladar hasta el lugar del naufragio, por no haber reunido el dinero necesario para el flete del viaje, convirtiéndose este hecho, como señala la prensa habanera, en “la nota cómica” del desgraciado accidente.

Ese mismo día se reunió la directiva de la Asociación Canaria en La Habana, y al día siguiente lo hizo el Centro Andaluz, expresando ambas su profundo dolor por la tragedia y acordando la celebración de honras fúnebres en sufragio de las almas de las personas que perecieron en el hundimiento del Valbanera, acordando, asimismo, el arriado de la bandera a media asta como señal de duelo.

Confirmada la situación del pecio del Valbanera, mientras tanto iban llegando los barcos que habían sido sorprendidos por el mismo ciclón. La corbeta J.C. Llusá –capitán José María Mallol-, de la matrícula de Barcelona, arribó a La Habana con el aparejo destrozado y con otras averías en el casco y a la espera de más noticias, el 10 de octubre se celebraron en la iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, en Santa Cruz de Tenerife, solemnes funerales por las víctimas del siniestro.

Comunicado de Pinillos

Mientras tanto, Pinillos, Izquierdo y Cía. dio a conocer en Barcelona un extenso comunicado sobre la seguridad que el buque desaparecido ofrecía y, al mismo tiempo, lo que se presumía había sido la causa del siniestro.

“Supónese que si bien las condiciones marineras del Valbanera eran más que suficientes para resistir una tromba, podría ser muy bien una avería en las máquinas o timón, lo que hubiese dejado sin gobierno en medio del temporal y que un golpe de mar le hubiese destruido la instalación de telegrafía sin hilos impidiendo pedir socorro ni dar cuenta de su situación comprometida, yendo a chocar contra uno de los numerosos arrecifes que existen en aquellos mares. Se da por verosímil esta suposición puesto que en esta época del año suelen desarrollarse en el Mar de las Antillas fuertes ciclones que pone en grave aprieto las embarcaciones más sólidas”.

Los pasajeros del trasatlántico Montevideo, atracado en el puerto de La Habana desde el 7 hasta el 13 de septiembre –los últimos cinco días durante el ciclón-, tras su arribada a Nueva York afirmaron que en la noche del 9 de septiembre se había oído el bramido de la sirena de un vapor a la entrada del Morro.

Se divisaron con dificultad unas luces pero, según ellos, todo hacía suponer que se trataba del Valbanera, ya que por entonces no se esperaba la llegada de ningún otro buque al puerto habanero. Los vigías del Morro descifraron las señales que el barco emitía insistentemente: la letra G del Código Internacional de Señales, dos destellos largos de luz seguido de uno corto: “necesito práctico”. Y aunque desde el atardecer estaba encendida la señal que indicaba que la bocana estaba cerrada, por morse se le comunicó la novedad y, al mismo tiempo, se le recomendaba corriera mar afuera el temporal hasta que éste amainase.

Grupo de oficiales del trasatlántico español "Valbanera"

Los pasajeros manifestaron que el ciclón “fue horroroso, causando numerosas víctimas y grandes daños” en La Habana, pues inundó muchas calles y causó grandes destrozos en muchas casas. Cuando amainó el temporal, el barco continuó su viaje el 13 de septiembre, “y al salir nada se sabía del Valbanera”.

Ese mismo día arribó a La Habana el trasatlántico Infanta Isabel, con 1.600 pasajeros, procedente de La Coruña y Cádiz. Al recalar frente al morro habanero recibió un radiograma de la casa consignataria, donde le informaba que se ignoraba el paradero del Valbanera, encargándole que tratara de localizarlo por telegrafía y le prestara auxilio. El “liner” de Pinillos también había sido alcanzado por el temporal, lo que le causó destrozos importantes, sobre todo en las antenas de la radiotelegrafía, por lo que quedó incomunicado durante unas horas hasta que se reparó la avería.

Los tripulantes del Infanta Isabel manifestaron que mientras funcionaron los aparatos, se recibió un mensaje que informaba del naufragio de la goleta Méjico, y después de arreglado supieron que había varios barcos accidentados y averiados en el canal de la Florida.

A propósito de la llegada a La Habana del Infanta Isabel, el periódico cubano Heraldo Comercial acusó públicamente al consignatario de Pinillos en la capital cubana, Santa María & Cía, de ser los “únicos responsables” de la catástrofe del Valbanera: “A medida que van llegando noticias del naufragio del Valbanera, se va haciendo más palpable la culpa, que de él corresponde, a los consignatarios de este barco en La Habana”.

Trasatlántico "Infanta Isabel", de la flota de Pinillos, Izquierdo y Cía.

La suposición de que el barco estuvo dos días embarrancado, espacio de tiempo en el que el Infanta Isabel pudo haber salido en su búsqueda y así auxiliar a los náufragos, chocó con la oposición del consignatario, que “lejos de acceder a la petición que se le hizo, hubo de responder a los solicitantes, de que ‘esa’ operación costaba mucho dinero”. Y agrega, más adelante: “El señor Santa María es soberbio y fuerte, de ir a bordo del Valbanera, de fijo que el vapor no se pierde. En los instantes en que flaqueaba, amenazando con sumergirse entre las ondas embravecidas, les hubiese dado aliento, gritando como diez, que gritaba César a la barca en medio de la tempestad: ¡Llevas a Santa María!

Otras víctimas

No fue sólo el trasatlántico Valbanera la única víctima del terrible ciclón que asoló las costas cubanas. En los bancos de la Florida se encontraba varado el vapor norteamericano El Mar, de la naviera Southern Pacific, mientras que en Cayo Sombrero estaba un petrolero de la Standard Oil y en la costa de tierra firme una draga con 14 tripulantes que, de modo milagroso pudieron ser salvados por un marinero español, José Pita, con grave riesgo de su vida.

Los trasatlánticos norteamericanos Monterrey y México –propiedad, ambos, de la compañía Ward Line- sufrieron graves averías, mientras que otro barco de la misma compañía, Corydon, resultó hundido con 27 de sus tripulantes. Igual suerte tuvieron los buques Lake Lodaner y Lake Duval, mientras que dos petroleros británicos, War Mogoul y War Jandoll, sufrieron averías de mucha consideración y estuvieron a punto de naufragar cuando navegaban en demanda de La Habana.

Durante el ciclón, en el puerto habanero, todos los barcos atracados recibieron la orden de reforzar amarras y, aún así, el carguero norteamericano Hillsbrough County rompió las suyas, quedó al garete y embistió a otros hasta varar en la orilla. La marejada rompió los diques e impulsada por el ciclón la mar inundó la casa de salud La Internacional, de la Asociación Canaria. Los enfermos fueron trasladados a los hospitales Calixto García, Las Ánimas y Mercedes y también a los centros de Dependientes y Gallego.

En Key West -o Cayo Hueso, si se prefiere- y por telegrama cursado a La Habana, los daños fueron realmente catastróficos y según estimaciones de entonces, se calculaban en más de tres millones de dólares sólo en lo referente a intereses y empresas particulares, pues en la Estación Naval las pérdidas rebasaban ampliamente el medio millón de dólares.

El periódico tinerfeño La Prensa, que hizo un puntual seguimiento del suceso, argumenta la tragedia de los infortunados emigrantes del Valbanera en un artículo publicado el 22 de septiembre, que se expresa en los siguientes términos:

“El nombre ya tristemente célebre del Valbanera vuelve con la influencia fatídica de hace algunos meses, a sembrar de luto y llanto estas olvidadas peñas del Atlántico.

Fue primero trayéndonos la desolación y la muerte de mares lejanos; ahora es llevándose a nuestros hermanos y a nuestros hijos a morir en esa misma lejanía, en la angustia horrible de un naufragio.

La catástrofe ha sido espantosa, casi única por las circunstancias excepcionales de maldición, de “jetatura” horrenda, en que se ha desarrollado y, sobre todo, pesa doblemente la desgracia hiriendo en lo más íntimo nuestra sensibilidad, por la inseguridad y la incertidumbre que las noticias incompletas y contradictorias han determinado.

Panorámica de la ciudad de La Habana, destino del "Valbanera"

Esta es la hora –cuando las presentes líneas se escriben- en que hay centenares de familias que no saben a ciencia cierta la suerte, que en el desagraciado viaje corrieran seres queridos del alma; madres y esposas, hijos pequeños y desvalidos. Aguardan con ansia infinita que la terrible incógnita se desenvuelva, aunque con ella sea aún más horrible, o una sangrienta puñalada lo que reciban.

Y la pena también, contrista y sobrecoge el ánimo, pensar en el sino desventurado de esos infelices labriegos, gente desheredada de la vida, abortos del infortunio y la miseria, que abandonaron el país natal con la santa esperanza de ganar, trabajando, el sustento y la paz que la patria explotada y preterida las negaba.

Allá se fueron esos desventurados en busca de otras tierras y otros cielos, en donde el derecho a la vida ¡sea un derecho!.

Allá fueron esperanzados, pero tristes; saludando un porvenir y a la vez despidiendo un amor.

Allá se fueron a morir cuando ya la visión de la nueva tierra y las auras del nuevo cielo, habían besado sus ojos y su frente; y menos mal si el silencio eterno guarda el secreto de otras muchas explotaciones, de otras muchas iniquidades que antes de marchar sufrieron.

¡Descansen en paz los muertos!… y si algunos se salvaron, vengan pronto a nuestros brazos devolviéndonos el tesoro de su juventud y su alegría!”.

(continuará)

Bibliografía

– Díaz Lorenzo, Juan Carlos. La Palma, escala en la ruta de América. Madrid (2001).

– García Echegoyen, Fernando. El misterio del Valbanera. Madrid (1997).

– López Isla, Mario Luis y Vázquez Seara, Esther Lidia. Valbanera. El Titanic de la emigración canaria (en la prensa de la época). Santa Cruz de Tenerife (2000).

Fotos: Archivos de Fernando García Echegoyen y Juan Carlos Díaz Lorenzo



El hallazgo del pecio del “Valbanera”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Cuando el periódico habanero Diario de la Marina recogió en sus páginas las primeras noticias del supuesto contacto telegráfico con el Valbanera, una multitud se congregó frente al edificio del periódico y el rumor se extendió por la capital cubana como la pólvora, dirigiéndose otros muchos interesados a la sede de la Capitanía del Puerto y de la agencia consignataria, en el edificio de la Lonja de Comercio.

El vapor americano Walter D. Munson, después de zarpar de Matanzas, telegrafió que intentaría localizar al Valbanera cuando se encontrara en las proximidades de Cayo Sal, y en medio de un gran estado de ansiedad por tener noticias, desde Nueva York llegó una de última hora que decía que el “liner” español “se halla al parecer seguro y navegando por su propia máquina”.

La situación cobró un nuevo giro cuando algunos periódicos cubanos publicaron a grandes titulares que el Valbanera se encontraba a flote. La Correspondencia, de Cienfuegos, dice que el barco navegaba por sus propios medios en dirección a La Habana a dos nudos de velocidad, habiendo sido visto en alta mar por un vapor inglés “totalmente desmantelado”. La noticia la había captado el telegrafista del vapor americano Walter D. Munson de un barco inglés que decía lo había visto “sin la menor novedad a bordo, aunque sí navegando con algunas dificultades hacia el puerto de Matanzas, en donde debe entrar”.

Aunque desde la Estación Naval de Key West llegaban noticias de la supuesta comunicación telegráfica con el Valbanera, sin embargo desde la estación del Morro no se conseguía establecer contacto alguno. Centenares de personas, entre ellos los angustiados familiares, se desplazaron apresuradamente hasta el puerto de Matanzas con la esperanza de ver la llegada del trasatlántico español, desplazándose, asimismo, periodistas “dispuestos a hacer una sensacional información de las peripecias del Valbanera”. La Marina Nacional ordenó la inmediata salida del cañonero Yara para encontrarse con el trasatlántico español antes de su entrada en Matanzas. Sin embargo, todo había sido un espejismo y pronto cundió la decepción.

El vapor "Valbanera", en Santa Cruz de La Palma

En La Habana circularon rumores que decían que el Valbanera había logrado comunicarse por telegrafía con el trasatlántico español Infanta Isabel, que también se encontraba navegando rumbo al puerto habanero, a donde arribó con las carboneras vacías, “expresándole su situación, que carecía de carbón, que se hallaba desmantelado por completo, y que fuera a toda prisa a prestarle auxilio”. Se dijo entonces que el capitán del Infanta Isabel contestó que “nos es imposible acudir, que el carbón nos alcanzará muy escasamente para llegar a La Habana”. No obstante, la prensa habanera se resistió a creer esta versión y reclamó la presencia del capitán, “que es un marino de altísimas cualidades”, para que aclarase la terrible duda.

El 19 de septiembre llegó a La Habana por cable la confirmación de la tragedia. Un profundo sentimiento de tristeza y angustia se apoderó del pueblo cubano, mientras la noticia daba la vuelta al mundo transmitida por el telégrafo. Ese mismo día, en Cádiz, sede de la compañía, corrían rumores “con marcada insistencia” del naufragio del Valbanera, hasta que llegó la patética noticia: “No hay en una superficie restos, ni cadáveres”.  

Al día siguiente, Diario de la Marina resalta la tragedia en grandes titulares y confirma el hallazgo del trasatlántico, sin que se encontrara “ni el menor indicio” de los pasajeros ni tripulantes que iban a bordo. El barco había sido localizado “embarrancado, en un banco de arena movediza, bajo cuarenta pies de agua”. Respecto de los mensajes que se decía habían sido emitidos desde el barco, la crónica del periódico habanero termina diciendo que “en los círculos navieros se consideraba probable esta noche que alguno de los sobrevivientes del Valbanera, hubiesen enviado esos débiles mensajes utilizando un aparato improvisado sacado del barco”.

Ese mismo día, Diario de Las Palmas, en la sección “Ultima hora” y con el título ¿El vapor Valbanera, perdido?, ofrecía un estremecedor comunicado de la agencia Almodóvar, en los siguientes términos:

“De Cádiz comunican que allí circulan insistentes rumores de que el vapor Valbanera de la Compañía Pinillos naufragó en la travesía de Puerto Rico a La Habana. La ansiedad es muy grande por conocer noticias.

Se recuerda que el Valbanera no traía en este viaje ni al capitán ni al médico que llevaba cuando trajo en julio pasado los enfermos de gripe. Hacemos votos porque no se confirme la fatal noticia”.

Si la prensa de la España peninsular dedicó extraordinaria atención a la tragedia, en el Archipiélago Canario se convirtió en un suceso de excepción durante meses. Las noticias, tardías, además de breves y a veces contradictorias y, en consecuencia, desconcertantes, aumentaban la tristeza de quienes aguardaban con desesperación.

En la misma fecha, el periódico tinerfeño La Prensa publica el siguiente telegrama: 

“Dicen de Cádiz que circulan allí rumores de haber naufragado el vapor Valbanera en la travesía de Puerto Rico a La Habana. Espéranse con ansiedad noticias de lo ocurrido”.

El rumor se confirmó al día siguiente cuando desde Madrid llegaron nuevos telegramas en los que se decía que se desconocía el paradero del “liner” español y que con todo fundamento, se temía que hubiese sido sorprendido por un temporal en el Golfo de México.

Desde La Habana llegó la dolorosa confirmación de la triste noticia, cuando en la sede de la naviera en Cádiz, se recibió una comunicación del Gobierno cubano diciendo que habían regresado los cañoneros Cuba y Patria, los cuales, en unión de unidades americanas habían realizado sin resultado alguno un amplio reconocimiento en la zona comprendida entre las islas de Tortuga y los cayos de Lahama.

Entonces comenzó a tomar fuerza el presentimiento de una tragedia. El periódico La Prensa advertía que sólo de Tenerife había a bordo unos doscientos emigrantes, mientras que otros trescientos procedían de las restantes islas del Archipiélago. Y terminaba su crónica con palabras de esperanza para los angustiados familiares:

 “Hacemos fervientes votos porque noticias tan adversas no se confirmen y renazca la tranquilidad en los hogares, hoy consternados ante el temor de una inmensa y terrible desgracia para todos”.

El 22 de septiembre, un telegrama recibido en Tenerife procedente de La Habana desmentía la desaparición del Valbanera. Pero antes de cerrar la edición, el periódico tinerfeño La Prensa decía que desde Londres, el Lloyd’s confirmaba la pérdida del barco y que a unas 30 millas de Cayo Hueso un grupo de buzos había localizado al Valbanera. Y añadía lacónicamente: “No hay vestigio de sus 400 pasajeros”.

Entrada al puerto de la ciudad de La Habana

Diario de Las Palmas, ese mismo día, facilita nuevos datos:

“Desgraciadamente es un hecho ya confirmado el naufragio del vapor español Valbanera, de la Compañía de Pinillos. En nuestro número del sábado último publicábamos un despacho de la agencia Almodóvar en el que se nos expresaba que desde Cádiz telegrafiaban que dicho buque había naufragado en la travesía de Puerto Rico a La Habana.

La noticia se daba como rumor. Más tarde, otros despachos añadían que el buque llegó a Santiago de Cuba, donde hizo operaciones, que desde allí zarpó para La Habana y que el naufragio ocurrió entre Santiago y la capital de Cuba.

“Ignoramos aún el número de personas desembarcadas en Santiago de Cuba y la cifra de los ahogados, que, por desgracia, debe ser muy grave, la mayoría hijos de Canarias. Como adelantábamos en nuestra edición del sábado, el Valbanera llegó a Las Palmas procedente de Cádiz el 18 de agosto y ese mismo día zarpó para Santa Cruz de Tenerife, La Palma, Puerto Rico y Cuba”.

 “Seguramente en Santa Cruz de Tenerife y en La Palma hubo de tomar más de 300 pasajeros. De modo que puede afirmarse que de Canarias llevaba unos seiscientos, aproximadamente. De los embarcados en Las Palmas, 79 tomaron pasaje para Santiago de Cuba y 172 para La Habana. Entre estos últimos se encontraba la joven señora doña Paula Zumalave con cuatro pequeños hijos, que iba a reunirse en La Habana con su esposo, don Rafael Pérez Hernández”.

“De los pasajeros embarcados en nuestro puerto, 50 eran naturales de Lanzarote. Aquí quedaron en tierra unos 100 pasajeros y cerca de 200 entre Tenerife y La Palma, porque la Compañía, al salir el Valbanera de Cádiz telegrafió limitando el número que había de admitirse. De modo que, de haber embarcado esos 300 más, la catástrofe hubiera sido mucho mayor. Se nos informa que algunos de los pasajeros que aquí se despacharon para La Habana desembarcarían en Santiago de Cuba por haber solicitado a última hora etiquetas para baúles con la última dirección”.

“Escrito lo anterior, damos cuenta seguidamente de que el consignatario en Las Palmas de la Compañía de Pinillos ha recibido el siguiente telegrama: “Bordes (urgente). Cádiz 22. Valbanera naufragó entre Santiago de Cuba y Habana. Pinillos”.

España entera se conmovió y en el Archipiélago Canario surgió de inmediato la patética duda: ¿Cuántos pasajeros desembarcaron en Santiago de Cuba y cuántos continuaron viaje?

Aún quedaba esperanza entre los familiares, pues todo estaba supeditado a la escala del Valbanera en Santiago de Cuba. Entre tanto, en Canarias, ante la gravedad del suceso, el clero celebró suntuosos funerales en sufragio de las almas de las víctimas del trasatlántico español y se organizaron funciones benéficas y una suscripción popular que, apenas apuntada la idea, la encabezó Mr. Stiles, cónsul de EE.UU. en Santa Cruz de Tenerife.

En la capital de Canarias, asimismo, la sociedad deportiva Tenerife Sporting Club organizó un partido de balompié con el equipo de la sociedad lagunera Hespérides Sporting Club, destinándose la recaudación a beneficio de las familias de las víctimas del Valbanera. Los exploradores organizaron una rondalla que recorrió las calles de Santa Cruz y La Laguna y la empresa de espectáculos Atracción preparó una función caritativa con los mismos fines.

Localización en carta náutica del pecio del "Valbanera"

Encuentro del Valbanera

El 19 de septiembre, dos buques de la Marina de Guerra de EE.UU., el guardacostas USS Tuscarosa  y el cazasubmarinos USS C 203 divisaron a unas cinco millas al Este del bajo de Rebecca el palo trinquete de un barco y dos pescantes de botes salvavidas, que sobresalían del agua en su límite occidental.

En el diario de navegación del segundo buque citado, que se conserva en el U.S. National Archives, puede leerse la siguiente anotación:

“19 de septiembre. Nos topamos con un naufragio. Buceamos hacia lo que parece la proa y el buque resulta ser el desaparecido vapor español de pasajeros Valbanera“.

La noticia, de inmediato, recorrió las líneas del telégrafo. En el Lloyd’s del día 20 puede leerse el siguiente párrafo:

 “Key West. 20 de septiembre. Buceadores han encontrado el casco de un buque que se cree es el vapor español Valbanera que había desaparecido durante el huracán del Golfo de hace diez días. Los buzos han informado que el nombre Valbanera es perfectamente visible. No hay rastro de los 300 pasajeros. Nada se ha sabido del Valbanera desde que apareció frente el Castillo del Morro en La Habana el 9 de septiembre y puso rumbo a alta mar para capear el temporal. El suboficial Roberts de la U.S. Navy  vio perfectamente el nombre Valbanera en el casco de un buque que yace en el Bajo de Rebecca. El suboficial Roberts no vio cadáveres”.

Este oficial estuvo a punto de morir ahogado cuando bajó a identificar el naufragio, pues descendió con un único cable conectado a la bomba de aire de su escafandra y las olas arrojaron el bote en el que se encontraba la bomba contra el casco del barco hundido, cortándole el suministro. Roberts se quitó la escafandra y subió rápidamente a la superficie, declarando que “no había ninguna duda” de la identidad del naufragio.

El guardacostas USS Tuscarosa y el cazasubmarinos USS C 203 regresaron de nuevo al escenario del naufragio el día 21, llevando a bordo al contralmirante Decker, uno de los jefes de la estación de la U.S. Navy de Key West.

En el diario de navegación se hizo el siguiente asiento:

“Llegamos a Half Moon Shoalds a las 5’00. Arriamos un bote para que el contralmirante Decker pueda inspeccionar los restos del Valbanera”.

Ese mismo día, después de la inspección de los restos, se hizo un informe cuyo resumen fue telegrafiado por el comandante del VII Distrito Naval al Departamento de Marina en Washington.

El informe dice:

“El pecio en el bajo de la Media Luna situado a 6,4 millas al 94º verdadero del bajo de Rebecca ha sido identificado en este día sin ningún género de dudas como el vapor español Valbanera de la compañía Pinillos.- El casco está bajo el agua con el extremo de babor de la cubierta de botes sobre la superficie del agua.- Los pescantes indican que no se hizo ningún esfuerzo para arriar los botes salvavidas.- El pecio está orientado hacia el Oeste a una profundidad de tres o cuatro brazas.- Excepto una cabeza no han sido vistos restos humanos o restos flotando del naufragio durante los días que los cazasubmarinos han pasado cerca de la zona.- Los registros de radio indican que a las 11,15 PM del día 12 el Valbanera telegrafió y preguntó si había algo para él.- Nuestra estación fue incapaz de captar sus señales diez minutos después.- No hubo respuesta.- El comandante de un cazasubmarinos ha declarado que vio el naufragio aproximadamente a las 23 PM del mismo día.- Parece probable que el buque naufragase durante el huracán de la noche del nueve al diez por lo que los registros de radio son contradictorios y todo rastro del buque desapareció antes del día 12”.

(continuará)

 Bibliografía

– Díaz Lorenzo, Juan Carlos. La Palma, escala en la ruta de América. Madrid (2001).

– García Echegoyen, Fernando. El misterio del Valbanera. Madrid (1997).

– López Isla, Mario Luis y Vázquez Seara, Esther Lidia. Valbanera. El Titanic de la emigración canaria (en la prensa de la época). Santa Cruz de Tenerife (2000).

Fotos: Francisco Noguerol Cajén (acuarela del Valbanera en Santa Cruz de La Palma, propiedad de Juan Carlos Díaz Lorenzo) y archivos de Fernando García Echegoyen y Juan Carlos Díaz Lorenzo



El último viaje del trasatlántico español “Valbanera”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 24 de junio de 1919, onomástica de San Juan, el periódico tinerfeño La Prensa publica en su segunda página el siguiente anuncio:

“El moderno y rápido vapor de dos hélices y ocho mil toneladas Valbanera, pasará por este puerto con destino a los de Santiago de Cuba y Habana en la primera quincena de julio próximo, admitiendo pasajeros y carga, debiendo dirigirse las solicitudes de hueco con la oportunidad debida, al agente de la Compañía en esta plaza”.

El 10 de agosto, y después de varios aplazamientos sobre la fecha prevista para su salida, el vapor Valbanera zarpó de Barcelona. Dos días antes de emprender el viaje, la inspección de inmigración había hecho un minucioso reconocimiento de los medios de salvamento del buque, que consistían en doce botes salvavidas grandes más otros dos botes auxiliares, con capacidad para 494 personas; cuatro balsas para 112 personas y otras cuatro balsas para 200 personas, así como 1.040 chalecos y 26 salvavidas anulares.

Los reclamos publicitarios resaltan el “servicio inmejorable” y los precios “altamente económicos” que ofrecía el “liner” de Pinillos Izquierdo y Cía.

Al día siguiente el buque hizo escala en Valencia y al amanecer del día 13 entró en Málaga, donde embarcó un cargamento de aceitunas, frutos secos y vino. Al atardecer de ese mismo día continuó viaje a Cádiz y el día 17 arribó a Las Palmas.

En la noche del 18 fondeó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife con 824 pasajeros en tránsito. Desde el día 13 hasta el 16, inclusive, se despacharon en la capital tinerfeña los billetes para los viajeros que habían comprometido su espacio a bordo con anticipación. En aguas de la bahía tinerfeña repostó carbón, agua y víveres frescos, siendo despachado por el consignatario Antonio Cabrera de las Casas en viaje a Santa Cruz de La Palma, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, La Habana, Galveston y Nueva Orleáns y, de nuevo en la mar, en medio del Océano Atlántico, hasta el 20 de septiembre siguiente no volvió a escribirse su nombre en la prensa española.

Santa Cruz de La Palma, a comienzos del siglo XX

A mediados de septiembre, el periódico habanero Diario de la Marina inserta en sus páginas un anuncio de los agentes de Pinillos en la capital cubana, Santa María & Cía, en el que informa de la próxima salida del Valbanera en viaje de vuelta a España, “admitiendo pasajeros y correspondencia pública”, prevista para el día 25 del citado mes, con escalas en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas, Cádiz y Barcelona. Este sería el último anuncio comercial del citado vapor de Pinillos en la prensa habanera.

Cuando el Valbanera hizo escala en Las Palmas llevaba a bordo 573 pasajeros. Allí embarcaron otros 251, de los cuales 169 se dirigían a La Habana y los 82 restantes a Santiago de Cuba. En Santa Cruz de Tenerife lo hicieron 212 y en Santa Cruz de La Palma otros 106. Cuenta la leyenda que en la maniobra de reviro en el puerto palmero perdió una de sus anclas, algo que los marineros supersticiosos consideran un negro presagio. Sumando una tripulación de 88 hombres, el trasatlántico llevaba a bordo 1.230 personas, “exceptuando a los polizones y a los que embarcaron por alto” cuando llegó a San Juan de Puerto Rico para descargar cebollas de Lanzarote. El 28 de agosto se cruzó con el “liner” español Montserrat, de Trasatlántica, con el que intercambió un telegrama de saludo.

La mayor parte del  pasaje había pagado el billete hasta La Habana, pero unas horas  antes de llegar a Santiago de Cuba, a bordo pasaron lista para conocer cuántas personas con destino a la capital habanera querían desembarcar en la próxima escala. En total fueron 742 pasajeros los que se bajaron en el puerto oriental cubano y esa decisión, para los que tenían inicialmente previsto llegar en el barco a la capital cubana, salvó milagrosamente sus vidas.

Las razones de este desembarco masivo aún continúan envueltas en el misterio. Hubo quienes comentaron que durante la escala en San Juan se corrió el rumor de que se estaba formando un ciclón en el Golfo de México, mientras que para otros se trató de una simple coincidencia. Sí parece, por testimonios recogidos en la prensa cubana de la época, que el Valbanera había hecho la travesía desde Santa Cruz de La Palma hasta San Juan de Puerto Rico y Santiago de Cuba bastante escorado a la banda de estribor. 

El 5 de septiembre zarpó el Valbanera del puerto santiagués rumbo a La Habana con 488 personas a bordo. ¿Conocía el capitán la formación del ciclón en el Golfo?. Es probable que no. El temporal azotó la costa norte de Cuba durante la noche del 9 al 10 de septiembre, es decir, cuatro días después de que el Valbanera hubiera salido del puerto de Santiago. Parece poco probable, asimismo, que el capitán tuviera alguna información en ese sentido de las autoridades portuarias cubanas. De haberlo sabido, resulta lógico pensar que hubiera preferido permanecer en puerto. 

Las primeras noticias

El 12 de septiembre, Diario de la Marina recoge la primera noticia referida a la pérdida del Valbanera. Relata la arribada, después de cuatro días de interrupción del servicio, del vapor norteamericano Miami, cuyos tripulantes “cuentan verdaderas calamidades” de la situación en Key West, donde el jefe militar proclamó la ley marcial para evitar robos y pillajes “y otros atropellos que se cometen en tales casos”.

“Aseguran los emocionados tripulantes, y así lo afirman los pasajeros del Miami, que también la sufrieron, que en Key West la población pasó hambre. Parece también realmente increíble, que a pesar de haber causado el meteoro grandes estragos en la población, no haya habido pérdidas de vidas”.

Al día siguiente se produjo un atisbo de esperanza, cuando el periódico Diario de la Marina publicó una noticia tranquilizadora, recibida el día antes, donde dice que en la Estación Naval de Cayo Hueso “hemos oído vapor español Valbanera procurando comunicarse con radio con Habana hoy”. Decía, además, que el “liner” había informado al trasatlántico americano Morro Castle sobre su posición –había salido dos días antes de La Habana en viaje a Nueva York- y que seguía rumbo a Cuba. Ese mismo día, el periódico El Fénix, de Sancti Spiritus, comarca de la región central de gran influencia isleña, dice que, aunque no ha sido posible confirmarlo, algunas noticias apuntan a que “se encuentra varado en los bajos de San Agustín, frente a la Florida, no habiendo sufrido la menor novedad el pasaje que trae a bordo. Se asegura que el Valbanera ha sufrido interrupción en sus aparatos de la telegrafía sin hilos”.

Estampa marinera del trasatlántico español "Valbanera"

Ante la falta de noticias y los intentos vanos de comunicarse con el barco y los telegramas enviados a la base naval de Cayo Hueso, los consignatarios de Pinillos en La Habana pidieron la ayuda de la Marina de Guerra Nacional, que destacó al patrullero Yara, uno de sus barcos más modernos y potentes, para iniciar la búsqueda del Valbanera, ya que  “en caso de estar varado puede hacer mucho en su favor dado la fuerza de máquina de que dispone”.

El trasatlántico español Infanta Isabel, que se encontraba en La Habana, recibió autorización de las autoridades de Marina para que utilizara la telegrafía con la finalidad de que intentara comunicarse con el Valbanera, así como el vapor español P. Claris, que también se encontraba surto en el puerto habanero. Al mismo tiempo, el capitán del puerto, capitán de fragata Alberto Carricarte, ordenó la emisión de un telegrama “rogando a todos los barcos” que se encontraran en la zona que intentasen comunicarse con el Valbanera.

Cañonero "10 de Octubre", gemelo del "24 de Febrero"

Además del Yara, el Gobierno de Cuba ordenó la salida de los patrulleros 10 de Octubre y 24 de Febrero, con instrucciones expresas de realizar un extenso recorrido por los bancos de Bahamas y la costa de Florida con la finalidad de localizar al trasatlántico español. Al mismo tiempo, el almirante de la Escuadra de EE.UU. en las Antillas, ordenó la salida de varios cañoneros y cazasubmarinos con el mismo cometido.

Por entonces, pese al pesimismo de los familiares, las autoridades de Marina mantenían todavía la esperanza de encontrar al Valbanera, “dadas sus buenas condiciones de construcción, haya podido resistir los embates de las olas y la furia del huracán”. Se especulaba con que el “liner” español hubiera podido quedarse al garete por avería en la máquina o falta de carbón, pues no había repuesto carboneras en Santiago de Cuba, y que hubiera embarrancado en los bancos de Bahamas, “donde los mares, por ser mares de senda, para barcos de alto porte no resultan peligrosos”.

Volvieron, entonces, a surgir las noticias que hablaban de comunicación con el Valbanera, procedentes de Cayo Hueso, donde se decía se habían captado señales aunque sin fijar la posición. “Aparentemente el Valbanera puede comunicar lejos con su estación auxiliar pequeña. La estación principal parece que se le ha ido”, según reza el informe de la Estación Radiotelegráfica de La Habana.

Cuando Diario de la Marina recogió las primeras noticias del supuesto contacto telegráfico con el buque, una multitud se congregó frente al edificio del periódico y el rumor se extendió por la ciudad como la pólvora, dirigiéndose otros muchos a la sede de la Capitanía del Puerto.

Vapor norteamericano "Walter D. Munson"

El vapor norteamericano Walter D. Munson, después de zarpar de Matanzas, telegrafió que intentaría localizar al Valbanera cuando se encontrara en las proximidades de Cayo Sal, y en medio de un gran estado de ansiedad por tener noticias, desde Nueva York llegó una de última hora que decía que el “liner” español “se haya al parecer seguro y navegando por su propia máquina”.

La situación cobró un nuevo giro cuando algunos periódicos cubanos publicaron a grandes titulares que el Valbanera se encontraba a flote. La Correspondencia, de Cienfuegos, dice que el barco navegaba por sus propios medios en dirección a La Habana a dos nudos de velocidad, habiendo sido visto en alta mar por un vapor inglés “totalmente desmantelado”. La noticia la había captado el telegrafista del vapor americano Walter D. Munson de un barco inglés que decía lo había visto “sin la menor novedad a bordo, aunque sí navegando con algunas dificultades hacia el puerto de Matanzas, en donde debe entrar”.

Aunque desde la Estación Naval de Key West llegaban noticias de la supuesta comunicación telegráfica con el Valbanera, sin embargo desde la estación del Morro no se conseguía establecer contacto alguno. Centenares de personas, entre ellos los angustiados familiares, se desplazaron apresuradamente hasta el puerto de Matanzas con la esperanza de ver la llegada del trasatlántico español, desplazándose, asimismo, periodistas “dispuestos a hacer una sensacional información de las peripecias del Valbanera”. La Marina Nacional ordenó la inmediata salida del cañonero Yara para encontrarse con el trasatlántico español antes de su entrada en Matanzas. Sin embargo, todo había sido un espejismo y pronto cundió la decepción.

Cañonero "Yara"

En La Habana circularon rumores que decían que el Valbanera había logrado comunicarse por telegrafía con el Infanta Isabel, que también se encontraba navegando rumbo al puerto habanero, a donde arribó con las carboneras vacías, “expresándole su situación, que carecía de carbón, que se hallaba desmantelado por completo, y que fuera a toda prisa a prestarle auxilio”. Se dijo entonces que el capitán del Infanta Isabel contestó que “nos es imposible acudir, que el carbón nos alcanzará muy escasamente para llegar a La Habana”. No obstante, la prensa habanera se resistió a creer esta versión y reclamó la presencia del capitán, “que es un marino de altísimas cualidades”, para que aclarase la terrible duda.

El 19 de septiembre llegó a La Habana por cable la confirmación de la tragedia. Un profundo sentimiento de tristeza y angustia se apoderó del pueblo cubano, mientras la noticia daba la vuelta al mundo transmitida por el telégrafo. Ese mismo día, en Cádiz, sede de la compañía, corrían rumores “con marcada insistencia” del naufragio del Valbanera, hasta que llegó la patética noticia: “No hay en una superficie restos, ni cadáveres”.  

 Al día siguiente, Diario de la Marina resalta la tragedia en grandes titulares y confirma el hallazgo del trasatlántico, sin que se encontrara “ni el menor indicio” de los pasajeros ni tripulantes que iban a bordo. El barco había sido localizado “embarrancado, en un banco de arena movediza, bajo cuarenta pies de agua”. Respecto de los mensajes que se decía habían sido emitidos desde el barco, la crónica del periódico habanero termina diciendo que “en los círculos navieros se consideraba probable esta noche que alguno de los sobrevivientes del Valbanera, hubiesen enviado esos débiles mensajes utilizando un aparato improvisado sacado del barco”.

Ese mismo día, Diario de Las Palmas, en la sección “Ultima hora” y con el título ¿El vapor Valbanera, perdido?, ofrecía un estremecedor comunicado de la agencia Almodóvar, en los siguientes términos:

“De Cádiz comunican que allí circulan insistentes rumores de que el vapor Valbanera de la Compañía Pinillos naufragó en la travesía de Puerto Rico a La Habana. La ansiedad es muy grande por conocer noticias. Se recuerda que el Valbanera no traía en este viaje ni al capitán ni al médico que llevaba cuando trajo en julio pasado los enfermos de gripe. Hacemos votos porque no se confirme la fatal noticia”.

(continuará)

Bibliografía

– Díaz Lorenzo, Juan Carlos. La Palma, escala en la ruta de América. Madrid (2001).

– García Echegoyen, Fernando. El misterio del Valbanera. Madrid (1997).

– López Isla, Mario Luis y Vázquez Seara, Esther Lidia. Valbanera. El Titanic de la emigración canaria (en la prensa de la época). Santa Cruz de Tenerife (2000).

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo, U.S. Naval Historical Center e Histarmar (Argentina)



Crónica de naufragios vinculados con La Palma

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los naufragios forman parte de la historia marinera de La Palma desde tiempos inmemoriales, como sucede en cualquier otra tierra vinculada con la mar. Los cronistas de los siglos XVII y XVIII dejaron escritos los relatos de una serie de sucesos que han llegado hasta nuestros días gracias a la compilación del célebre cronista palmero Juan B. Lorenzo, autor de “Noticias generales para la Historia de La Palma“.

En lo que se refiere al siglo XVII, se cita que el 10 de febrero del año 1660 se encontraba en el puerto de Santa Cruz de La Palma, cargando pipas de vino, un buque inglés llamado Ángel de Londres, al mando del capitán Jarvis Michel. El barco era propiedad de Michael Spicer y Robert Swecetinge, dos mercaderes ingleses residentes en la Isla.

A tenor de la descripción, parece claro que se levantó un tiempo “caldereto” “tan poco frecuente en esta rada”, que hizo que éste y otros buques que estaban fondeados fueran a estrellarse contra las piedras. Sus dueños, que no pudieron encontrar aquí barco alguno “que se le fletase, ni vendiese” para realizar el viaje con el citado cargamento, se desplazaron a Tenerife y allí compraron otro buque de su misma bandera y 200 toneladas de porte, en el precio de 5.200 pesos “y con más de 100 pesos de regalo al capitán para que comprase una capa”.

En la madrugada del 2 de enero de 1649 se levantó un viento solano acompañado de mar gruesa, de tal manera, que hizo encallar en la playa de Bajamar, a cinco barcos grandes, cinco barcas de pesca y una urca holandesa que estaba cargada de cajas de azúcar, cueros, palo campeche y otras mercaderías, todo por cuenta del capitán Luis de Tucar, aunque parte del cargamento se pudo recuperar.

El 24 de diciembre del citado año encalló en la desembocadura del barranco de Santa Catalina, un navío perteneciente al maestre de campo Juan de Sotomayor, cargado de vino y otras mercancías preparado para hacer viaje a las Indias. Sólo se recuperaron unos fardos de ropa que llevaba.

Del siglo XVIII queda constancia de cuatro siniestros. El 24 de agosto de 1714 salió de La Habana despachado para Santa Cruz de La Palma el velero de esta matrícula llamado Ratonero, al mando del capitán Salvador Ferrera y del que nunca más se supo.

En el año de gracia de 1726 zarpó de La Palma para Cuba un buque, cuyo nombre se ignora, al mando del capitán Romero y con tres tripulantes de esta ciudad, del que tampoco se conoció su final.

En 1729, cuando emprendía viaje a La Habana el buque Pintado, perteneciente a la matrícula naval de Santa Cruz de La Palma, naufragó en la costa de la isla, suceso en el que perdieron la vida casi todos sus tripulantes.

Y en 1733 zarpó de esta isla para Campeche un buque de la matrícula palmera al mando del capitán Pedro Toledo. Después de dos años sin noticias de su arribo a puerto alguno, se le consideró desaparecido.

En el siglo XIX figura la relación de cinco naufragios. En la noche del 31 de enero de 1832, la fragata inglesa Eclipse, al mando del capitán Davis, en viaje de Londres al Cabo de Buena Esperanza con un cargamento de objetos y efectos de valor, encalló en la costa de Garafía, en el lugar conocido como Fajana Grande, a causa de la espesa niebla que le impidió ver tierra. A pesar de los arrecifes y escarpes que existen en aquella costa, sólo pereció una persona, por haberse arrojado al agua precipitadamente.

El vapor "General Álava", incendiado en Santa Cruz de La Palma

El 11 de noviembre de 1863 arribó al puerto palmero el transporte de guerra español General Álava, con fuego en una de las carboneras. Como el incendio no remitía, el comandante Pita da Veiga, después de escuchar a la junta de oficiales y maquinistas, en la madrugada del día siguiente decidió el desembarco de las tropas que iban a bordo y la varada del buque en la playa de Bajamar, para intentar su rescate. Pero se levantó mal tiempo y la popa quedó anegada por el agua. El día 13, el aspecto que ofrecía el barco era desolador: la fuerza de la marejada había partido el buque en dos y su aparejo, velamen y chimenea, eran un amasijo de hierros, cabos y palos.

El 8 de marzo de 1895, la balandra María Luisa, al mando del capitán Luciano Rodríguez Silva, vecino de la capital palmera, y con un cargamento de sal, salió de Cádiz en dirección a Santa Cruz de La Palma. A los pocos días de viaje se vieron sorprendidos por un fuerte temporal, viéndose obligados a abandonar el barco y desembarcaron en las costas de Larache, sin que se lamentara pérdida de vida alguna.

La goleta inglesa de tres palos Barbadian naufragó en las proximidades de la playa de Los Lázaros, en la costa de Fuencaliente, en noviembre de 1898. A bordo llevaba un cargamento de sal, que había cargado en Trápani (Italia) y se dirigía a Gloucester, en EE.UU.

Maqueta de "La Verdad", velero emblemático de La Palma

El 29 de noviembre de 1898, el histórico velero La Verdad, cargado de cajas y garrafones de aguardiente y bajo el mando del capitán Miguel Sosvilla, zarpó de La Habana con destino a Santa Cruz de La Palma. El día 12 de enero siguiente, a plena luz del día y cuando navegaba en la derrota de las Bermudas, el buque tocó fondo y quedó varado sobre un bajo. La tripulación pudo alcanzar tierra sin novedad, pero el barco se perdió por completo.

En el siglo XX, la tragedia más importante fue la grave pérdida del vapor español Valbanera, naufragado en septiembre de 1919 en las costas de Florida (EE.UU.), cuando se dirigía en viaje de Santiago de Cuba a La Habana con 488 pasajeros y tripulantes a bordo. No hubo supervivientes. El último puerto español en el que había hecho escala fue en Santa Cruz de La Palma, a mediados del mes de agosto anterior.

La tragedia del "Valbanera" sigue presente 90 años después

Al atardecer del 27 de enero de 1932 se produjo el incendio y posterior naufragio, envuelto en llamas, en aguas de Tazacorte, del vapor Santa Úrsula, propiedad de la Compañía Marítima Canaria, vinculada al naviero tinerfeño Álvaro Rodríguez López. El buque había cargado 1.800 huacales de plátanos y 60 sacos de almendras y se dirigía a Santa Cruz de Tenerife, para realizar el trasbordo.

Poco después de la maniobra de salida, la tripulación se percató de que salía humo por el ventilador de la bodega de proa y arrojaron al agua unos 300 huacales para intentar abrir la tapa de la escotilla, pero resultó imposible ante la virulencia del incendio.

El patrón del Santa Úrsula, Faustino Díaz, ordenó el abandono del buque por temor a una explosión y arriaron el bote salvavidas. Poco después apareció en el escenario de los hechos el vapor Colón, cuya tripulación intentó darle un remolque, pero tampoco fue posible y al final fueron recogidos por éste y desembarcados en Santa Cruz de La Palma, donde se dio cuenta del incidente a la Ayudantía Militar de Marina. Al día siguiente se trasladó a Tazacorte el ayudante, señor Garrote, con el personal a sus órdenes para emitir el informe correspondiente. El buque estaba asegurado, pero no así la carga que transportaba.

En la noche del 6 de febrero de 1951, el motovelero Maruja, propiedad del armador saucero Manuel Rodríguez Conde, navegaba de El Hierro a Las Palmas con un cargamento de leña para los servicios de Intendencia del Ejército. La tripulación detectó una vía de agua y en el intento por salvarlo, trató de vararlo en la playa de Las Galletas, con tal mala suerte que tocó en una baja y dañó el pantoque. Allí mismo se desguazó, unos meses después.

Este motovelero, de construcción francesa, había sido un vivero dedicado a la pesca de la langosta en la vecina costa africana. Era de doble casco y durante la etapa en que fue propiedad de Rodríguez Conde, realizó numerosos viajes con carbón, leña, trigo y maíz. También hizo de aljibe, llevando agua en tanques cerrados a la costa de La Güera.

Sebastián Medina, uno de sus tripulantes, relató a este cronista que en los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, la escasez de combustible obligaba a realizar los viajes a vela y en uno de ellos, entre Santa Cruz de La Palma y Arrecife de Lanzarote, con carga de carbón, tardó 14 días, cuando las provisiones que habían embarcado sólo eran para tres. Ya los daban por perdidos, cuando la Maruja apareció finalmente en su destino.

La balandra Breñusca, propiedad del armador palmero Armando Yanes Carrillo, naufragó en las proximidades de la costa de Las Galletas, en el Sur de Tenerife, el 14 de enero de 1953. El suceso, en adversas condiciones meteorológicas, se produjo de madrugada y en el mismo perdieron la vida seis hombres: Manuel Febles Arteaga, Cándido Delgado Oramas, Fernando Arteaga Reyes, Manuel Febles, Tomás Febles Arteaga y José Simancas Chinea. Tres de ellos intentaron ganar a nado la playa de El Banco, siendo su presencia fue advertida por un vecino de la costa, Francisco González Hernández, que se lanzó al agua para auxiliarles pero una ola gigantesca se lo impidió, desapareciendo los demás en pocos minutos y siendo arrojado éste a la playa.

El motovelero Guadarrama atendía un servicio regular entre Canarias, la vecina costa del Sahara y la Península. También hizo algunos viajes al Peñón de Gibraltar y a los puertos del Norte de África. El 20 de agosto de 1955 la prensa local informó de la pérdida del buque, propiedad del armador palmero Filiberto Lorenzo de Honor y varios socios más.

El propio Filiberto viajaba a bordo del Guadarrama en el que sería su último viaje. “A los tres días de viaje desde Las Palmas, rumbo a Tánger -relató a este cronista-, el patrón llamó a mi camarote, a las siete de la mañana, para decirme que el barco tenía una vía de agua y que las bombas de achique no daban avío. Dos horas más tarde se ordenó el abandono y arriamos un bote, al que pasó toda la tripulación. No tuvimos tiempo de coger víveres y el patrón me decía que no nos pusiéramos nerviosos, que avistaríamos tierra, bien fuera en la costa de África o en Canarias”.

Los tripulantes del Guadarrama estuvieron cinco días sin probar bocado ni beber agua y finalmente pudieron alcanzar Playa Blanca, en Lanzarote. El patrón, Esteban Medina Jiménez, dijo que él sabía que allí había una venta y a pesar de que eran las cuatro de la mañana, llamaron a la puerta. Una mujer les abrió y cuando éstos contaron su odisea, la señora no les dio crédito pues pensaba que estaban todos muertos.

El dueño de la tienda, pese a los intentos de los náufragos de que esa misma noche les llevara a Arrecife, no atendió sus peticiones y al día siguiente subieron a un camión “mixto” y después de numerosas paradas, llegaron a mediodía a la capital lanzaroteña y pusieron el hecho en conocimiento del ayudante de Marina.

En enero de 1963, a dos millas del puerto de Santa Cruz de La Palma se produjo una explosión a bordo del motovelero Nueva Guinea, propiedad de Luis Martín, siniestro en el que desapareció un tripulante y otro resultó con graves quemaduras. La embarcación se hundió en pocos minutos y la deflagración fue oída en toda la capital. Varias embarcaciones se aprestaron en ayuda de los supervivientes.

En la madrugada del 14 de septiembre de 1964 se hundió frente a Punta Ganado, en Breña Baja, el motopesquero Virgen de Aránzazu. Una vía de agua, pese a los intentos de la tripulación, motivó el naufragio de esta embarcación, valorada en dos millones de pesetas. La tripulación no sufrió daño y su arrendatario, entonces, era Sebastián Díaz Martín.

El barco de cabotaje "Airoso", varado en Santa Cruz de La Palma

En la madrugada del 6 de mayo de 1969 se produjo la pérdida del pequeño carguero de cabotaje Airoso, propiedad del armador palmero Filiberto Lorenzo de Honor, que se hundió a unas 20 millas de Puerto del Rosario. La primera llamada de socorro la recibió la costera de Las Palmas a las 23 horas del día anterior, en la que el patrón del Airoso daba su posición y decía que navegaba a toda máquina hacia la costa con una grave vía de agua, para tratar de embarrancarlo.

Puestas en contacto las costeras de Las Palmas y Tenerife, lanzaron las llamadas de socorro a los buques que más cerca estuvieran del lugar citado por el Airoso. Decía el patrón del barco siniestrado que preparaba el bote salvavidas cuando estimaba encontrarse a unas quince millas del litoral de Fuerteventura.

El capitán de la motonave Ciudad de Huesca contestó a las llamadas de las costeras y dijo que se dirigía al encuentro del Airoso, esperando llegar a su posición en seis horas. Al amanecer del día seis, el trasatlántico británico Chusan y el carguero español Sierra Lucena también captaron la llamada y comunicaron que acudían en socorro del Airoso.

A las ocho de la mañana, un avión de reconocimiento de la Base Aérea de Gando partió hacia la zona del siniestro. Una hora después, el patrón del motovelero Diana, de la flota del armador lanzaroteño Antonio Armas Curbelo, informó de que el Airoso se había hundido en el estrecho de La Bocaina, que separa las islas de Lanzarote y Fuerteventura y que sus siete tripulantes se dirigían a Puerto del Rosario después de haber sido recogidos por una lancha rápida que salió desde El Cotillo.

En la madrugada del 27 de septiembre de 1973, el carguero Condesito, propiedad de Filiberto Lorenzo de Honor, embarrancó entre el faro de Punta Rasca y Los Cristianos, en el Sur de Tenerife. El buque iba cargado de cemento y quedó materialmente empotrado en las rocas. La bodega se rasgó y el cemento formó un colosal bloque que motivó el abandono del buque, siendo allí mismo desguazado.

El grave accidente de otro de los barcos de Filiberto Lorenzo de Honor, llamado Astilleros Gondán II, marcó el final de su actividad naviera. El 8 de abril de 1975 se hundió cuando navegaba de Arrecife de Lanzarote a Puerto del Rosario, en las proximidades de la Isla de Lobos, en medio de un fuerte temporal, siniestro en el que perecieron nueve de sus 12 tripulantes.

Nos quedan por relatar otros acontecimientos marítimos importantes, entre ellos el hundimiento del carguero británico Pacific Star al Norte de La Palma, en los días azarosos de la Segunda Guerra Mundial; la tragedia de la falúa Quisisana, con elevado saldo de vidas humanas y el naufragio del motovelero Oleta, cargado de botellas de butano cuando navegaba en demanda de La Palma. La tragedia del Fausto, que consternó a La Palma y de la que en 2008 se cumplirán cuarenta años, ya la relatamos en estas páginas hace algún tiempo.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 11 de febrero de 2007

Fotos: Francisco Noguerol Cajén (dibujo del vapor “General Álava”) y archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo